miércoles, 3 de julio de 2013

Capítulo 81

Narra Justin:

Estuvimos bailando un par de horas más. El ambiente se volvió todavía más movido y no tuve problema en ponerme de pie y seguir bailando con ella. Además de lo alegre, distraída y relajada que estaba. 

Verla así me reconfortaba muchísimo. Joder, por fin está viviendo lo que se merece. Sé muy bien que ella, además de mí, se lo pasó muy mal hace dos años. Separarnos fue una maldita pesadilla. Un infierno.
Mientras conduzco el ahora renovado y un poco menos estrepitoso Mustang, ______________ descansa en el asiento copiloto después de haberlo reclinado y haberse acomodado en él. La miro de reojo, va algo despeinada y con los típicos rasgos de una persona pasada de copas. Sí, ha sido mi culpa, pero me siento orgulloso. Ahora mismo no serviría de nada que se lo dijera, pero mañana será un buen momento para recalcárselo.

Las luces de los faroles entran por el parabrisas. _____________ se mueve en el asiento copiloto, cubriéndose la cara y gimiendo despacio. No puedo evitar sonreír. Y al voltear la mirada hacia ella, noto que abre los ojos y coloca su mano izquierda sobre mi pierna derecha.

- ¿Dónde estamos? – pregunta desorientada. Sus pequeños dedos están sobándose sobre mi pierna. Y aunque hay tela de por medio, juro que se siente muy bien.

- Te voy a llevar a casa. – le digo mirándola. _____________ vuelve a cerrar los ojos, pero sé que no está durmiendo.

- ¿Dónde está Elisabeth? – vuelve a abrir los ojos. Su mirada toca la mía. Puedo saber que realmente está en un mal estado al inspeccionar sus ojos. Aunque si ella podría contárselos, les diría que mis ojos son un tanto diferentes en este momento. O mejor dicho la mirada que tengo ahora. Que el verla “borracha”, despeinada, desorientada y con esa voz que se asemeja a los gemidos… no hace más que dejarme hambriento.

- Voy a recogerla, pero quiero dejarte en casa primero.

- Quiero ir contigo.

Y ahí empezamos de nuevo.

Niego con la cabeza. Hasta estando ebria, es terca.

- Te voy a dejar en casa ¿vale? – frunzo el ceño.

- Quiero ver a mi hija.

- Y la verás. Pero mañana, en un mejor estado, después de haber dormido diez horas.

Gruñe despacio y se estira en el asiento.

- Perdona, no quería terminar así.

Se pone de lado y vuelve a acariciarme el muslo. Lento. De arriba hacia abajo. Mi corazón palpita fuerte. Mis pantalones también lo hacen. Trago saliva y logro atrapar su mano para atraerla hacia mí.

- Ha sido mi culpa. – mi mano se enlaza con la suya. Su tersa piel hace contacto con la mía y es tan sutil. Encajamos perfectamente. Muevo los dedos, acariciándola.

Se queda callada, pero sé que está despierta porque ha empezado a mover los dedos sobre mi mano de la misma manera en la que yo lo estoy haciendo. No puedo evitar sonreír, y no sé por qué. Una de las cosas que he aprendido desde que conozco a ______________, es que puedo sonreír por cualquier cosa que ella haga aunque no tenga un significado. Puedo sonreír con tan solo verla. Con tan solo sentirla. Solo entonces puedo darme cuenta de cuan mal estoy por ella…

- Estás guapísimo. – giro el timón, doblando la esquina y al encontrar la calle libre, volteo el rostro para poder mirar a _________________.

Está sonriendo. Esa sonrisa un tanto traviesa que me pone bastante tenso. No deja ver los dientes, pero sí sus intenciones.

- Y tú, no sabes cuánto.

Lentamente su mano deja la mía abandonada. Debo voltear la mirada y la concentración hacia las calles de New York para seguir conduciendo, pero mis reflejos pueden captar a _______________ moviéndose sobre el asiento.

- ¿Qué… qué ha…

Está arrodillada sobre el asiento copiloto y ha puesto ambas manos sobre sus piernas. Miro el retrovisor, en vista de no saber qué otra cosa hacer y la escena que diviso me calienta tanto… _________________ se inclina y me besa la oreja lentamente.

