miércoles, 23 de octubre de 2013

Capítulo 103


"Algunas personas se van sin haber dejado algo a cambio. El problema es que él lo había dejado absolutamente todo". 



La mañana siguiente ella despertó más temprano de lo usual.

Merodeaba por el pasillo de habitaciones, con un short gris de algodón y una blusa de tirantes, en dirección a la cocina. Una vez estando ahí husmeó en el refrigerador, en busca de algo que pudiera gustarle. Y uh, joder, no había nada que le llamara la atención. Tenía un loco antojo a pastel de chocolate con algo salado. Cerró el refrigerador y su espalda reposó sobre éste. Estando ahí unos segundos, con la mente en blanco, sus ojos pudieron divisar al hombre que dormía en los muebles de la sala.

Justin respiraba despacio. Su pecho desnudo, junto con la mitad de su brazo, subía y bajaba con tranquilidad. Su rostro era blando, su cabello perfecto y sus labios húmedos y semi-abiertos. Tenía puesto un pantalón de chándal de color negro que _________ no supo cómo apareció en sus piernas. Ella ladeó la cabeza, todavía mirándolo. ¿Era posible que ese hombre estuviera enamorado de ella? A veces lo podía creer y otras veces no. Tenía tantos defectos y a la vez tantas virtudes. Era perfecto e imperfecto en el mismo nivel, y aquello era lo que le hacía todavía más atractivo. Además del cambio que había logrado tener como persona, aunque de todas formas todavía conservaba un poco de ese Justin problemático y un tanto grosero. Ése Justin un tanto… ¿inmaduro? Y… de nuevo venía a __________ la misma duda que había embargada ayer en ella. ¿Estaba preparado para verla embarazada? Sí… él se lo había dicho muchas veces, pero aquel compromiso conllevaba más que solo palabras. Se trataba de un embarazo. Una persona más viviendo con ellos. Mucha más responsabilidad. ¿Él estaba preparado para todo eso?
____________ tragó saliva. Fue acercándose a él a pasos lentos, todavía reflexionando en su cabeza. ¿Podía culparlo? Él jamás había recibido cariño de parte de sus padres, probablemente ella había sido la primera en amarlo de verdad. Y de todas formas, con Elisabeth estaba haciendo un gran trabajo. Era un gran tipo con ella y ambos habían congeniado tan bien. Por Dios, ¿de qué se quejaba? Tal vez solo reinaba en ella la misma duda de siempre… ¿sería Justin capaz de amar a alguien más? ¿por qué lo creía imposible? Le había visto lograr tantas cosas y ahora… ¿dudaba de él de esa forma?

Justin se movió de un lado para otro en el sofá, helando la piel de ___________, que se encontraba de rodillas, muy cerca de él. Ahora mismo su mente ya no argumentaba nada en especial, solo se había dedicado a mirarlo. Justin era tan fuerte y tan débil a la vez. Anoche lo había demostrado de una forma que en parte, le había hecho temblar. Ella era su todo, como él era su complemento.

Sin decir una palabra más en su cabeza, se inclinó para besar a Justin en los labios. Éste tardó varios segundos en despertar y notar que ____________ lo besaba, y al hacerlo, apretó la nuca de ella con la mano derecha. Apretándola a él. Teniéndola para él como tanto le gustaba. Abrió un poco la boca, acomodándose entre la de ________. Y ésta soltó una risita tonta al notar que Justin ya había despertado. Y él también sonrió, pero sin perder el tiempo, su boca se abrió todavía más, logrando atrapar entre sus dientes el labio inferior de ___________. Mordiéndoselo.

- Mnh… - gimió ella, despacio. Se retorció en su sitio al sentir el típico cosquilleo que Justin provocaba en ella cuando la tocaba. – Basta… - logró gemir _______. – al separarse de él pudo notar que los ojos de Justin estaban abiertos, mirándola. Tragó saliva al reconocer el matiz de ellos. Lo conocía tan bien que podía deducir que estaba un tanto excitado.

- Buenos días. – canturreó él. Mirándole la boca. Sin descaro. Fijamente. Ardiendo muchísimo y pensando bastantes cosas fuera de lugar.

- Me has hecho sangrar. – mintió ________, cogiéndose el labio inferior con los dedos.

- ¿En serio? – preguntó un Justin alarmado. – Déjame ver. – le pidió, colocando su mano sobre la de __________ y quitándola de entre sus labios. Al dejarlo en bandeja, no dudó un segundo en volver a acercársele. Ella tembló en su sitio al sentir su mirada tan intensa sobre su boca… por Dios, ¿por qué estaba tan excitado? Y lo peor es que estaba contagiándole el mismo estado. Cuando Justin volvió a besarla en la boca, ella sintió detenidamente como sus braguitas se mojaban de poco en poco. La sensación la hizo moverse en su sitio y sin saber cómo, en un par de segundos se encontró enredada entre el cuerpo de Justin. Piernas y brazos. Boca. Lengua. Gemidos. Dios… todo era tan intenso. – N… o… no estás sangrando. – Justin tragó saliva, haciendo uno de los mayores esfuerzos de su vida a separarse de ella para poder hablarle. Los centímetros le torturaban. – Pero yo puedo hacerte sangrar, si eso quieres.

- Basta, no… - ___________ negó con la cabeza. Tenía el rostro ardiendo. Ardiendo en todo tipo de sensaciones y una de ellas, la más mordaz, era que quería desnudar a Justin en ese jodido momento. Su cuerpo ardía en llamas y podía deducir que se trataba por tener cada parte del cuerpo de Justin bajo el suyo, en pleno contacto.

- ¿Me has perdonado? – le susurró él, acariciando la piel de __________ por debajo de los shorts.

- No, solo quise venir a verte y me has besado.

- ¿Yo te besé? Eres tú quién apareció aquí.

- ¿Entonces no querías un beso?

- Quiero mucho más que eso.

Un silencio. ¡Maldita tortura! Su vientre ardía en deseo. Toda ella ardía en deseo puro y denso.

- No sabes lo mal que me pone no dormir contigo. – él volvió a tragar saliva. En su mirada, ella pudo notar el reflejo de lo afectado que de verdad eso le tenía. Y verlo afligido por no dormir con ella era… era malditamente tentador. - ¿tú no me extrañas?

- No mientras sigamos discutiendo.

- Estaba ebrio. – Justin escondió la mirada en el cuello de ________. – No tenía idea de lo que estaba haciendo, pero puedo recordar muy bien que no sucedió nada entre esa mujer y…

- Leí la nota Justin, no tienes que expli…

- Sí. Tengo que explicarte porque eres mi chica. Mereces una explicación de toda la maldita tontería que hice la otra noche.

- ¿Y piensas que es tan sencillo creerte?

- Estamos juntos ¿verdad? Necesitas confiar en mí.

Ella se quedó callada por unos segundos, bajando la mirada de la misma manera que Justin lo había hecho hace unos segundos. Al hacerlo pudo tener contacto con los labios carnosos de él. Esta tendría que ser una de las cosas más duras que le había tocado hacer jamás, hacerse la difícil con él cuando en verdad lo que quería era enredarse entre las sábanas con él.

- Yo confié en ti. – habló él. Claro y lo suficientemente fuerte como para que la piel de ___________ se helara. De inmediato ella levantó la mirada, con los ojos muy abiertos, él supo que aquel no había sido el mejor comentario que había podido hacer.

- No empieces, por favor.

- Solo quiero que esto funcione de verdad. – sugirió Justin, esta vez mucho más seguro de lo que decía. – Yo puedo creer en ti, ¿pero tú no en mí?
__________ guardó silencio.

- Pasó hace tanto tiempo, Justin.

- Solo respóndeme, necesito escuchar que confías en mí.

- Yo…

- Dímelo, por favor.

- Confío en ti. – ambos subieron la mirada. Ella se mordió el labio inferior, observando cómo Justin asentía con la cabeza, con una sensación de satisfacción en la mirada.

- Eso es, nena. – una sonrisa preciosa adornó los labios de Justin. Y ella no tardó en derretirse ante tal acto. No sabía qué tipo de poder utilizaba con ella, pero la tenía cautivaba en tan solo un par de palabras.

Los centímetros entre ambos desaparecieron mucho más rápido que antes. Y fue él quién apretó la nuca de _________ una vez más, besándole la boca con desesperación. Devorándola con dureza. Dejando entrar su lengua lentamente para luego invadir a ____________ completamente. Tanto, hasta hacerla gemir sobre él.

- Justin… - gimió ella, colocando sus manos sobre el pecho de su novio y separándolo un poco. Dio respiro al tenerlo lejos.


- Lo siento. – se disculpó él, al tanto de lo que acababa de hacer con ___________. Prácticamente la había dejado sin oxígeno. – Es lo que pasa cuando duermo sin ti. – admitió una vez más. A ___________ no tardaron en subírsele los colores, pero de una manera menos inocente que antes. Estaba ruborizada y no exactamente por estar avergonzada. Quería escuchar más… mucho más.

- ¿En serio? – ella alzó una ceja, mordiéndose ligeramente el labio inferior. Sabiendo exactamente lo que estaba a punto de causar, se inclinó y su nariz hizo contacto con la barbilla de Justin. Su respiración causó muchísimo más que solo un pequeño cosquilleo en toda la piel de él. Que se retorcía en su sitio, apretando fuerte el culo de ___________ con las manos. Y aquello se debía, a que también había una erección grande y dura entre sus pantalones, que deseaba hacerle sentir.

- Haremos que esto funcione, gatita. – le susurró él, después de juntar todas las fuerzas necesarias para poder vocalizar. __________ asintió, concentrada en su ardua faena. Pasó a estirar los labios y besar el cuello de Justin, y éste gimió grave y duro, en respuesta. – Dios… ___________.

- No eres el único al que le afecta dormir solo. – susurró ella contra su oído, mordiéndole el lóbulo de la oreja.

- No tienes idea de lo que dices, preciosa.

- ¿Por qué no?

- Anoche me he portado mal.

- ¿Otra vez?

Él puso los ojos en blanco.

- Creo que sabes a que me refiero.

Ella guardó silencio, tratando de indagar en las palabras de Justin. Tratando de entender a qué se refería. Y no tardó mucho en darse cuenta de en qué sentido iban sus palabras. Oh… ahora entendía porque había amanecido tan excitado…

- Entré a nuestra habitación para sacar esto. – Justin bajó la mirada, señalando con ella los pantalones de franela. – Y te vi… durmiendo… y te ves tan malditamente bien mientras lo haces. – él tragó saliva. ___________ sintió como cada centímetro del cuerpo de Justin se endurecía todavía más. – Tuve que hacer algunas cosas inapropiadas… - ladeó la cabeza, pasando su lengua de arriba hacia abajo, por entre sus propios labios. – Y contenerme para no hacértelo en plena madrugada, supuse que solo te cabrearías más conmigo.

Y cuanto se equivocaba.

- Pero ahora no estoy cabreada.

Él sonrió. Con esa sonrisa tan provocativa y malditamente sensual que emanaba sexo por doquier. Era tan guapo.

- Siempre es bueno escuchar lo que quieres, _________.

- Sabes que no soy buena en esto.

- Eres fantástica. Solo dímelo, vamos, cuéntame qué es lo que quieres.

_____________ se mordió un labio. Dentro de ella deseaba tantas cosas. Dentro de ella, solo quería hacerle el amor y acabar con todo ese juego torturador. Estaba mojada, ardiendo por ese hombre que lo único que deseaba antes de hacérselo, era que ella le recitara lo que quería recibir.

- Quiero hacer el amor. – susurró __________. Perdió el miedo en aquellas primeras palabras, solo porque de verdad estaba deseando tanto a Justin en ése momento. – Contigo. Ahora mismo, Justin…

- ¿Lo necesitas?

- Sí… muchísimo.

- ¿Por qué?

- Porque… porque te necesito dentro de mí, ahora… ahora mismo.

Él levantó una ceja, sonriéndole.

- Dime el ritmo.

_____________ tragó saliva.

- Escógelo tú.

- Buena elección, nena.

Pasó a besarla tan desenfrenadamente como pudo, enredando sus manos entre sus shorts y su piel. Llegando a tocar la ropa interior de __________ con los dedos, y estirándosela con uno de ellos. Ella se revolvió en su sitio, ayudándole a que pudiera desnudarla… cuando de pronto, un sonido bastante conocido se hoyó desde la habitación de los dos. ___________ se detuvo, dejando a Justin con los labios abiertos y listo para besarla de nuevo. Era el sonido de su celular.

- ¿Vas a contestar? – Justin frunció el ceño.

- Puede ser de la oficina. - _________ hizo una mueca, disculpándose con él, que cambió de actitud al ver a su chica colocarse de pie y correr hasta la habitación en donde se encontraba su móvil. ¿Podía ser cierto? ¿Lo estaba dejando por una llamada telefónica? ¿Es que acaso había perdido dotes?
Escuchó a ___________ contestar la llamada, imitándola a base de muecas, mientras se ponía de pie y caminaba hacia la cocina.

- Hola Max. – saludó __________, con el móvil en la mano derecha. Se trasladó desde la habitación hasta la cocina, donde Justin ya tomaba de la caja de jugo de naranja.

- Dile que estabas a punto de tener sexo conmigo.
____________ abrió los ojos, mortificada.

- ¿Hoy día? – ella trató de mantener el hilo de la conversación. – claro que sí, no tengo problema en estar ahí en unas horas.

- ¿Qué? – preguntó Justin, dejando la caja de jugo de naranja sobre la encimera de la cocina.

- Vale, suena muy bien… - _________ puso los ojos en blanco ante la actitud de Justin, prestándole atención a lo que Max le decía en la otra línea.

- ¿Qué demonios suena muy bien? – preguntó Justin.

- Bien. Nos vemos en unas horas. - ___________ apretó el botón rojo, terminando la llamada. – Eres un niño. – le reprochó ella, negando con la cabeza.

- ¿Por qué siempre yo? Estábamos muy bien hasta que ese imbécil llamó. Y por cierto, todavía tienes que contarme qué demonios estaba haciendo aquí la otra noche en la que…

- ¿En la que tú viniste ebrio?

Justin se quedó callado, mirándola sin oportunidad de argumentar algo en su defensa.

- ¿Qué quería contigo esta vez? ¿Quiere verte, verdad? Es gracioso ver como ese gilipollas todavía no te supera.

- ¡Es mi jefe!

- Vale, vale… como tú digas… no quiero discutir por esto… - él negó con la cabeza. En su mirada podía notarse perfectamente lo afligido que estaba. – Estábamos a punto de reconciliarnos.

Ella asintió a lo que Justin le decía, y no pudo evitar soltar una sonrisa sincera al escucharlo estar tan preocupado por las discusiones que últimamente tenían. Se le acercó dando saltos y enredó el cuello de Justin entre sus manos.

- No voy a perdonarte que me hayas dejado totalmente empalmado en el sofá.

- El plan era ése. – sonrió ella, besándolo en los labios. – Tengo que ir a tomar una ducha, encárgate de Eli ¿sí?

Él asintió, observando en silencio como ella volvía a besarle la boca y desaparecía, en un vaivén delicioso de caderas, en dirección a la habitación. Su mirada se quedó en la misma dirección por un determinado tiempo. __________ era tan… tan hecha a su medida. Parte de ellos solo le hacía sentir que debía mejorar para hacer funcionar aquella relación que los mantenía unidos desde hace tanto tiempo. Sin embargo, algo dentro de él quemaba en culpa. ¿___________ debía saber acaso sobre Tentation? Sentía que ocultárselo solo aglomeraba un problema más grande. Un problema… que estaría a punto de estallar.







Según la secretaria personal de Max, éste todavía no aparecía en la oficina. Lo cual a _________ se le hacía extraño, pues él mismo había quedado con ella en una hora determinada.

Estaba entusiasmada, la llamada de Max de hace unas horas, se había basado en comentarle sobre una nueva oferta de trabajo que él amablemente había conseguido para ella. De verdad había cambiado su actitud, y empezaba a parecerse a aquel Max que __________ conocía, antes de ser novia de Justin. Cruzó las piernas, sentada sobre la butaca de su escritorio. Aprovechó para sacar el móvil y marcar el número de su mejor amiga.

Emily contestó la llamada.

- Hola nena. – le saludó ella, con la voz debilitada y casi en susurros.

- ¿Qué sucede contigo?

- Estoy enferma. – mintió Emily en la otra línea. Estaba acostada sobre su cama desde la última vez que había visto a Travis. Y no pretendía cambiar su estado de ánimo, no había nada que la motivara.

- Oh… ¿desde cuándo?

- Ayer, eso creo.

- Te visitaré, eso te animará. – se burló _________.

- No, joder, no lo hagas, parezco un maldito zombie.

- ¿Tan mal estás?

- Sí… pero no hablemos de eso, ¿Cómo estás tú? ¿Elisabeth? ¿Justin?

- Bien… Eli está bien. - __________ guardó silencio por unos segundos.

- ¿Y Justin?

- También. Pero… Emily, tengo tanto que contarte.

- ¿Qué ha pasado con él?

- Con él nada, pero hay una mujer… es que… no lo sé, las cosas entre nosotros se han complicado mucho últimamente.

- ¿Una mujer? ¿Es la misma zorra con la que Justin estuvo hace un tiempo…

En ese momento, la puerta de la oficina de ________ se abrió de improvisto. Ella dio un salto en sitio.

- Tengo que colgarte, hablamos después – se disculpó ____________ contra el teléfono, mientras se acomodaba en la butaca. Puso el móvil sobre su escritorio y subió la mirada, con una sonrisa a medias, que iba dedicada a Max.

- Hola. – saludó él amablemente. Se acercó a __________ y le besó la mejilla derecha. Un olor denso y cautivador se desprendió de él. – Gracias por venir, esto es importante.

- No te preocupes. - _________ levantó los hombros despacio.

Max asintió, tomando asiento en una de las butacas que se encontraban frente al escritorio de _________. Él se acomodó, con los ojos clavados en el suelo y con una mirada bastante incómoda. ¿En qué estaba pensando? De pronto subió la mirada hacia ella, que esperaba con atención lo que él estaba a punto de decirle.

- Sé que debes estar pasando por un momento muy duro…

- ¿Qué? - ___________ hundió el rostro. Con el ceño fruncido, trató de entender a lo que él se refería.

- Me he enterado lo que ha pasado con tu madre.

Los ojos de ___________ se abrieron todavía más, su piel terminó de helarse y no supo a qué punto mirar para no sentirse obstaculizada por la nostalgia. De pronto tenía un nudo grueso en la garganta que no le permitía seguir hablando.

- ¿Cómo te has enterado? – susurró ella, ahora con los ojos envueltos en lágrimas.

- Lo siento mucho… por Dios, no quería que lloraras.

- Estoy bien, Max. Ella y yo no éramos muy cercanas que digamos. Siempre tuvimos nuestras diferencias.

- Te entiendo… - él asintió, mirándola afligido. – Solo quería que supieras que tienes mi apoyo para lo que necesites. Ya sabes, estas cosas últimamente pasan todos los días. – negó con la cabeza, demostrando indignación en cada parte de su rostro. – Creo que sabes muy bien que estoy en contra de todos esos criminales.

- Perdona… ¿qué? - _________ frunció el ceño una vez más. Esta vez sin entender nada.

- La forma en la que murió tu madre, __________. El crimen en Estados Unidos está cada vez peor.

Ella se quedó callada esta vez, buscando una forma inteligente de responderle. ¿Cómo le explicaba que ella había sido ajena en saber cómo había muerto su madre? Solo había llegado a saber, gracias a la madre de Emily, que Jennifer había fallecido. Pero no sabía más. Desconocía la historia completa. Desconocía los detalles. Y si ella no los sabía, ¿Cómo es que Max estaba al tanto?

- Siento ser tan crudo con todo esto.

- ¿Cómo sabes sobre lo de mi madre, Max? – preguntó ella, sin poder guardarse un segundo más todas las dudas que tenía dentro.

- Está en las páginas de cada diario. – respondió él, hundiendo el rostro. – Mira… ¿por qué no mejor lo olvidamos y…

- ¿Qué diarios? – intervino ella. Muchísimas dudas se habrían en su mente en ese momento. ¿Dónde demonios había estado metida todo esos días como para no haber leído sobre la muerte de su madre? – Por favor, ¿De qué diarios estás hablando?

- Está en todas partes ¿vale? Pensé que lo sabías, se trata de tu propia familia.

- No tuve el valor de saber cómo es que mi madre había muerto. - ___________ bajó la mirada. – Fue un error mío y por favor… no te metas en esto.

Él levantó ambas manos, en defensa.

- Está bien, Peterson… lamento si te hice volver a algo que no querías. Es solo que… va en contra mío también. Los criminales que asesinaron a tu madre además eran ladrones de banco. Joder… mencionarlo me enferma. – dijo Max, con una expresión de repugnancia en el rostro.

Pero al observar a __________, su rostro cambió completamente. Supo entonces que había dicho las palabras equivocadas en el momento equivocado. Se sintió culpable interiormente por ver a __________ de esa manera. Ahora parecía asustada, perdida, como si el color hubiera desaparecido de su rostro. Ni siquiera tenía fuerzas para hablar. Y si pudiera hacerlo tal vez estaría asustada de formular la pregunta que tanto temía hacer. No podía cierto… no podía ser cierto nada de lo que le estaba contando. De todas formas estaba sacando conclusiones muy apresuradas ante algo que la había marcada de por vida.

- Tú sabes lo que sucedió en el pasado ___________. Lo que pasó con el mejor amigo de Justin y las cosas que hice. Y quiero que sepas que no me arrepiento en lo absoluto de haber tratado de atraparlos. Está en mí ir contra los criminales. Simplemente no podía permitir que tú estuvieras con uno. – se detuvo, tragando saliva. – Lo que ha pasado con tu madre es terrible.

- Necesito saber… - __________ cerró los ojos con fuerza, volviéndolos a abrir en el acto. – Necesito saber quiénes… quiénes la han asesinado.
Él negó con la cabeza, acercándose a ____________ a través del escritorio. Quedó tan cerca a su rostro, pero el estado en el que ella se encontraba ni siquiera permitió notarlo.

- Por favor ya no pienses en eso. – le rogó, observándola asustada y con la mirada perdida.

- Dímelo. Por favor… por favor solo dímelo. – suplicó ___________, mirándolo a los ojos. Haciéndolo sentir una parte de su desesperación.

- Yo… yo no sé de estas cosas Peterson, solo he leído en algunos periódicos que se trata de una banda o mafia de criminales. Han existido antes y ahora mismo han vuelto, es todo. – teniéndola cerca, acarició lentamente la mejilla izquierda de __________. – no creo que aquello vaya mortificarte demasiado, por favor… - suplicó él también. Verla de esa manera le jodía mucho. – su nombre es Tentation.







Justin apretó a Elisabeth contra él, que observaba las caricaturas muy concentrada. Y mientras lo hacía, Justin no pudo evitar notar cuanto estaba creciendo. Elisabeth estaba preciosa. Su cabello había crecido, su cuerpo se había estirado, y cada día se parecía mucho más a ella. Mucho más a __________. En momento como esos, donde tenía a Eli con él, pasando ese rato padre a hija que muchas veces había pasado con ella, se preguntaba qué hubiera pasado con él si jamás hubiera descubierto de su existencia. Si jamás hubiera tenido esa discusión tan fuerte con __________ y si jamás hubiera llegado a entender que también tenía corazón para amar a una persona más. Ahora en cambio vivía pendiente de esa niña preciosa de 3 años que le hacía recordar tanto a _____________.

Él sonrió y volteó el rostro tratando de concentrarse en las caricaturas, y cuando realmente empezaba a hacerlo, escuchó el sonido de las llaves introducirse en las cerraduras.

- ¿Mami? – Eli levantó la mirada hacia Justin.

- Ajá. – respondió él, inclinándose para besarla la frente. Se puso de pie, dejándola sobre la cama y pasó a salir hacia el exterior de la habitación.

Lo que sus ojos pudieron ver fue a una ____________ envuelta en lágrimas, que limpiaba cada una de ellas con brusquedad. Tenía el maquillaje corrido y su mandíbula temblaba. Todo ella era un manojo de nervios. Hace tanto tiempo que no la veía llorar con tanta fuerza, como aseguraba lo había hecho hace unos minutos.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó él, completamente alarmado. De inmediato fue a observar el cuerpo de ____________, de pies a cabeza, tratando de indagar en sus ideas lo que había pasado con ella.

__________ guardó silencio, sollozando despacio, pasó a limpiarse las lágrimas una vez más.

- Maldición… ¿Qué mierda ha pasado? – volvió a cuestionarle él. Esta vez imaginándose lo peor. Con tan solo recordar que ella había estado con Max hace unos minutos.

- Tenemos que irnos que de aquí. – susurró ella, mirándole fijamente. En sus ojos solo podía verse la desesperación acumulada. Su propio estado acabaría con ella. – Tenemos que irnos cuanto antes… - balbuceó, acercándose a él a pasos lentos.

- ¿Qué ha pasado?

- ¡Esa maldita mafia, Justin! ¡Eso está pasando! – gritó fuerte. – Han asesinado a mi madre… - se puso ambas manos sobre el rostro, sollozando en silencio.

Justin tragó saliva. Sintió que su corazón se partía en pedazos pequeños al verla de esa manera. Toda su piel se había enfriado por observar aquella escena que le desgarraba. _____________ lo sabía todo… ____________ lo sabía todo y eso solo podía significar una cosa…

- Vamos a estar bien. – le aseguró Justin, acercándose a ella y abriendo sus brazos para poder encerrarla en ellos. Pero __________ se separó, antes de poder hacer contacto con él.

- ¿Vamos a estar bien? - ________ ladeó la cabeza. - ¿De verdad crees que vamos a estar bien estando aquí? – preguntó aumentando su ironía.

- Jamás dejaría que algo les pasara.

- Eso lo dices ahora, pero ellos están aquí… y sé… sé por alguna razón que algo saldrá mal. – le reclamó. Justin tragó saliva, sintiendo a flor de piel cada palabra hiriente de que ________ había pronunciado.

- ¿Piensas que no podría protegerte mejor que Travis?

- ¡Maldición, Justin! - _____________ levantó ambos brazos. - ¡Basta de esto! – gritó frustrada. - ¡No tiene nada que ver Travis, es por nosotros! – ella frunció el ceño y tragó saliva antes de poder decir algo apresurado. Se dio media vuelta, bajando la mirada para observar su vientre. No ____________, no era el mejor momento para decírselo ahora… no podía permitir que la historia se repitiese. – Necesitamos irnos de aquí cuanto antes. – cerró los ojos, dejando que las lágrimas se apoderasen de ella una vez más. Abajo, acariciaba suavemente su vientre con la palma de su mano derecha. Y sentía… sentía muy bien que no podía concebir que Tentation otra vez arruinase su vida de tal forma.

Él no quiso decirle más. Conociéndola como la conocía, sabía que su terquedad podría con todo. Así que pasó a acercarse a ella por detrás, abrazándola por la cintura. Sus fuertes brazos la acogieron suavemente, hundiendo su rostro en el hombro derecho de __________. Movió un poco la cabeza, para poder estirar sus labios y besar la mejilla de ella, y susurrarle un par de cosas…

- Vamos a estar bien, por favor… créeme.

- Créeme tú a mí… - suplicó ____________ con un hilo de voz. – Si han asesinado a mi madre es porque seguramente también me quieren a mí…

- ¿Y de verdad crees que yo dejaría que eso pasara? – Justin frunció el ceño. – No les tengo miedo. - ___________ se limpió las lágrimas una vez más y sin darle un respuesta concreta, dio uno pasos hacia adelante, separándosele.