Cierro los ojos. Mierda, que estoy conduciendo…

- Gracias por la maravillosa cita. – vuelve a inclinarse y a estirar los labios. Puedo sentir su respiración jadeante inspeccionar sobre la piel de mi cuello, mi nuca, mi oreja. Segundos después de pasearse y dejar su olor en mí, vuelve a besarme pero esta vez en la mejilla.

- ¿Sabes lo peligroso que es besarme de esa forma mientras conduzco?

- Tal vez sí.

- Eres una chica mala __________________. – niego con la cabeza, recibiendo extasiado otro beso más de su parte. Mis pantalones arden en fuego, puedo sentir mi polla palpitar ante el contacto de sus labios contra mi piel. Es poderoso. Muy poderoso. – mi chica mala. – susurro una vez más.

La carretera está limpia, así que no dudo en presionar el acelerador.

_________________ se mese hacia adelante, pero coge mi cuello apoyándose y sonríe, mientras vuelva a la misma posición.

Se acerca a mí y me besa la oreja una vez más. Abre un poco la boca y jala con los dientes el lóbulo de mi oreja. Aprieta suave y creo que está susurrando algo que no puedo entender gracias al sonido de los motores del auto. Y no se detiene. Después de hablarme al oído, su nariz baja hasta mi cuello para rebuscar en él y llevarme al límite de mi autocontrol. Voy a ser sincero, aunque creo que esto ya está bastante claro, me muero por hacerle el amor.

- Detente. – le ruego. Mi voz es ronca y delata perfectamente mi estado. – no puedo conducir así, gatita.

- Sí puedes. – me anima. La voz suave de _______________ no se hace más que ponerme en un estado mucho peor que el anterior. Sus manos tras mi espalda me acarician lento, empujándome hacia ella. Sé que hace esto por lo afectada que está por haber tomado conmigo. Ahora mismo tenerla de esa manera me genera cierto tipo de pensamientos perversos.

Aprieto un poco más el acelerador.

Todos mis músculos se tensan. Mi cerebro todavía está procesando que la tengo a mi costado, lamiéndome y besándome, y todavía no he hecho nada. ¿Algo está mal conmigo? Tiene que ser eso.

- Hagamos el amor…

Mierda.

- ¿Mnh?

Si supiera las ganas que tengo de follarla. Volteo el rostro y le correspondo el beso que está a punto de darme. Nuestros labios se juntan y ella vuelve a devorarme con fuerza. Jalando, chupando y lamiendo. Su intensidad es salvaje. Me encanta. Maldición, me encanta todo esto. Intento abrir los ojos para no perder de vista la carretera, por suerte hemos llegado y el edificio del departamento está justo en frente de nosotros.

Detengo el auto y mis manos se enredan inmediatamente en el cuello de _______________, presionándoselo, la atraigo hacia mí para que su boca se introduzca en la mía más profundamente.
Segundos después nuestras lenguas se están tocando como casi siempre. Su sabor es algo así como una mezcla de alcohol, frutas y deseo. En medio de aquel beso, abro los ojos en el afán de observar cómo se derrite cuando empiezo a tocar su cuerpo. Mis dedos se pierden en su piel descubierta y paso a tocar más allá de solo su espalda.

De pronto nos soltamos. Estoy seguro que si no se necesitara respirar, nosotros no nos separaríamos nunca. Me hundo en su cuello y en el perfume natural de su cuerpo. Su cabello hace cosquillas mi cara y la cubre casi completamente. Enrosca ambos brazos en mi cuello y deja reposar ambos brazos sobre mis hombros. Ni siquiera sé cómo, pero ha logrado posicionarse sobre mí. Las dos piernas en ambos lados de mi cuerpo. Todo ha pasado tan rápido.

Suavemente bajo las manos de su espalda hasta el culo. La escucho gemir allá arriba. Y en este momento en eso se basa el ambiente. Nuestros gemidos y nuestras respiraciones jadeantes gobiernan. Es tan excitante.

- Vaya… - susurra ______________. Puedo ver que está sonriendo gracias a las luces exteriores de los faroles. Poco después pasa a morderse el labio inferior. – estás bastante tenso. – me dice y se mueve, subiendo y bajando su cuerpo con suavidad.


Puedo saber a qué se refiere cuando siento bajar su cuerpo contra el mío. Mnh… nena… por Dios, está sintiendo mi erección.

- Demasiado. – respondo con la voz todavía más ronca. No sé cómo no he perdido los papeles aún.
________________ sonríe, mordiéndose el labio, alza una ceja y pega su pecho contra el mío. Me voy obligado a bajar la mirada. Cuando puedo darme cuenta, está a punto de hacerlo de nuevo.
Sube y baja su cuerpo con delicadeza sobre mi entrepierna, sobando lento.

- _________________ por Dios. – estoy gimiendo. Solo soy consciente de mis jadeos ahora mismo. Mis manos aprietan sus piernas, haciendo que su bonito cuerpo quede lo suficientemente unido al mío.
La veo sonreír, una sonrisa traviesa y a la vez maliciosa.

- Tengo que dejarte. – le digo luchando con todas mis emociones y demonios interiores, que solo piden que la desnude y le haga el amor con fuerza. – he quedo con Emily en que iría por Elisabeth antes de las doce.

Me mira. Sus ojos brillan por el contraste de la luz y su rostro está levemente decepcionado. Sé que quiere seguir jugando. Parece una niña… una niña inocente que no ha recibido su preciada recompensa. Joder… ¿Y quién soy yo para no dársela?

- No me deseas. – cruza ambos brazos, colocándolos sobre su pecho.

Por dentro todo en mí es fuego. No puedo dejar que se vaya con esa impresión. Desearla, es muy poco para todo lo que siento por ella.

+

Tardamos minutos en subir al departamento. Y lo mismo pasa conmigo cuando empiezo a desnudarla. Está tumbada sobre nuestra cama. Riéndose sin saber por qué y completamente desnuda. Las hondas de su cabello están alborotadas y caen por sus hombros, deslumbrantes. Ella lo es. Me quedo parado frente a ella, aún sin posicionarme en la cama, mirándola extasiado.

Mis ojos se nublan. Este es mi paraíso. La veo estirar un brazo, seguramente pidiéndome que vaya con ella. Sonrío y le entre mi mano, entrelazándola con la suya y hundiéndome sobre su cuerpo.

Tengo la ropa puesta, pero mientras empiezo a besarle los labios, ______________ se encarga de desabrocharme los pantalones con habilidad y bajarlos hasta la altura de mis rodillas.

Volvemos a comernos. Desesperados. ¿Por qué desesperados? Aún sabiendo que nos tenemos a los dos por el tiempo que queramos, el hecho de besarnos nos hace volvernos inmunes al razonamiento y a lo que ya sabemos. Es satisfactorio pero jamás… jamás obtenemos suficiente.

Me despeina el cabello como casi siempre. Sus dedos frotan sobre mi pecho segundos después y pasan a tocarme los hombros, los brazos, la espalda, la cintura, el culo…

Pasa a susurrarme “Te quiero” muchas veces. Estiro los labios y logro alcanzar su frente con ellos. Pero mis labios deciden seguir inspeccionando en sus pechos, haciendo que estos reaccionen. Mi nariz toca sus pezones ahora erectos. Siento como me jala el cabello con fuerza, haciéndome gemir alto. Al mismo tiempo siento el impulso de morderla, y no dudo en hacerlo al notar que se está aferrando duro.

- ¡Oh! – grita alto y alza las caderas. Mis dientes presionan una vez más. ______________ jadea rápido, y pronto noto que sus manos pasan a posicionarse tras mi espalda. – Dios… - gime y me aprieta la espalda.

Escucharla gemir nunca dejará de ser uno de mis más grandes placeres. Sin embargo, aunque me gustaría escucharla gemir un tiempo más, alguien está esperando por mí en la casa de Emily Prescot.
Estiro el bóxer y lo bajo hasta la altura de donde se encuentran mis pantalones. Como debí imaginarlo, mi polla está realmente dura y elevada. Erecta. Lo suficientemente lista, y por lo que puedo notar, ________________ también lo está.