- Tengo que sacar a Elisabeth de aquí. Ya lo he decidido.

- Joder… por favor, solo escúchame esta vez…

- No puedo, no voy a hacerlo…

- ¡Solo escúchame! – gritó él, con una fuerza brutal, que hizo que ___________ cerrara los ojos. A veces era necesario usar ese tono de voz con ella, que parecía no aceptar ninguna solución. – He visitado a mi madre en prisión. – él endureció la mandíbula, buscando un punto al cual que mirar, para no avergonzarse del todo. – Lo que me ella me dijo fue que el día en el que el edificio Tentation fue tomado, un grupo de ellos estaba en otro lugar y que…

- ¿Tú sabías de esto?

_____________ abrió los ojos. Y no cabía en sí de sorprendida…

- Yo… yo no quise decírtelo porque…

- Mierda… - susurró ella, cerrando los ojos. - ¿Me has estado mintiendo todo este tiempo?

- No fue así. Estás confundiendo las cosas, mi amor…

- No me llames así. – la respiración de ella empezó a agitarse gravemente. Estaba tan cabreada, asustada y desesperada al mismo tiempo. – No vuelvas a llamarme así nunca más.

- Por favor… solo estás confundiendo las cosas ____________. – trató de explicarle él. Sus ojos también se nublaron de un llanto denso que estaría por venir. – Sabía que si te decía esto terminaríamos de esta manera y no quiero discutir más...

- No vamos a discutir más. – ella lo miró a los ojos. Drástica. Fría. Como nunca había sido con él. – Porque esto se acabó.

Y porque sabía que aquella era la mejor decisión para él, para Elisabeth, para ella… y para quién estaría por venir. Y porque aunque le dolía muchísimo aceptarlo, sabía que todo lo que comenzaba, en algún momento y por alguna razón, siempre llegaba a su fin. 




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IMPORTANTE: Necesito que lean este -> Twitlonger, en relación con el libro TENTATION y con el final de la novela :) Cada vez menos para decir adiós... 
Si leíste, dale click al botón "Twittear" ¡Muchas gracias! <3 


viernes, 18 de octubre de 2013

Capítulo 102

Narra Justin: 


Presiono el acelerador con fuerza. Nuestros cuerpos se balancean debido a la inercia y ella todavía no deja de mirarme. Sé que más allá de estar solamente cabreada, está además buscando respuestas que aún no puedo darle. Intento ignorar sus ojos sobre los míos, pero es imposible evitar mirarla…

- ¿Puedes decirme que está pasando? – me pregunta una vez más. He escuchado la misma pregunta por tres veces ocasiones seguidas.

- No es nada, creo que Kate tiene problemas. – levanto los hombros, tratando de parecer natural. _________ sigue mirándome y al voltear para entender su expresión, puedo darme cuenta de que no se ha creído en lo absoluto lo que acabo de decirle. – Nena… - estiro mi mano derecha, logrando alcanzar la pierna izquierda de __________. Mis dedos recorren su piel desnuda, erizándola en cada paso. – No pasa nada, de verdad. – mirando su boca, yo mismo trato de convencerme de lo que acabo de decirle.

Sin embargo, me es difícil concentrarme en otra cosa que no sea el sonido de la voz de Kate completamente asustada, y sobre todo… lo último que soltó antes de colgar la llamada “También quieren asesinarlo a usted”… mi mente se nubla. Demonios, necesito pensar. Necesito decirle esto a Chaz y a Travis, antes de que las cosas se salgan de control.

- Kate nunca ha tenido problemas con Eli. – susurra ella, con la frente pegada a la ventanilla del auto. Trago saliva. ___________ es persistente, sabe que en el fondo tengo mucho por decirle. Me conoce tan bien…

El camino directo a casa se hace corto debido a la velocidad del Mustang. Minutos después, el edificio de nuestro departamento está frente a nosotros. ___________ se apresura a subir y llega mucho más rápido que yo. Está preocupada… y verla de esa manera solo me hace recordar a cómo estaban las cosas hace un año atrás, cuando Tentation la buscaba. Cuando Tentation estaba tras sus pasos y había tenido que hacer tantas cosas para poder escapar. Solo entonces puedo darme cuenta de que no debo decirle absolutamente nada sobre lo que está pasando. Hemos vivido esta problema tan intensamente todo este tiempo, ella no tiene por qué volver a pasar por lo mismo… no lo merece. 

Kate abre la puerta del departamento, sus ojos están muy abiertos y hay cierta expresión de desesperación en su rostro. Tiene a Elisabeth entre sus brazos y de inmediato me adelanto para recibirla y tenerla entre los míos. Kate se queda callada, simplemente mirándome. Mirando a _________. Mirando a Elisabeth.

- Lo siento mucho… - susurra, disculpándose. En su brazo izquierdo cuelga un bolso grande donde ha guardado sus cosas.

- ¿Qué ha pasado? – pregunta ____________, todavía dispuesta a saber la verdad.

Kate me mira directamente a los ojos, hablándome con la mirada. Sabe muy bien que le he pedido que no le comente nada a _____________ sobre lo que ha sucedido.

- Mi familia ha tenido un grave problema, es todo.

- ¿Estás bien? – pregunta ___________, frunciendo el ceño.

- Sí, de verdad. – Kate intenta sonreír, fallando en el intento. – Llámame de nuevo si necesitas mi ayuda. – frota su mano derecha en el hombro de ___________ y se apresura a entrar al ascensor, desapareciendo minutos después.

En el pasillo solo nos hemos quedado los tres. _____________ está todavía mirando las puertas del ascensor, se ha quedado plasmada ante la actitud de Kate.

- ¿Sabes que esto muy raro, verdad? – me dice, pensando en voz alta.

- Seguro tiene algunos problemas.

- ¿Crees que necesite de nuestra ayuda? - se muerde un labio y… Oh Dios, necesito besarla, se ve tan sutil cuando se muerde sola. Estoy a punto de responderle, pero ella se distrae y se acerca a nosotros. - ¿Cómo estás, preciosa? – le pregunta a Eli, besándole la mejilla izquierda. Está posicionada muy cerca de mí y logro sentir su olor. Dulce, sencillo. El olor de su piel es delicioso y me hace recordar lo que hace unos momentos estábamos haciendo… - ¿Por qué no entran? - ____________ enarca una ceja, ahora puesta sobre el umbral de la puerta. Nos sonríe a ambos. Elisabeth sonríe también, abrazándome el cuello y ___________ entra por el pasillo, canturreando alguna canción y bailando al mismo tiempo.

Me toma unos segundos despertar de este sueño… en el que ___________ baila y canta una canción, ahora preparando algo en la cocina. Y donde Elisabeth baja de mis brazos, corre por el pasillo de habitaciones, moviendo sus dos coletas, y va hasta su habitación. Se toma un tiempo y regresa con un papel coloreado a base de crayones.

- ¿Para mí? – enarco una ceja, Elisabeth asiente y me entrega la hoja de papel justo en mis manos. Tomo asiento en el sillón, colocándola a ella sobre mi regazo. Mi corazón da un vuelco cuando veo el dibujo que ha hecho para mí.

- Mami, tú y yo. – dice señalando el dibujo. Se esconde en mi pecho cuando me ve observándolo con detenimiento. Y sin entender cómo, me he quedado quieto mirando el dibujo por un largo tiempo.

No recuerdo haber hecho esto con mis padres; o ver a Ryan, Travis o Chaz hacer lo mismo los suyos. Quizá sea esa la razón por la cual un dibujo puede ponerme tan malditamente sensible. Un dibujo y verla a ella, tan inocente, haciendo algo para quien nunca fue capaz de hacer lo mismo. Sentada sobre mi regazo, me abraza fuerte, intimidada por si podría o no gustarme lo que ha hecho para mí…

- ¿Así luzco, de verdad? – enarco una ceja y señalo con los dedos el dibujo que me representa. – Por Dios, soy tan guapo.

Ella asiente con la cabeza.

- Mami es bonita. – me dice ahora, señalando a ___________ sobre el dibujo. No puedo evitar sonreír al verla ilustrada en esa hoja de papel. Hasta en un dibujo pintado por una niña de tres años, es sexy.

- Es muy…muy bonita. – susurro también. Y ambos nos quedamos un buen rato observándola. – Pero tú… - cojo el dibujo con mis manos y lo aparto de nosotros, cogiendo a Elisabeth y hundiendo mis labios en su cuello. Ella estalla en risas. – Tú eres preciosa. – le digo, uniéndome a sus risas. – Es la mejor obra de arte que he visto en toda mi vida. – me detengo y traigo de nuevo la hoja de papel, entre mis manos. Elisabeth se reincorpora, todavía riendo y colorada por las cosquillas.

- ¿Sí te gusta? – me mira con los ojos llenos de ilusión, mientras sus manos se entrelazan.

- Me encanta. – inclinándome, le doy un beso en la frente. – Ven, vamos a enseñarle esto a tu madre.

Elisabeth coge la hoja de papel entre sus manos y sin previo aviso, la subo sobre mis hombros. La escucho dar un grito que me hace reír y a continuación cojo sus manos, pero ella me cubre la vista al tener la hoja de papel con una de ellas.

- Cógete fuerte. – le advierto, todavía riendo. – A tu madre la va a dar algo cuando nos vea así.
Intento caminar con la vista cubierta, dando un paso tras otro lentamente. No tardamos nada en llegar a la cocina, donde ____________ está puesta de espaldas, buscando algo entre los estantes. Al sentir la sombra de alguien tras ella, se voltea de inmediato.

- ¡Justin! – grita ella al ver a Elisabeth sobre mis hombros.

- Ella te quiere mostrar algo. – le digo. Eli estira las manos y le da la hoja de papel. ___________ nos mira, negando con la cabeza. Es como si fuera madre de ambos. Mira el dibujo de Elisabeth y de inmediato su rostro cambia. Ahora es más suave. Lo mira detenidamente, mientras va cubriéndose la boca poco a poco.

- ¿Te gusta, mami? – pregunta Elisabeth. Y ambos, tanto ella como yo, podemos notar que a ___________ no solo le ha gustado el dibujo, sino que además… la ha hecho llorar.

- Es lo más bonito que he visto en toda mi vida. – balbucea con los ojos envueltos en lágrimas. Se pone en puntillas y besa a Elisabeth en la mejilla.

- Nena… ¿por qué estás…

- Déjame. No lo sé. - ___________ se limpia las lágrimas rápidamente y se voltea, colocándose de espaldas.

Bajo el cuerpo de Elisabeth de entre mis hombros, poniéndola en el suelo. Y lo siguiente que mis manos cogen son los hombros de _____________, girándola para tenerla cara a cara.

- ¿Puedo saber que está pasando contigo últimamente? – ella intenta evadirme, mirando otro lugar que no sean mis ojos.

- Estoy bien, solo… estoy un tanto… sensible. – se restriega la nariz, recuperando la compostura.

- ¿Es por lo de ayer? – frunzo el ceño, realmente preocupado por saber qué es lo que todavía le molesta. Y podría apostar cualquier cosa, al decir que hay algo que no me está diciendo. 

- No, no… - niega rápidamente. 

- ¿Te ha venido la regla?

____________ sonríe.

- Supongo que pronto, tal vez por eso estoy así.

- Cosas de mujeres…- abro bien los ojos, frotando mis manos sobre sus hombros. - ¿estabas preparando algo? – muerdo mi labio inferior. – Espera… ¿tú estás preparando algo?

- He mejorado, Justin.

- Sí pero…

- Confía en mí, puedo hacer las cosas bien cuando de verdad quiero hacerlas. – se pone de espaldas y yo apoyo mi barbilla sobre su hombro izquierdo.

- Dímelo a mí. – susurro contra su oído. – Puedes hacer muchas cosas bien cuando te lo propones… especialmente con esas manos. – canturreo despacio, poniéndole un poco de doble sentido a nuestra conversación.

- ¡Pervertido! – me reprende, volteando su rostro para encontrarse con el mío. - ¿Por qué estoy enamorada de ti?

- Me deseas. Me amas. Qué sé yo. Soy prácticamente irresistible.

Ella pone los ojos en blanco. 

- Y bien… ¿qué vas a preparar con esas manos?

- Es que si sigues diciéndome eso no podré 
preparar nada.

- Mnh… te pone.

Vuelve a poner los ojos en blanco, dejándome descansar sobre su hombro. Y nos mantenemos quietos y callados mientras tanto. La observo cocinar, siguiendo al pie de la letra los pasos que relata una revista de cocina. Y es que de otro modo ella no podría cocinar, pero lo hace muy bien hasta ese momento. 

Solo en ese instante, mi mente puede por fin debatir sobre el problema que Kate ha tenido en toda la mañana. Las malditas llamadas frecuentes. Y todo encaja tan perfectamente, como si cada paso estuviera planeado. La muerte de la madre de ________, los robos, las llamadas… incluso la información que mi madre me ofreció sirve. Todo está tan malditamente claro. Puedo saber que son ellos, tanto como puedo saber que me quieren a mí. Pero hay todavía muchas cosas que no me quedan claras. Hay todavía tantas cosas que no puedo adivinar, sin antes tener todo el problema en mis manos. ¿Cómo han localizado mi casa? ¿Cómo han obtenido mi número? Hay piezas que no quedan claras, sin embargo hay algo que puedo deducir de todo esto, y es que alguien está siguiendo nuestros pasos. Que alguien…que uno de ellos está entre nosotros.

El pensamiento enfría mi piel. 

Después de todo, aquellas llamadas no han significado más que una simple advertencia. Y ____________ es lo suficientemente inteligente como para sospechar que algo extraño está pasando si le pido que nos mudemos en este momento, al menos por un tiempo. Joder… ¿qué debo hacer?

- ¿Me has escuchado? – me pregunta, con una sonrisa en los labios.

- Sí… - miento. ___________ pone los ojos en blanco.

- Que veas qué está haciendo Elisabeth. – me repite, concentrada en su faena. 

Asiento, antes dándole un beso en el cuello como despedida. Mientras camino por el pasillo, buscando a Elisabeth, saco el móvil y busco el número de Travis en la lista de contactos. Él tiene que saber toda esta mierda cuanto antes… pero al hacerlo, noto la falta de mi billetera en el bolsillo trasero de mi pantalón. Intento hacer memoria rápida de donde he podido dejarla, pero no puedo saber exactamente donde he podido dejarla o tal vez… olvidarla. 

- ¡Papi! – me llama Elisabeth, desde su habitación. Estando a un paso de ella, entro y la miro sobre el suelo, con muchas hojas de papel y varios crayones de colores esparcidos por el suelo. - ¡Mira! – me dice entusiasmada. 

En sus manos trae varios dibujos más que me entrega con ilusión en los ojos. Me siento sobre su cama, chocando los pies con algunas tazas de té y haciéndolas sonar. Ella me reprende, diciéndome que tenga más cuidado y las recoge del suelo. 

- Wow… ¿los has hecho tú? – le pregunto con una sorpresa divertida. Ella me sonríe, contenta. Pasos las hojas de papel, una tras otra. En un dibujo está _________, con un vestido y un bolso; en otro estoy yo, con pantalones y una cazadora azul. Hay muchos en los que aparecemos los tres y hay uno en el aparece Travis y Emily. Puedo reconocerlo por la moto que ha dibujo a su costado; y puedo reconocerla a ella por el color de su cabello. Sin embargo… hay un dibujo que llama todavía más mi atención. Un dibujo fuera de lo normal y extrañamente, no logro identificarme a mí, a ________ o alguien que Elisabeth conozca. Lo que veo eriza mi piel. – Nena… - susurro, atrayéndola hacia mí. - ¿Quiénes son ellos?

Le pregunto. Ella solo sube los hombros, sin saber qué decirme. Y probablemente no tenga idea de a quiénes ha dibujado en aquella hoja de papel. Aquella, donde hay muchos hombres vestidos de negro, reunidos en un edificio, con el ceño fruncido y dinero en las manos. 







Narrador Omnisciente: 


En su mirada solo estaba el reflejo de toda la ira acumulada que sentía en ese momento. Sus manos estaban adornadas por venas gruesas y protuberantes que solo demostraban bien su estado de ánimo. Y renegaba de nuevo.

- Maldita sea, contéstame. – dijo en voz alta. El semáforo que estaba frente a él le ordenaba que bajara la velocidad. Intentó llamar a Travis un par de veces más, pero este no respondía. Y sus nervios aumentaban. ¿Dónde demonios podía estar?
Apretó el acelerador de nuevo, volando en medio de las calles de New York. 

Había tenido que decirle a __________ que había surgido un problema en su trabajo y que no podía ser inmune a él. Y aunque ella no había quedado totalmente satisfecha con la excusa de Justin, al menos no había optado por preguntarle más. En cuanto a Elisabeth, ella guardó aquellos dibujos en el mismo cofre mediano que conservaba desde hace ya mucho tiempo. Le había prometido a Justin no enseñárselos a ___________ jamás. Pues aunque esa niña no tuviera idea de quiénes eran esas personas, sentía algo dentro de ella que le hacía saber que dibujarlos no era lo correcto. Los había visto en algún momento y aquella imagen se había quedado guardada en su memoria para toda la vida. 

Justin volvió a golpear el timón.

No podía permitirlo. Con él habían hecho absolutamente todo, tenía hasta el más sucio recuerdo guardado en su mente. No estaba libre de recordar esas escenas en cualquier momento. Y cuando lo hacía, casi siempre terminaba borracho en algún bar o fumando un cigarrillo. Pues para personas como él, era demasiado tarde intentar borrar las cicatrices que permanecían en la base de sus recuerdos. Recuerdos que protagonizaba su padre, recuerdo que protagonizaba Tentation…
Encendió el último cigarrillo. El auto tenía un hedor repugnante, tanto que le hacía recordar aquellas noches cuando se perdía en olor del cigarro solo para olvidar a ______________.

- ¿Qué sucede? – Travis respondió en la otra línea. Justin trató de mantener la calma y no soltar algún sermón por no haberle contestado antes. 

- Estoy frente a tu edificio, ábreme la puerta. – sentenció y colgó la llamada. 

Bajó del Mustang y en pocos minutos se encontró en el último escalón del edificio en donde Travis vivía. Localizó rápidamente su departamento, y justo como le había dicho, la puerta estaba abierta.
Dentro del departamento también estaba Chaz. Tenía una lata de RedBull en la mano derecha y recibió a Justin con una sonrisa, y una de sus frases imprudentes de siempre.

- Mira quién está aquí, ¿te han soltado la correa por esta noche? – preguntó riendo. Justin se limitó a entrar al departamento, tirar la colilla de cigarro, y quedarse callado hasta que Chaz terminara de bromear con él. – Esto tiene que ser un milagro. – continuó Chaz.

Travis también decidió quedarse callado. Solo le había bastado observar el semblante duro de Justin como para entender que algo le sucedía.

- ¿Quieres una cerveza? – le ofreció Chaz. 

- No. – respondió Justin, exhalando el humo del cigarro. 

- ¿Tampoco tomas ahora?

- ¿Podrías cerrar la maldita boca por una vez en tu vida? – le preguntó Justin, dando rienda suelta a su irritación. Miró a Chaz, callándolo con la mirada. Aquellos ojos marrones se volvieron helados y sus jadeos se volvieron mucho más pesados que antes. Su mano izquierda se hizo un puño.

Los dos hombres que estaban dentro del departamento además de Justin, se quedaron callados.

- ¿Qué mierda te sucede? – le cuestionó Chaz.
Y Justin se dio vuelta, tratando de relajarse. Aunque sabía muy bien que lo único que podría relajarlo ahora era fumar un poco más.

- Quieren asesinarme. – empezó Justin. – La niñera de Elisabeth ha recibido llamadas amenazantes toda la maldita mañana y le han dicho que quieren matarme. – se dio media vuelta y tiró el cigarrillo al suelo. – Saben muy bien que aquello me tiene sin cuidado, pero esto no es como hace unos años. – cerró los ojos lentamente, respirando con cuidado. Cuando abrió los ojos, tuvo que hundir la mirada en el suelo para no delatar sus sentimientos. – Esta vez no estoy solo. – susurró. – Tengo una familia. – dijo en voz alta.

- No va a pasarles nada. – Travis alzó la mirada hacia Justin.

- Tú no puedes tener el control de lo que ellos puedan hacer. – le contestó este.

- Lo hice hace algunos años, puedo hacerlo ahora.

Los tres se quedaron callados.

- ¿Estás seguro de que Tentation tiene que ver en esto? – preguntó Chaz, en medio de los dos.

- Con lo que me ha dicho mi madre tuve suficiente como para entender que se trata de ellos. – Justin subió la mirada, deteniéndola en Travis, que tenía cierto aire de autosuficiencia por lo que acababa de decirle a Justin.

- Deberías sacarlas de ese departamento cuanto antes. – sugirió Travis. Pero el tono de su voz no parecía ser el de un simple consejo. Denotaba más bien querer tener el control.

- Crees que saberlo todo, ¿verdad? – Justin ladeó la cabeza. Empezaba a cabrearle internamente la actitud de Travis.

- Solo quiero ayudar. Así como lo hice cuando tú no estabas.

- Ahora estoy aquí y te puedo asegurar que no necesitamos de tu ayuda.

- Tal vez tú no… - Travis se acercó a pasos lentos, disminuyendo la distancia y aumentando la adrenalina de sus palabras. No sabía muy bien si quería herirlo o tan solo quería ayudar como tanto le decía. – Pero ________ y Elisabeth sí me necesitan.

Justin soltó una media sonrisa, burlándose con la mirada de las palabras de Travis.

- ¿Así que quieres hacerte el héroe una vez más?

- Solo quería hacerte recordar quién las protegió cuando tú estabas revolcándote con una maldita rubia.

Justin volvió a ladear la cabeza. Tal vez sí había llegado al departamento de Travis por un poco de ayuda de su parte, pero ahora mismo solo deseaba partirle el rostro. Golpearlo tanto como para hacerle olvidar todo lo que le había dicho. Sus ojos azules denotaban ira, tanto como los marrones de Justin. Quería hundirlo con palabras que eran ciertas y que Justin jamás terminaría de superar. Tenía razón, él sí había estado cuando Justin no sabía si quiera de la existencia de Elisabeth… y aunque todo eso parecía pasado, las heridas seguían en carne viva, esperando por un poco perdón. Ellos dos nunca terminarían bien del todo, siempre habría algo que terminaría haciéndolos herirse el uno con el otro.

- ¿Lo has olvidado ya? – le preguntó Travis. Dentro de él, ya estaba convencido de que lo único que quería era revivir el pasado, golpeando con palabras.

- Joder Travis, ¿quieres calmarte? – intervino Chaz.

- Déjalo hablar… ¿qué más tienes para decirme? – Justin le sonrió a Travis. Ambas miradas chocaron, ocasionando una descarga fuerte - Vamos Travis, abre la maldita boca y dímelo todo, aunque de todas formas sabré que eres un hijo de puta que siempre vivirá inmerso en el pasado. Pero te digo algo, gran imbécil, debes saber que lo que pasó hace dos años ya terminó. _____________ está conmigo, ______________ duerme conmigo y Elisabeth lleva mi sangre, porque es mi hija. – lo miró a los ojos, sabiendo que aquello que le había dicho había dolido más de lo que él estaba dispuesto a soportar. – Porque ni siquiera sirvió que la protegieras durante años para que ella te considerara un padre. – Justin ladeó la cabeza, disfrutando de cada palabra que soltaba. – Y ____________... ella nunca supo valorarte como algo más, porque siempre estuvo acostumbrada a mí. – otro silencio se abrió entre los tres. Chaz cerró los ojos, sabiendo lo que estaba por venirse. – Supéralo Travis, no eres nadie para ellas.

Travis golpeó fuerte el rostro de Justin, haciéndolo tambalearse en su sitio. Y este se volvió en su lugar con lentitud, cubriéndose el pómulo derecho, justo donde Travis había golpeado. Al estar en su lugar, endureció el puño izquierdo.

- ¿Te duele que te digan la verdad? – esperó unos segundos antes de abalanzarse hacia Travis, golpeando todavía más fuerte contra la nariz de este.

La lata de Red Bull calló al suelo y Chaz corrió hacia Justin y Travis, tratando de separarlos. Pero Justin seguía golpeando. Una. Dos. Tres veces. Su puño empezaba a arder, mientras Travis también intentaba defenderse, golpeando el estómago de Justin con toda la fuerza posible, hasta ahogarlo un par de segundos.

- ¡Maldita sea, detente! – gritó Chaz, cogiendo a Justin de los brazos. Lo hizo ponerse de pie, todavía con Travis en el suelo.

La escena se asemejaba mucho a… Joder… los recuerdos aparecían en la mente de Justin, jugándole una mala pasada. Golpear a Travis solo hacía que su memoria reviviera la peor noche de su vida, aquella donde él y __________...

Justin cerró los ojos. Se separó de ambos y puso ambos brazos sobre su cabeza, tratando de borrar la imagen. Su paso nunca lo dejaría vivir tranquilo y menos ahora, que tenía al hombre que lo había separado de __________, en el suelo… pero debía calmarse.

- Espero que te haya quedado claro. – le dijo Justin por última vez. Sus hombros subían y bajaban, debido a su respiración agitada. – No quiero verte cerca de _____________, ¿me entiendes? – Justin levantó su dedo índice. Escuchó a Chaz renegar un poco más, diciéndole que dejara de hablarle a Travis, y finalmente optó por irse de aquel departamento, donde sabía que si seguía metido, terminaría por moler a golpes a una de las personas que más daño le había hecho.







- Hola preciosa. – le dijo Travis. Hundió la cabeza, debido al hipo ocasionado por los varios tragos que se había tomado. – Mierda, no sabía que conocías mi casa. – ladeó la cabeza y estiró las manos. – Entra. – le invitó.

Emily también sonrió, un tanto incomoda por notar como es que Travis se encontraba. Desde que lo conocía jamás había tenido la oportunidad de verle ebrio. Y es que no solamente lo estaba, sino que además apestaba a humo de cigarrillo y estaba desnudo de cintura para arriba.

- ¿Cómo estás? – le preguntó él, cerrando la puerta de su departamento. – Oh joder, lamento que todo esté tan desordenado. – levantó los hombros, riéndose.

Su pequeño departamento estaba repleto de colillas de cigarrillo y latas de cerveza por doquier.

- No hay problema. – mintió ella. Se sentó sobre el sofá y más tarde él estaba a su costado. Seguía fumando, aún cuando ella le había repetido muchísimas veces que odiaba el olor. Y ahora mismo Emily se estaba llevando una impresión diferente de él, una que en el fondo sabía que encontraría de parte de Travis.

- ¿Quién te dio la dirección de mi departamento? – le cuestionó él.

- Travis, ¿podrías dejar de fumar?

- Nena, es mi casa ¿lo sabías?

Ella tragó saliva.

- ____________ me dijo donde vivías. ¿Te ha molestado que viniera?


- ________________... – Travis asintió con la cabeza. – Siempre _____________. – tragó saliva, exhalando humo. - ¿Acaso nunca dejará de estar metida en mi vida?

- ¿Qué ha pasado con ella?

- La detesto. – le contestó él. – La odio. – mintió. – A él y al hijo de puta que tiene su lado. 


Emily se quedó callada. No podía seguir soportando el humo saliendo de la boca de Travis. Aquella boca que deseaba besar, pero que sabía que no era el momento adecuado. Estaba tan borracho… y aun así le parecía tan malditamente indefenso…

- Tengo que irme. – susurró ella.

- Quédate. – le pidió él. Y en realidad lo deseaba tanto. – Quédate, hagamos el amor… - se arrastró por el sofá, llegando al extremo en el que Emily se encontraba, para poder besarle el cuello.

- N…No… - se quejó ella. Si saber cómo, sus ojos ya estaban cerrados y su respiración empezaba agitarse notoriamente. Ése era el poder de Travis Maslow. – Ahora no Travis, estás borracho…

- Te quiero ahora Emily. – Travis alzó la voz. Hizo fuerza en sus brazos y logró acostar a Emiy sobre el sofá, colocándose sobre ella. Emily gimió, quejándose, pero a la vez deseando tanto un toque más proveniente de los labios de Travis. – Quédate, maldita sea. – aquello había sonado como una orden. Y ella también lo había sentido de esa manera. Las palabras de Travis habían llegado incluso a atemorizarle, y no sabía exactamente si aquello le había gustado.

- Suéltame, por favor.

- ¿Qué pasa si no lo hago?

- ¡Maldición, suéltame! – gritó ella, bajo su cuerpo. - ¡Estás borracho Travis!

- Sí ¿Y?

- Suéltame o voy a llamar a la policía.

- ¿Crees que eso me da miedo?

- ¡Joder, basta! – Emily estampó ambas manos sobre el pecho de Travis, empujándolo. Pero este hizo todavía más fuerza, logrando alcanzar la boca de Emily con la suya, besándola contra su voluntad. Los ojos de ella se llenaron de lágrimas, viéndose encerrada por él y viéndose además… decepcionada. - ¡Déjame en paz! – gritó esta vez enfurecida. Empujó a Travis con fuerza, haciéndolo caer al suelo, mientras ella corrió hasta la puerta.


Se acomodó el vestido caro que traía puesto y aunque los tacones le molestaban, era parte de su dignidad no quitárselos. Miraba desde arriba a aquel hombre que pensaba que podría significar algo en su vida. Y estaba decepcionada con ella misma, por haber hecho el amor con el tantas veces, cuando siempre había jurado jamás enamorarse de un tipo como él. Borracho, problemático, lleno de tatuajes y que tenía la nicotina impregnada a él. Llorando, abrió la puerta del departamento y se fue de ahí antes de que Travis pudieran acercársele una vez más. Solo entonces pudo saber que todo este tiempo había estado haciendo lo incorrecto. Travis no era para ella. Ni ella para él. Lo que había significado para ambos, no era más que un juego sucio en el que los dos… sabría que esa sería la única forma de terminarlo.









______________ se puso las pantuflas mientras se colocaba de pie. Arrastró los pies en silencio para no despertar a Elisabeth y se dirigió hacia las afueras de la habitación. Alguien tocaba la puerta insistentemente. Aunque Justin todavía no aparecía, se le hacía totalmente extraño que fuera él quien estuviera tras esa puerta, pues este siempre conservaba las llaves del departamento. Sin pensarlo más, abrió la puerta despacio y dejando un pequeño espacio para poder hablar. Sus ojos se centraron en la persona que estaba fuera. Era una mujer envuelta en una falda tejana y una blusa de tirantes. Tenía el cabello castaño hasta la cintura, e iba bastante maquillada. _____________ no pudo deducir nada en cuanto su mirada, parecía bastante inocente y tenía algo en sus manos que a ____________ le pareció muy conocido.

- Mnh… ¿Aquí vive Justin Bieber? – preguntó la castaña, con el ceño fruncido. Miraba por sobre el cuerpo de ___________, tratando de localizar a Justin.

_______________ abrió bien los ojos, todavía sin entender nada. Aunque ver a ese mujer vestida de esa forma y preguntando por su hombre le atemorizaba de cierta forma.

- ¿Tú eres…?

- Lo siento, es que quisiera hablar con él personalmente.

- Justin no está, pero puedes hablar conmigo.

La castaña negó con la cabeza, bastante incomoda.
- ¿Cree que si vengo mañana podré hablar con él?

- No, la verdad no. – negó __________ inmediatamente. – ¿Podrías decirme por favor quién eres? – ladeó la cabeza, mirando a la mujer de pelo castaño con bastante detenimiento.

Esta pareció ponerse nerviosa al saber que empezaba a entrar en presión.

- Que es tarde guapa, no tengo toda la noche para hablar contigo. – insistió ______________.

- Él… él ha olvidado su billetera anoche en nuestro bar. – la mujer estiró los brazos, mostrándole la billetera a __________.

Ella observó el objeto en sus manos. Parte de su cuerpo se alivió al escuchar la palabra “bar”. Al menos no era lo que ella estaba pensando… Justin había pasado la noche en un bar y eso no algo por qué alarmarse.

- Vale, puedes dármela que yo me encargo de dársela.

- Uhm… me gustaría dársela personalmente, por favor. – la castaña apretó la billetera entre sus manos.

- Mira, si tienes algo que decirle me lo puedes decir a mí.

La mujer se quedó callada. Lo pensó unos minutos y pasó a estirar sus manos con el objeto entre ellas.

- No quería ser pesada, ahí está. – dijo entregándole la billetera a ____________. Se dio media vuelta y caminó moviendo las caderas hacia las escaleras. Le dio una última mirada a ________ y desapareció.

_____________ cerró la puerta del departamento. Se paseó por el departamento con la billetera de Justin en las manos, pensando muy bien en qué iba a decirle a este cuando llegara. Necesitaba una buena explicación, aunque estaba decidida a no armar otro lío como el de la mañana. Ya habían discutido bastante.

Mientras caminaba hasta la habitación, una hoja de papel doblada en dos calló desde la billetera hasta el suelo. ____________ se detuvo, retrocedió algunos pasos y cogió el papel. Aquello la hizo hacer revisar que todos los documentos de Justin se encontrasen dentro de la billetera y al terminar, se animó a abrir el papel que se había caído desde un principio. Era una nota. Cuatro líneas. Y muchas palabras que hicieron que el corazón de _____________ de un vuelco.



“Hola Justin. Sé que probablemente no me recuerdas, pero yo a ti sí puedo recordarte. Dejaste tu billetera sobre mi cama anoche y quise venir y dejártela personalmente porque además moría de ganas por verte de nuevo. Anoche fue especial para mí. Quería saber si podíamos encontrarnos de nuevo en el mismo lugar. Sobre mi cama. Un beso, Stella







Justin introdujo las llaves del departamento en la cerradura. Traía una caja de Pizza hawaiana, la preferida de Elisabeth, y esa había sido la razón de su demora. Entró y notó que las luces de la cocina se encontraban encendidas, al igual que las luces de su habitación. Se dirigió al primer ambiente para asegurarse de que ____________ estuviera dentro. Y… efectivamente lo estaba. 

Sus ojos estaba
n irritados y tenía ceño fruncido. Estaba llorando y lo había estado haciendo durante los últimos minutos. Reconocía muy bien aquella mirada y hasta podía escuchar esas palabras que todavía no dejaba salir. Alarmado, dejó la caja de pizza sobre la encimera de la cocina y corrió hasta donde estaba __________. Intentó colocar sus manos sobre los hombros de ella, pero esta se apartó. 

- ¿Por qué lloras? – le preguntó preocupado. 

- Te han dejado una nota. - ____________ ladeó la cabeza, tirándole el papel por sobre el pecho. Al hacerlo, caminó lejos de Justin para poder estar fuera de su alcance.

Justin frunció el ceño, sin entender nada, observó que en la encimera de la cocina también estaba su billetera. Aquella que pensó que había perdido. Abrió el papel doblado por la mitad y ligeramente mojado por lo que él suponía eran las lágrimas de __________. Con el ceño fruncido y la mente blanco, leyó todo el silencio. Y su semblante iba cambiando de estado a medida que las letras iban creando palabras. Oh Mierda… esto no podía estar sucediéndole. Su piel se enfrió y cerró los ojos al terminar de leer aquella nota. Ni siquiera tuvo fuerzas como para mirar a _____________. Porque aunque él sabía muy bien que anoche no había sucedido nada con aquella mujer, no estaba seguro de si ______________ podía creer eso… y menos, viéndola llorar como lo estaba haciendo. 

- Quería hablar contigo personalmente. – balbuceó ____________. Justin cerró los ojos, arrugando el papel entre sus manos. – Aunque creo que en esa nota te ha dicho todo.

- _____________, déjame expli…

- Sí, vamos. Explícamelo todo como siempre lo haces. – le dijo abriendo los brazos. – He escuchado tus malditas explicaciones por durante tanto tiempo que ahora no me sorprende en lo absoluto que quieras arreglarlo todo con tan solo palabras.

- Por favor… - suplicó él. Su voz se debilitó al sentir la palabras que ___________ acababa de decirle. - Nena… créeme yo…

- Eres un idiota. – las mejillas de ellas volvieron a humedecerse rápidamente. Estaba llorando tanto… - Eres un maldito idiota. – se cubrió el rostro con ambas manos, sollozando con fuerza ahora que sabía que él no podía mirarla. Pero él no se quedó en su lugar, caminó a pasos rápidos hasta llegar a estar frente a _________. Hasta llegar a escuchar su respiración agitada y sus sollozos, todavía más intensamente. Y mierda, cuanto dolía. Cuanto detestaba verla así. Sin desearlo había cerrados ambos puños. Deseando tanto no hacerle el daño que siempre le hacía. Era tan estúpido, tan imperfecto. Justo lo que ella no merecía, estaba reflejado en cada uno de sus actos. Estaba reflejado en él. 

- _____________... – susurró él, mirándola llorar. Tragó saliva y se llenó de fuerza para poder seguir hablándole. – Mi amor, solo escúchame. – le pidió suplicante. Jamás había sentido el miedo expresarse tan bien como en aquel momento. Estaba tan asustado… - Anoche estaba jodidamente borracho, pero puedo asegurarte que no pasó nada entre esa mujer y yo. – le explicó. Se atrevió a subir ambas manos y acaricias los hombros de _____________ con los dedos. Ella no lo detuvo. Ella no hizo nada para hacer que Justin no la tocara. Ella ni siquiera lo miró, o dejó de llorar, solo se mantuvo quieta. – Soy capaz de muchas cosas ___________, pero jamás te engañaría con otra mujer. – suplicó, hablando son seriedad. Estaba diciendo las palabras que jamás había pensado vocalizar en algún momento de su vida. - ____________... – le llamó una vez más. Pero __________ todavía seguía con el rostro cubierto, sin decirle nada. Y él no sabía si aquella era una buena señal o tan solo lo estaba empeorando todo. – Por favor, dime algo. – le rogó desesperado. Maldición, sus ojos habían empezado a humedecerse por la sensación amarga que sentía por hacerle daño una vez más. Se supone que era él quién debía hacerla feliz, quién debía dárselo todo… quién debía amarla más que nadie en el mundo, pero en su historia era también la persona que más le había hecho sufrir. – Háblame… ____________, háblame por favor… - con los nervios a flor de piel, cogió ambos brazos de ___________, obligándola a quitar ambas manos de su rostro. 

Y pudieron mirarse. Y pudieron sentir cada uno la desesperación del otro. Y Justin pudo darse cuenta de que también estaba llorando. Llorando por una mujer. Por la mujer que lo tenía tocando fondo. Que lo tenía tan afectado de todas las maneras posibles. Estaba loco por ella. Loco por escucharla quererlo y por jamás dejarla ir. 

- Tú más que nadie sabe que yo era un tipo despreciable. – Justin subió ambas manos por el cuello de __________, hasta llegar a sus mejillas. – Mírame, por favor. – le rogó, apretando las mejillas de ella. – Que mi mundo era una maldita mierda. Pero estoy aquí y en lo único que puedo pensar ahora es en no perderte nunca.
_____________ volvió a sollozar, esta vez mirándole. Abrió la boca, sintiendo que tal vez podría decirle algo… pero Justin acercó la suya, besándole los labios lentamente. Se hizo un silencio corto entre los dos, hasta que él se separó, notando que __________ no había movido la boca en todo el lapso.

Con los ojos cerrados, ella intentó hablar.

- ¿Cuánto tiempo más seguiremos discutiendo? – le preguntó _________. 

- Nunca más. – Justin apretó las mejillas de ella entre sus manos. – Nunca más ___________, te prometo que…

- No… no, por favor… no me prometas nada. – ella abrió los ojos, encontrándose con las lágrimas de Justin. El rostro de él estaba asustado, desesperado, indefenso. Parecía un niño. Un niño perdido que necesitaba ser correspondido. – Escúchame… - le pidió ella. – Quizá deberíamos…

- ¿Deberíamos qué? – intervino Justin. Dentro de él sabía muy bien las palabras que ____________ le diría. Aquello solo le atemorizaba mucho más. – Por favor no…

- Unos días. Solo… solo… serán unos días.

- No… no ___________, no mi amor… - él negó con la cabeza, clavando su mirada en el suelo. Su respiración se hizo todavía más agitada y no quiso volver los ojos de nuevo hacia los de __________. Porque sabía que entonces perdería el control y terminaría gritando. – No voy a hacer esto. – insistió. – No voy a alejarme de ti _______________. 

- Déjame entender todo esto por unos días. - ___________ buscó su mirada y solo al encontrarla supo lo afectado que Justin se encontraba. Ella misma abrió la boca al notar lo desorientado que él se encontraba. Estaba aguantándose las lágrimas, tenía el rostro colorado y su mandíbula temblaba. 

- ¡No voy a hacerlo! – gritó él esta vez. - ¡No! – gritó todavía más fuerte, haciendo que ____________ retrocediera unos pasos hacia atrás, chocando contra los estantes de la cocina. – Por favor… créeme… créeme ________, no podría serte infiel mi amor… nunca lo haría. – le dijo esta vez, mirándola a los ojos. Demostrándole cuan asustado estaba. – No puedo vivir sin ti. 

- No digas eso…

- ¡NO PUEDO VIVIR SIN TÍ! – gritó fuerte y claro. Sus venas aparecieron marcadas por sobre su garganta. Tenía el semblante ardiendo en desesperación, en miedo, en pánico. – Sé que… sé que merezco lo peor, pero por alguna razón estoy aquí contigo, teniéndolo todo, y no quiero perderlo. No quiero perderte. No puedo perderte. 

Y ella se quedó callada. Y ambos se quedaron callados. Mirándose. Y ___________ sabía muy bien que sentía exactamente lo mismo que él sentía por ella. Que no podía perderle. Que lo necesitaba en cada segundo de su vida, por más extraño que esto pareciese. Y aunque aquel razonamiento, vencía totalmente todos los fundamentos que adversos… ella todavía necesitaba buscar explicaciones. Todo estaba pasando tan rápido que de repente sentía que alejarse era lo mejor… que dejarlo era lo mejor. Al menos por un tiempo. 

- Intentémoslo. - __________ pasó su mano derecha por el rostro de Justin. – Veamos… veamos qué pasa si…

- He vivido dos años sin ti ____________. Sé lo que pasa cuanto no estás. 

La miró a los ojos, esta vez sin llorar, sin demostrar nada más que sinceridad en su mirada. ¿Cómo le explicaba que sin ella lo perdía todo? El autocontrol, las ganas de vivir… lo perdía todo. Si la perdía, se perdía él. Sin ella, cada día se convertía en un problema. Y el problema, era que ella era su única solución. 

- ¿Por qué quieres dejarme? – se atrevió a preguntarle él. Aunque interiormente, se atemorizaba de escuchar la respuesta. 

- Digamos que estar contigo trae bastante por asimilar. Tan solo quiero tiempo para pensar… pensar esto…

- ¿Pensar en nosotros? 

____________ asintió con la cabeza.

- No tienes que alejarte de mí para hacer eso. – susurró él, ahora mucho más calmado. – Solo debes creerme ___________. No podría estar con otra mujer, cuando lo único que necesito es a ti. 


Él volvió a inclinarse sobre ella, besándole los labios. Esta vez _________ sí movió la boca, acomodándose entre la boca de Justin. Sintiendo entre su lengua el sabor de sus lágrimas. Segundos después, fue ella quien decidió separársele lentamente, dejando a Justin invadido por las ganas de continuar probando sus labios.


- Necesito dormir. – le propuso. – Mañana hablaremos de esto. – colocando ambas manos sobre el pecho de Justin, lo separó de ella, dándole espacio para poder irse.

Él asintió, mirándole alejarse de él y caminando hasta la habitación.

- ¿Quieres dormir sola? – se atrevió a preguntarle Justin, sabiendo exactamente la respuesta que ella le daría. 

_____________ asintió y sin decirle nada más, entró en la habitación, cerrándola después de unos segundos. Estando dentro, se dedicó a pensar en muchas cosas. En Justin. En ella. No sabía con exactitud si por lo que ambos estaban pasando, solo era uno de los típicos líos que las parejas tenían, o si aquello solo le estaba demostrando que lo suyo debía terminar. Porque muchas veces no necesitabas terminarlo todo con palabras, sino con tan solo hechos. No sabía con exactitud si aquellas peleas durarían para siempre. Si tendría que dormir sola otra noche más por haber discutido con él o si tendría que dormir preocupada porque Justin no aparecía. O si tendría que estar pendiente todos los días de su vida por si Justin no pasaba la noche con otra mujer, y si ésta lo seguía buscando… no sabía con exactitud si él podría estar preparado para lo que ella tenía para decirle. Y a decir verdad, ella tampoco sabía si lo estaba. Una vez, hace un año, él había tomado aquella noticia terriblemente mal. Y ahora… ¿Estaba preparado para enterarse de que ____________ estaba embaraza de nuevo?
 





***
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domingo, 6 de octubre de 2013

Capítulo 101

La cabeza le daba vueltas. No podía diferenciar entre un escalón u otro, pero de todas formas había logrado llegar al último piso sin antes haberse tropezado. Digamos que tenía ya bastante experiencia en el asunto. La puerta frente a él, le dijo muchas cosas antes de poder notar que tan solo era un objeto. Y al hacerlo, buscó con lentitud entre sus bolsillos la llave principal del departamento. Entre intentos e intentos, y la poca luz de luna que lo iluminaba esa noche, logró hallar la indicada. Celebró en silencio y abrió la puerta. La oscuridad nubló sus ojos. ¿Dónde estaba? Oh… claro… cerró y abrió los ojos muchas veces hasta que su sentido común le indicó que conocía muy bien aquel lugar. Encendió las luces del departamento y pocos fueron los pasos que pudo dar antes de que se tumbara sobre el diván, frente al televisor.

Minutos y minutos pasaron. Se había quedado tendido sobre los cojines, con los ojos cerrados. Sin embargo, ni siquiera el estado que lo embargaba lo había hecho cometer uno de los peores pecados de su vida. Se había negado a tener sexo con aquella mesera de bar, que le había ofrecido una y mil cosas en una sola noche. Probablemente las cosas hubieran sido muy diferente hace algunos años, probablemente ahora no estaría acostado sobre el diván de su propia casa, aliviado de no haber cometido ninguna locura. Y eso solo le hacía entender cuan loco estaba por _____________. Cuan enamorado estaba. ¿Eso era peligroso? ¿Había perdido el gusto por otras mujeres? Mnh… no lo sabía, y realmente era algo que debía analizar. Aquella castaña le había parecido muy guapa, ¿por qué mentir? Pero algo en ella, algo en todas las mujeres del mundo, le hacían saber que jamás tendría suficiente. Que jamás obtendría lo que querría con ninguna de ellas. Porque lo que quería, lo tenía ya y eso era suficiente.



La mañana llegó rápido y el sol salió tan radiantemente como pudo. Quizá se debía a la tormenta de anoche, la tormenta que Justin y ___________ habían ocasionado.

Para ella también era un buen día. Para ella, nada había sucedido anoche. Su rostro era diferente y ahora movía las caderas de un lado para otro, cepillándose los dientes frente al espejo. Radiante. Preciosa. Dejó el cepillo de dientes sobre el lavador y salió del baño personal. Frente a ella se extendía un espejo que le permitía verse de pies a cabeza. Tenía un muy buen aspecto e iba bastante guapa para la oficina, más de lo normal. Se dio un visto bueno y salió de la habitación.

Mientras ____________ abría el refrigerador y marcaba un número en el móvil, Justin despertaba de un amargo sueño. Sus ojos todavía estaban pesados y solo eso le bastaba para saber el aspecto que traía. Sin embargo, la vista no era para nada de mal gusto. Al contrario, podía divisar a su chica en tacones, envuelta en una falda tubo color negro, un saco del mismo color y una blusa de tirantes crema. Se veía tan natural, como cualquiera otro día. Como si nada hubiera sucedido anoche. ¿Eso era una buena señal? Justin se puso de pie, todavía bastante somnoliento.

- Sí, ella se ha acostumbrado bastante a ti. – dijo ___________ entretenida con el móvil. Cerró el refrigerador, con una caja de leche en su mano libre. – Vale, tienes llaves. Solo serán unas horas. Ajá…
vale, gracias. – colgó la llamada y dejó el móvil a un lado. Delante de ella tenía unos ojos marrones mirándola implorando, pero parte de su juego era no caer, ni siquiera mirarle, ignorarle por completo.
Así que eso hizo… siguió caminando por toda la cocina, aún sabiendo que Justin la miraba en busca de alguna explicación. ¿Alguna hablaría en algún momento?

- ___________... – susurró él, después de unos minutos. Pero ella seguía moviendo cosas de un lado para otro sobre la encimera de la cocina. Mientras lo hacía no dejaba de verse tan atractiva. Tan sencilla. – Nena… - volvió a llamarle él. Pero __________ no parecía escucharle y no parecía querer argumentar algo. Así que mientras ella se daba la vuelta para colocar la caja de leche en el refrigerador, Justin apareció tras su cuerpo en el acto. ___________ se volteó.

- Suéltame. – le dijo al sentir ambas manos de Justin sobre sus caderas, evitando que ella escapara. Y aunque __________ sabía que debía esforzarse por permanecer cabreada, esos ojos marrones y esa boca húmeda y rosada, rompía sus esquemas.

- No voy a soltarte. – le contradijo él. Ambos se miraron, intensamente, tratando que intimidar al otro. En ciertas cosas se parecían tanto. – Escúchame, por favor.

- Apestas.

- ___________, por favor.

- Te voy a decir algo, a partir de ahora has como si Elisabeth y yo no existiéramos ¿está bien? Justo y como lo hiciste anoche.

- Lo lamento, de verdad… yo…

- Olvídalo.

- ¡Escúchame! – gritó él.

- ¡Escúchame tú a mí! – gritó ella también. Ambos se quedaron callados después de alzar las voces, lo único que podía escucharse eran sus respiraciones agitadas. – Sé que nunca has tenido respeto por nadie, pero era tu hija quién te estaba viendo ebrio anoche. No yo, ni ninguno de tus jodidos amigos ¿de acuerdo? Era una niña de tres años que ojalá nunca sepa lo que fuiste en algún momento.

Solo sus miradas fueron quiénes hablaron en ese momento. Y ella estaba muriendo por dentro. Sabía muy bien que lo que acababa de decirle a Justin era totalmente desgarrador, podía verlo en sus ojos en ese momento. Le había dolido mucho, como a ella, escuchar esas palabras. Pero sabía que tenía razón, sabía que ella era la única persona que podía hacerlo entrar en razón aunque a veces fuera ella quién sufriera más. Sabía que ella parte de su autocontrol, parte de lo que lo mantenía siendo la persona que ahora era… La única que podía hacerlo volver a la tierra, y elevarlo de vez en cuando... Sin embargo, verlo con los ojos húmedos le partía el corazón en pedazos pequeños. Él no lloraba…

- Perdóname. – susurró él. ___________ tragó saliva. Por dentro se gritaba palabras de aliento para poder mantenerse en la misma recta en la que había empezado.

- La niñera vendrá en unos minutos. – dictó ___________. Se dio media vuelta y soltó aire. Escuchó a Justin suspirar de la misma manera, tras ella. Y él sabía muy bien que no había nada que pudiera hacer en ese momento. Lo había jodido todo de una manera espectacular. Y solo le había bastado emborracharse una sola noche. – Iré a la oficina.

“La oficina”…

Aquello solo hizo que la mente de Justin se nublara de imágenes de Max Nichols. ___________. En su departamento. Ahora que lo recordaba… ¿qué hacía anoche con ella?

Y hervía en ganas por preguntárselo. Pero vamos, lo sabía, solo ganaría mucho más problemas. ¿Pelear por ese tipejo? Estaba claro que ___________ no quería nada con él. No lo había hecho en el pasado y mucho menos ahora.

La observó sentado sobre el diván, moverse de un lado para otro. Viendo a Elisabeth, cogiendo un bolso, abrigándose y finalmente llegando a la puerta. El momento de despedirse había llegado y con él, ninguno de los dos sabía que era lo que podía pasar.
Ella se dio media vuelta, dispuesta a salir, pero antes él alzó la voz…

- También iré a la oficina unas horas. – le comentó. __________ se giró y asintió al mismo tiempo. En ese lapso pudieron mirarse de nuevo, era inevitable no adivinar lo que el otro estaba pensando en ese momento. Podía percibirse a kilómetros. Se querían. Se querían ahora. – Gati…

- No me llames así. – rogó ___________. Y él asintió, sin querer darle la contra una vez más. Debía aceptarlo, había cometido un error que debía pagar a su manera.

Sentado sobre el diván, solo pudo mirar como ___________ desaparecía del departamento. Y él se quedaba en medio de un silencio grande que solo le hacía pensar más. Todo lo que __________ le había dicho estaba en su mente y lo escuchaba una y otra vez. Era la única persona en el mundo que podía decirle las cosas de frente. Era aquel antídoto que necesitaba algunas veces, cuando sentía que no había control en él. Era el paraíso en el que debía hundirse de vez en cuando. Sin embargo, escucharla también le había hecho sacar muchas conclusiones. Lo había estropeado todo lo suficiente como para que __________ sintiera que ni siquiera podía tener respeto por Elisabeth. Y es que… tal vez jamás se haría una idea de cuánto quería a esa niña. De cuanto había aprendido a amarla. No solo había sido el hecho de haber pasado tantas cosas con ella, sino la conexión que ambos tenían.

Y aunque en ese momento había sentido en alguna parte de su corazón, que había estado a punto de perderlas… aquello solo había sido el comienzo de lo que pronto vendría.






Al menos pasarse la mañana frente a un computador le haría olvidarse de muchas cosas.

_____________ tecleaba y trabaja concentrada en lo que Max le había encargado hace ya una hora y media. En lo que iba el tiempo, había llamado a la niñera para verificar si todo estaba en orden en el departamento. Había evitado preguntar por Justin, porque sabía que aquello iba a perturbarle y ahora mismo necesitaba olvidarse de todo ese problema. Ya era demasiado con todo lo que había sucedido con su madre, ahora Justin…

- ¿Peterson? – Max se asomó por el borde de la puerta. En él había un rostro bastante amable.

- ¿Sí? - ____________ levantó el rostro.

- ¿Me dejas sentarme un momento? – preguntó él, señalando con la mirada los asientos que ella tenía frente a su pequeño escritorio. Y a __________ no le quedó otra opción que aceptar. Minutos después tenía a Max Nichols mirándola con una expresión diferente. ¿En qué pensaba mientras la veía? De pronto pudo saberlo, cuando lo escuchó formular lo siguiente. – ¿Estás bien?

- Sí. ¿Por qué? - ____________ sonrió.

- Te noto diferente. No lo sé, ¿tuviste algún problema anoche?

- Si te refieres a lo de Justin, de verdad siento mucho que estuviera así… él…

- Él es así. – la interrumpió Max. ___________ se quedó sin poder hablar o decir algo inteligente. Tenía tanta razón. Justin… él era así. Simplemente. Sin explicaciones. ¿Cuándo terminaría de acostumbrarse?

- Ha tenido algunos problemas, es todo.

- ¿Puedo hacerte una pregunta?

______________ asintió.

- ¿Eres feliz?

Ella no pudo evitar mover las manos del teclado y concentrarse del todo en Max. ¿Qué clase de pregunta era esa? Por supuesto que lo era. Lo tenía todo. Todo lo que en algún momento había deseado. Sin embargo sabía que habían muchas cosas por las que tendría que pasar para saber que en la vida nada es perfecto.

- Más que nunca. – contestó ella con seguridad.

- ¿Eres feliz junto a él? ¿De verdad? – Max frunció el ceño.

- Justin es más de lo que tú te puedes imaginar.

- Sí… - Max bajó la mirada. – Sí, lo siento… debe ser así. Te felicito ¿sabes? Él es un tipo duro, pero contigo simplemente es… es como si fuera otro.

- ¿Por qué quieres hablar de él?

- No lo sé, jamás imaginé que terminarías con un hombre como él. – Max se puso de pie y se acomodó el fino saco. Tenía en mente decirle muchas cosas más. Y la verdad es que no imaginaba como ella había podido preferir a Justin, antes que a él. Max era un tío diferente, probablemente no tenía ni la mitad de las agallas que Justin había tenido para pasar por todo lo que había pasado. Probablemente solo era un idiota que en toda su vida lo único que había conseguido era dinero. Pero, hasta ___________ podía notarlo. La diferencia era grandísima. Max tenía todo lo que una mujer podría querer. Buena pinta, un buen trabajo, clase… Se preguntaba… ¿Qué habría pasado si en vez de huir con Justin, se hubiera quedado con Max?

El móvil de ____________ empezó a vibrar sobre su escritorio, la foto de Justin estaba en la pantalla.

- Voy a…

- Sí, claro. No te preocupes. – le dijo él. Se fue de la oficina y a los pocos segundos, solo estaban ___________ y la llamada que había entrado.
No sabía si debía contestar o solo dejar que un tiempo más pasara. Ella solo había tratado de distraerse trabajando un poco, pero ahora que lo notaba, solo habían pasado algunas horas desde que habían discutido por segunda vez. Todo seguía intacto. Quizá si contestaba discutirían una vez más. Dios… él era tan impredecible. Y ella contribuía mucho en el acto.

Dejó que la llamara una vez más. Su móvil sonaba dentro de la oficina y ____________ lo pensó dos veces antes de responder.

- Hola. – le dijo ella, con la voz apagada. Al otro lado él se quedó callado por un buen tiempo. __________ solo pudo saber que estaba al otro lado de la línea cuando escuchó su suave respiración.

- Te amo. – dijo él con la voz en alto. Solo entonces ella pudo saber que él también se había pasado toda la mañana pensando en la discusión que habían tenido. Por Dios, se sentía tan culpable. Podía imaginárselo, pegado al teléfono, con los ojos cerrados y buscando fuerzas para poder decírselo todo. Lo conocía tan bien. Sabía que aquello no era nada fácil para él. Pero ahí estaba. Otra vez. Haciendo lo correcto.

- Tal vez podríamos hablar de esto cuando llegue a…

- Te amo, ____________. – repitió Justin. – Te amo a ti y la amo a ella. A nuestra hija.

Los ojos de ____________ se humedecieron por completo. Quiso decirle algo, pero sabía que rompería en llanto cuando empezara a hablar…

- No quiero que digas nada por favor. Solo ven a Jazz Zone en un par de horas.

- Pero estoy trabajando…

- Ven por mí, por favor mi amor.

“Mi amor”…

Aquella palabra resonó en sus oídos, elevándola. No podía negarse. Tal vez debía dejar que las cosas sucedieran. No más peleas… tal vez sí era momento de una reconciliación.

- Ahí estaré.





______________ se frotó los brazos. A medida que iba caminando por las calles de New York, recibía varios comentarios en voz alta que algunos hombres le decían. No veía la hora de por fin llegar al club de Jazz en el que Justin todavía tocaba algunos fines de semana. Más que un trabajo, era algo que disfrutaba hacer muchísimo. Lo había visto varias veces entretenerse mientras tocaba el piano o la guitarra y perderse todavía más cuando cantaba alguna canción de sus favoritas. Y verle era un deleite, era un completo lujo. Tenía un talento inigualable y en cada frase que soltaba cantando, todo el mundo podía deducir cuanto amaba lo que hacía.

Abrió las puertas de cristal del club de Jazz y dentro sus ojos se perdieron en medio de una multitud de personas. ¿Era posible? Eran apenas las doce de la mañana y el club estaba lleno. Sin saber muy bien de qué se trataba todo eso, buscó a Justin con la mirada, pero este no estaba en ninguna parte. Así que decidió entrar al club y meterse entre las personas que estaban sentadas en medio de las mesas circulares. Y ahora que podía notarlo, todos la miraban de una manera particular y murmullaban a su alrededor. Esto empezaba a hacerle pensar muchas cosas… cuando de pronto, el club de jazz oscureció y solo pudo verse un reflector sobre el pequeño escenario. Varias mujeres gritaron emocionadas y ________ solo intentó colocarse a un lado, sin entender muy bien qué es lo que estaba pasando.

Y de pronto apareció él. Con una camisa blanca, unos pantalones de franela negra, zapatos italianos y un peinado diferente. Estaba… joder, estaba guapísimo. Eso también podían notarlo las mujeres que lo habían ido a ver exclusivamente a él ese día. Y es que solo había bastado anunciar que daría un concierto en Jazz Zone para que el lugar se llenara de tal forma.

Justin se aclaró la garganta y acomodó el micrófono que tenía frente a él, para que este pudiera encajar con la caja de la guitarra que tenía en la mano derecha. Se sentó sobre el pequeño banco y no fueron necesarias las palabras para saber que aquella canción iba para _________. La miró y la boca de ella se abrió ligeramente, ¿qué estaba a punto de hacer?

Él empezó a rasgar la guitarra y de pronto su voz estaba en todos los amplificadores.

(Escuchar - Wake me up)

Y mientras cantaba, y mientras cada palabra salía de su boca y llegaba a los oídos de todos, no dejaba de mirarla ni un solo segundo. Y pudo notar que la mandíbula de __________ temblaba y que pronto se pondría a llorar. Mientras la canción seguía, ella fue cubriéndose los labios, riéndose por la letra de la canción y las cosas que le hacía recordar y se enjugó las lágrimas cuando escuchó el coro por segunda vez. Y se sonrió al notar que Justin había cambiado la segunda estrofa de la canción, mencionando a Maroon Five, su Mustang, y el balcón donde él solía subirse y visitarla sin antes avisar. Y él también sonrió al verla reírse en su sitio. Y ambos mantuvieron la mirada aún más intensamente cuando Justin recitó una de las partes finales. “Creo que odias el olor a tabaco, siempre intentas que lo deje, tú bebes tanto como yo y eso que yo me emborracho mucho”… y él puso los ojos en blanco al terminar aquel verso. Y lo siguiente que pudo ver fue como ____________ volvía a limpiarse las lágrimas que cubrían sus mejillas, pero a la vez ya no podía hacer nada para evitar llorar. Lloraba y reía. Y se veía preciosa. Y Justin cantó el final de la canción, y la gente se puso de pie para aplaudirlo, y lo mejor de todo fue que ella también le aplaudió. E intentaba hacer que las lágrimas no salieran de sus ojos, pero era totalmente imposible. Ya no podía contenerse, ni tampoco podía seguir fingiendo que todo estaba bien. Le necesitaba. Lo amaba demasiado, a pesar de sus errores, de sus jodidos defectos… él era tal y como era porque en alguna parte del mundo iba a encontrar a esa mujer que amaría cada uno de sus detalles. Y esa mujer estaba ahí. Mirándole cantar.


Justin bajó del escenario. De inmediato James, su asesor de muchos años, le alcanzó.

- ¿Qué ha sido todo eso? – le preguntó animado. La verdad es que toda esa presentación sorpresa le favorecía. Los ingresos que tendrían serían increíbles. 

- Dijiste que no habría problema si… 

____________ apareció justo al costado de James. Le miraba fijamente, sin esconder nada en aquella mirada. Quería decirle tantas cosas. James también notó la presencia de aquella mujer que había llamado la atención de todos cuando había llegado.

- Estaré adentro, gran trabajo. – le dijo James, buscando una manera inteligente de irse. Y poco después había escapado de los dos. Y poco después solo habían quedados ambos, mirándose…
Todo lo que Justin había planeado decir, por si las cosas salían mal, se había ido de su mente en un instante en el que sus ojos se habían perdido completamente en ______. Iba tan malditamente guapa, podía notarlo también por las miradas de casi todos los hombres tras ella. Y demonios, deseaba quejarse, pero no era el momento. Debía actuar romántico, educado… tal y como ella quería en ese momento.

- ¿Te ha gustado? – le preguntó Justin, con una sonrisa ilusionada en los labios. Sin embargo, su interior rogó mil veces porque miraba fijamente la boca de ____________, húmeda se veía terriblemente irresistible. Cuanto había deseado besársela desde ayer.

______________ asintió ante su pregunta.

- Era una sorpresa… - se quedó callado al ver las manos de ______________ estirarlas hacia él. Se quedó algunos segundos observándolas, hasta que las cogió, todavía sin entender, y ella lo arrastró poco a poco, sin que nadie más pudiera verlos, hasta la puerta del baño de mujeres del club. Justin negó con la cabeza y sonrió al mismo tiempo, cuando pudo notar lo que ____________ trataba de transmitirle. Además, tenía esa sonrisa sensual en los labios que solo le inducía a pensar cosas nada sanas. Esa mujer nunca dejaría de sorprenderlo. Se dejó llevar por ella, sin importar que en ese momento alguna persona los haya visto ya. Dejó que ___________ abriera la puerta del baño y lo hiciera entrar junto a ella. - ¿ahora tú vas a sorprenderme? - ____________ cerró la puerta del baño y rápidamente aplastó ambas manos sobre el pecho de Justin, pegándolo a la pared. Este se sostuvo de las caderas de ella y sus ojos se vieron inquietados por observar el escote que su chica traía, además también de acariciar sus piernas por debajo de la falda tubo.

- También te amo. - le dijo __________ mientras subía y bajaba sus manos por el cuello de él. Justin tragó saliva. Su cuerpo empezó a tensarse muchísimo. Tenerla tan cerca era un maldito pecado. – Por favor perdó…

- Hey, tú no tienes por qué disculparte conmigo. He sido yo quién ha cometido un error. – le dijo concentrándose en sus ojos. – Y no volverá a suceder nunca más. – prometió. Sus manos volvieron a hundirse entre las piernas de ____________. Sintió como ella pegaba su cuerpo al suyo, rozando sus senos redondos sobre su pecho. – todas las parejas tienen problemas. – Justin alzó los hombros. Con la mano izquierda acarició suavemente el mentón de ________, rozando sus dedos con delicadeza. La hizo mirarlo, y fue uno de esos momentos sublimes que ellos solían tener. Joder, amaba tanto las reconciliaciones. – Te cantaría todas las canciones que me pidieses, te lo juro. Pero no volvamos a discutir así de nuevo. – Justin miró a la boca de ________, deteniéndose en las partes que más deseaba probar. Estaba aguantando demasiado. – Creo que… - él se aclaró la garganta. Tuvo que hundir la mirada en el piso para que las palabras pudieran salir de su boca. Maldita timidez, nunca la perdería cuando se trataba de confesarle algo a su chica. – Creo que no hay una persona en el mundo que te necesite más que yo. – susurró con la mirada en el suelo y presionando fuerte el puño izquierdo. – He pensado toda la maldita mañana en una manera inteligente de hacer que me perdones y espero… espero haberlo logrado, porque puedo hacerlo una vez más sino funcionó.

- Ha funcionado. – le dijo ella, presionando ambas manos sobre las mejillas de Justin y haciendo que este subiera la mirada. Y entonces no había más timidez en él, al contrario, sentía un gran alivio al saber que ahora todo había vuelto a ser como antes y en cambio, ahora deseaba más que nunca comerse la boca de _________ con desesperación. La tenía tan cerca, que podía escuchar su respiración y sentir su aliento. Escuchó el eco de la voz de ___________ disculparse una vez más, pero en cambio él estaba concentrado en la forma en la que ____________ sobaba ambas manos sobre su pecho. Era irritante no poder hacerle el amor en ese lugar. Y Dios… esa falda… - ¿Me estás escuchando? – ella enarcó una ceja.

- Ese brillo labial te queda muy bien.

Oh… él también estaba de vuelta.

- No seas tonto.

- ¿Lo puedo probar? – Justin ladeó la cabeza, sin dejar de mirar la boca de __________ ni un solo segundo. Incluso ella se ruborizó por la intensidad de su mirada. Asintió lentamente, fijándose como los labios de Justin se acercaban a ella cada vez más. Rompiendo la distancia. Desapareciendo los centímetros. Los labios de Justin tocaron los suyos con delicadeza, sin ningún rastro de desesperación. Casi asemejándose a un roce. Incluso ________ estiró un poco más sus labios para poder besarlo más intensamente, pero él no perdía el ritmo. Suave. Preciso. Cuando terminó de besarla, Justin se separó, se quedó unos segundos con los ojos cerrados y se relamió los labios. Su lengua moviéndose circularmente hizo que _____________ pensara mal una y mil veces. Todo lo que ese hombre podía causar en ella era muchas veces tan atrevido. – Me encanta el durazno.

Ella se mordió un labio. Estiró el brazo derecho y enredó este en el cuello de Justin, atrayéndolo.

- ¿Estás seguro que no quieres probar una vez más? – le preguntó una ____________ deseosa de sentirlo besarla con mucho más ganas.

- Te sorprenderías de saber qué es lo que quiero probar ahora.

Joder… ______________ se retorcía en su sitio y los juegos que su mente le hacía no ayudaban en lo absoluto.

- ¿Qué quieres probar ahora?

- ¿Cuándo te volviste así, Peterson? Antes eras más reservada. – se burló él, sonriendo de una manera encantadora.

- Tú me has vuelto así.

- Estoy orgulloso de mi trabajo.

- Sí, y ahora mismo quiero escuchar que es lo que quieres probar.

Justin ladeó la cabeza, aún con esa sonrisa deliciosa en los labios. Sostuvo a ____________ de las caderas e hizo que las posiciones cambiaran. Ahora fue ella quien quedó sobre la pared.

- Uhm… déjame pensarlo. – Justin se sobó la barbilla, despacio. – Son muchas cosas… - dijo y sus ojos cambiaron de matiz al dejar el juego. Detuvo sus dedos sobre su barbilla y ahora estaba tenso, mirando cada parte del cuerpo de _____________ completamente concentrado. Su mirada se detuvo en los senos de ella. – Mnh… veamos. – canturreó él. Sus manos se aplastaron sobre los hombros de __________, quitándole el saco negro por las mangas. Segundos después el saco estaba en el suelo y su pecho y sus hombros habían quedado descubiertos. Una oleada de calor se pasó por su cuerpo, no podía controlarse. Toda ella estaba en llamas, sintiendo cada segundo la manera en la que Justin pasaba sus dedos por entre sus piernas. Tocando por debajo de la falda. – Creo que esto es lo primero que necesito probar. – le aseguró Justin. Pasó a inclinarse sobre ella, haciendo que su boca llegara a altura de sus senos. Abrió bien la boca y la apretó, besando la piel de ____________. Besando sus senos, e introduciendo su nariz en medio del espacio entre ellos. Al escucharla gemir, su mente ideó otras cosas. De verdad deseaba tanto satisfacerla de todas las maneras posibles e imposibles. Se había convertido en una necesidad.
Así que estiró la lengua y lamió de arriba hacia abajo, toda su piel. Y al sentir el contacto tibio, supo que había sido todo.

Los gruesos dedos de Justin cogieron los extremos de la blusa de tirantes de __________, subiéndosela. Quitándosela. La vista se le nubló al verla semidesnuda. Pero estaba tan desesperado que no deseaba perder más tiempo, así que tocó su espalda, palpando con locura hasta llegar al broche de su sujetador. Era un experto en ella, y sabía hasta que tipo de sujetadores usaba, por lo que desabrocharlo nunca era un problema. Soltó el sujetador, que cayó por los hombros de __________ lentamente, hasta quitárselo. Sus senos quedaron en bandeja para él, que empezó a masajearlos con ambas manos, mientras arriba comía su boca con una fuerza tremenda. E introducía su lengua, haciendo que la de ella también participe en el acto. Poco a poco fue dándose cuenta de que los pezones de _____________ se habían erizado entre sus dedos. Los acarició y estiró uno de ellos con los dedos.

- Oh… - gimió ___________, suave. Música para los oídos de Justin. Y mientras estiraba sus pezones, sus ganas fueron inevitables, por lo que pasó a inclinarse para meterse uno de sus senos en la boca. Apretó la lengua, y chupó. - ¡Joder! – gritó ella, convulsionando en su sitio. Lo único que pudo hacer fue enredar sus dedos en el cabello de Justin, que chupó con más fuerza al sentirla también arañándole la espalda. Pero él no se detuvo, y continuó con el otro seno, chupándolo y pasando su lengua con anterioridad. – Ah… Justin, van a… van a escu…

- Esto lo has pedido tú. – logró gemir él, entre jadeos desesperados. Y ____________ lo sabía tan bien como conocía a Justin que ahora era muy tarde para detenerlo, tanto para él como para ella.

Los dedos de Justin bajaron hasta la cremallera de la falda de tubo de ____________. La bajaron rápidamente y subieron la falda de ella, descubriendo sus piernas por completo. Ahora en cambio solo se notaban sus braguitas rosadas completamente para él. Y lucían tan inocentes, teniendo a Justin mirándoles. Era como la presa y el cazador. O mucho peor. 

- Creo que sabes muy bien que es lo que quiero probar ahora, ¿verdad? – preguntó él, gimiendo. Bajó la mirada en dirección a su erección y sintió como esta se movía entre sus pantalones. – Mierda. – se quejó para sí solo. Escuchó a _____________ gemir en aprobación, lo cual le hizo subir la mirada para observar su estado de éxtasis. Su cuerpo estaba tenso y caliente, justo como el de Justin. – Ojalá con esto puedas perdonarme del todo. – volvió a decirle, desesperándola todavía más.

Justin se separó unos centímetros de ella y posó sus rodillas sobre el suelo. La boca de _____________ se abría con cada imagen que sus ojos le transmitían. Se mordió un labio al sentir el cambio entre el frío viento y el cálido aliento de Justin, ahí abajo. Lo observó inspeccionando, besándoles los muslos y colocando sus gruesas manos sobre sus caderas. Y cerró los ojos, solo para dejarse llevar por lo siguiente que sentiría. Sin poder ver nada, logró percibir como Justin bajaba sus braguitas mojadas por entre sus piernas, dejándolas hasta la altura de sus rodillas.

- Voy a hacer que te corras en mi boca, ______________.

Ella tuvo que cerrar los ojos con fuerza y morderse la boca por dentro, para poder evitar gritar ante semejante sensación. La lengua de Justin invadió su clítoris con intensidad, lamiendo de arriba hacia abajo y en el punto exacto. El punto de su jodido éxtasis. De su perdición. Estaba tocando ahí y la sensación era increíble. Podía sentirse en otra dimensión, completamente perdida por el tacto húmedo de la lengua de su novio. Dios mío. Era perfecto. Sabía de qué manera tocarla y cómo lograr que se corriera con facilidad.

_____________ arqueó el cuerpo y enredó sus dedos en el cabello de Justin, empujando su cabeza hacia su feminidad. Haciendo que Justin la penetre con la lengua todavía más. Y aunque parecía imposible, todavía podía llegar a otros límites. Y él lo sabía muy bien. Al abrir los ojos, la imagen de _____________ semidesnuda, cubierta de sudor, despeinada, tensa y gimiendo, hizo que solo deseara verla corriéndose. Corriéndose muchísimo. Así que guardó la lengua, saboreándolo todo y abrió la boca lo suficiente como para poder chupar.

- ¡Dios, Justin! – gritó ella con fuerza. En su mente ya no gobernaba la preocupación de si alguien podía estar escuchándolos. Era totalmente mínimo. El momento era de los dos y así sería por siempre.

_____________ trató de elevar más las caderas, algo dentro de ella empezaba a surgir. Algo intenso. Algo caliente que empezaba a gobernar cada centímetro de su cuerpo. Desde los pies hasta la cabeza. Estaba a punto de correrse. Lo sentía venir, denso entre su vientre.

- Detente… - le rogó ________. – voy a co…a correrme… Jus…Justin… Oh, Dios… - se mordió fuerte los labios, hasta sentir el sabor metálico de la sangre en la punta de su lengua. Abrió bien la boca al sentir su orgasmo a flor de piel.

- Grita ___________, hazlo. – le ordenó Justin, sabiendo muy bien que eso era ella lo que necesitaba para desahogarse. Se estaba haciendo daño mordiéndose el labio y eso de todas formas no calmaría su estado. - ¡Hazlo! – gritó él desde abajo.
Ella volvió a resistirse, pero la sensación era incontrolable. Necesitaba desahogarse. Se estaba… se estaba corriendo.

- ¡OH! – soltó _____________. Gimió una vez más, y sus jadeos aumentaron. – Maldición ¡Justin! – gritó tan fuerte como pudo. Abajo su orgasmo cubría todas las expectativas de Justin, que de inmediato se puso de pie. Se desnudó en segundos y cogió su miembro con las manos, masajeándolo mientras veía a su novia correrse. De arriba hacia abajo. Apretó duro, hasta llegar al glande, y volvió a subir. Sus venas estaban más gruesas que nunca. Dios… jamás había necesitado tanto esto. Sin embargo ver ____________ corriéndose era más que suficiente. Jugó con su gruesa polla, y poco después notó la mirada de _____________ sobre ella. Y poco después, las manos de ____________ se encargaron de abrazar su erección. Y aunque esperaba que ella lo masajeara de igual manera, ____________ pasó a introducir su erección dentro de su cuerpo.

- Joder, nena… - Justin cerró los ojos. Se sintió completamente perdido por durante segundos. Completamente desorientado, y logró recuperar la conciencia cuando vio a ___________ moverse, mientras la besaba la boca con delicadeza. De vez en cuando se detenía para poder respirar y decirle…

- Te amo… - susurró ella, chocando su nariz con la de Justin. – Dios, te amo tanto. – volvió a decirle. Él abrió los ojos, se moría por ella. En momentos como esos podía comprobarlo mejor que nunca. Se moría por esa mujer. Maldita sea, de verdad estaba loco por ella y por cada detalle que tenía con él. Estaba loco por cada vez que ella le decía te amo y lo pronunciaba de una manera tan sublime, dulce y seductora a la vez. Lo elevaba tanto y hacía amarla más. Todavía más.

De pronto se escucharon dos toques a la puerta.
Ambos se detuvieron en seco y ____________ tapó la boca de Justin con las manos.

- ¿Hay alguien adentro? – preguntó alguien detrás de la puerta, mientras volvía a dar dos toques.

_____________ se apretó los labios, mirando de Justin. Y este no pudo evitar reírse en voz baja al ver la expresión de ____________. Le faltaba un poco para empalidecer por completo, pero también se reía, lo cual era gracioso.

- Sí, enseguida…

- Use otro baño. – gritó Justin, agudizando la voz y tratando de asimilarla a la de una mujer. ____________ abrió la boca.

- ¿Qué haces? – le preguntó en susurros.
Algunos pasos se escucharon desde afuera y de pronto la mujer que había estado tocando la puerta, ya no estaba más.

- Se ha ido, ¿lo ves? Funcionó. – la apretó de la cintura y le besó la boca con delicadeza. – Ha sido un muy buen polvo.

- Oh… ya eres tú de nuevo. - __________ ladeó la cabeza, sonriéndole irónicamente.

- ¿Me extrañaste? Sé que amas mi lado pervertido. – volvió a besarle la boca una vez más.
Sonriéndole. ______________ también le correspondió el beso, acomodando sus brazos sobre los hombros de Justin. – Lamento tanto haberte hecho el amor aquí… no pude aguantarme.

____________ soltó una risita al escucharlo.

- Ese uniforme te queda de puta madre ¿lo sabes?

- Me lo han dicho antes.

- ¿Quién?

Ella volvió a sonreír al mirarlo. Lo que sus ojos podían registrar era a ese hombre guapísimo muerto de celos. El mismo Justin de siempre, y aquello solo le hacía sentir que las cosas estaban bien entre ellos una vez más.

A punto de besarse de nuevo, el móvil de Justin sonó entre sus pantalones.

- ¿No vas a contestar?

- Quiero besarte.

- Pero… - Justin le besó la boca de improvisto.

- Ahora sí. – con una sonrisa en los labios, Justin pasó a sacar su móvil de entre los bolsillos traseros de su pantalón. El número que vio en la pantalla no se le hizo conocido en un primer momento y solo hasta que ____________ se inclinó para verlo de igual manera, él pudo por fin saber de quién se trataba.

Contestó de inmediato.

- ¿Kate? ¿Qué sucede? – preguntó Justin, que miró a __________ con expresión confundida.

- Siento… siento mucho molestarlo yo…

- ¿Estás bien? – volvió a cuestionarle Justin.

- No. – Kate; la niñera, tragó saliva. Dentro del departamento, veía a Elisabeth ver la televisión cómodamente. Admiraba mucho su tranquilidad, porque en cambio ella tenía los nervios de punta. – Necesito que venga de inmediato.

- ¿Ha pasado algo con Elisabeth? – la voz de Justin cambió de matiz al preguntar por su hija. Su cuerpo se tensó por completo y por primera vez… después de tanto tiempo, sintió el miedo recorrerle todo el cuerpo. – Joder, dímelo ¿ella está bien?
_____________ frunció el ceño, abriendo los labios suavemente. Su corazón también se había helado en ese momento.

- Lo está. – contestó Kate. – soy yo… he recibido llamadas amenazantes todo el maldito día. – dijo con la voz entrecortada. Tenía los ojos cerrados y las manos sobre la boca, evitando que Eli pudiera escucharla llorar. – No puedo seguir aquí. – confesó. – No sé quiénes son… se lo juro, pero han amenazado con venir y llevarse a Elisabeth. – esta vez no pudo evitar llorar al decir las últimas palabras. Se había encariñado tanto con esa niña y el escuchar en aquellas llamadas anónimas que planeaban llevársela, le había helado el corazón. – Y… - Kate guardó silencio. Parte de lo que había pasado durante las últimas llamadas, le había hecho volverse paranoica. Ahora miraba cada esquina del departamento con terror, como si aquellos que la habían estado llamando pudieran escucharla u observar lo que hacía. Pero debía decírselo. – Y ellos… ellos también quieren asesinarlo. 



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PD: No podré subir capítulos durante esta semana. Tendré exámenes y viajaré el viernes hasta el próximo miércoles :( pero les  dejaré unos adelantos de lo que pasará en el capítulo 14 y 15, aquí en mi Twitter -> @skynothelimit, no pueden perdérselos :D