Mis manos tocan sus piernas y las abro, haciendo que mi polla toque su entrada. El límite entre el cielo y el infierno. Todo a nada.

Entro en ella completamente. Sin límites de control. También estoy bastante exhausto de esperar. Algo que ella sabe muy bien es que para lo único que no soy de fierro, es para esto. La siento elevar las caderas y gritar mi nombre lo suficientemente alto como para que los vecinos puedan escuchar. Sí… estoy follando a mi novia.

Aprieto los dientes, gruñendo jadeante y envuelto en llamas. Salgo de ella y no espero mucho en volver a penetrarla con la misma intensidad. Nuestros cuerpos se mueven. Ella entregándome su feminidad y yo follándola tanto como puedo. Está cubierta en sudor y apenas he empezado a moverme realmente.
Mis dientes buscan su cuello y la muerdo suavemente a la misma vez que me siento expuesto a soltar un gemido. No puedo controlarlo. Muevo las caderas sobre ella en círculos, metiendo y sacando, dándole y recibiendo de la misma manera. _________________ está derretida en mis manos, solo tiene fuerza para desahogarse en gritos suaves que delatan lo que está haciendo.

- Grita duro. – le pido. Escucharla me hace sentir poderoso.

- ¡Sí! – lo hace antes de que termine de pedírselo. - ¡Oh! – la veo cerrar los ojos con fuerza y perderse entre lo que estamos haciendo.

- Hace tiempo que no te hago llegar.

Sus gemidos abrazadores son para mí una respuesta. Me siento en la necesidad de seguir moviéndome. Subiendo y bajando. Duro. Duro… muy duro. Penetrándola completamente y sin restricciones. Agotándome. Buscando con desesperación el punto de su orgasmo. Quiero hacerla feliz en cualquiera manera posible. Cada segundo se hace más agotador. Soy yo el que va a llegar primero y se lo entregará todo. Voy a explotar. Lo siento juntarse en el límite de mis emociones. Voy a correrme… pero quiero que ella también lo haga. El momento se pone cada vez más tenso. Está gritando, teniéndome con fuerza, hecha polvo y a punto de venirse. Sí… también puedo olerlo. Está viniendo…

Y cuando siento que no puedo seguir, ________________ se corre junto a mí. Dándomelo todo, todo… como yo a ella.


+++

Elisabeth se ha dormido.

Emily por otra parte, miraba la hora en su reloj de mano para que Justin apareciera. Rogaba en su interior para que todo haya salido bien esa cita que tanto le había costado preparar a ese hombre. Se le hacía jodidamente atractivo que un tío que nunca había hecho nada por alguien, hiciera esto por su mejor amiga. Después de todo, ella siempre tuvo fe en que esos dos ter
minarían juntos. Y no se equivocaba…

Alguien tocó la puerta de su departamento. Se puso de inmediato de pie, dejando su cama y a Elisabeth, y caminó hasta la puerta principal.

Al abrirla, no era Justin exactamente quién estaba detrás.

Fumaba un Derby más o menos consumido. Como siempre esa pinta de tío malo y metido en problemas todo el tiempo. En él, definitivamente las apariencias no engañaban.

- ¿Me dejas pasar?

Emily se quedó callada.

- Es tarde.

- ¿Y qué? ¿no dejas pasar a gente a tu casa después de las doce?

- Es que no tengo ganas de dejarte pasar.
Travis enarcó una ceja.

- Pensé que eras más callada.

Dejó salir el humo de su boca, hacia un lado.

- ¿Qué quieres aquí?

- ¿Por qué me tratas así, Emily? – volvió a enarcar una ceja. Su semblante, malditamente sexy, se posicionó inocente. Esos ojos azules la miraron deseoso. Muy deseoso. Tenía que admitir esta mierda por la que estaba pasando. No sabía por qué, pero no había dejado de pensar en la chica de ojos verdes.
Emily retrocedió unos pasos al escucharlo decir su nombre. La combinación de este en los labios de Travis lo hacían sexy e incluso deseaba escucharlo una y otra vez.

- Que te vayas ¿vale?

- ¿No te caí bien ese día?

- Detesto a los tipos que fuman.

Ah… ¿se trataba de eso?

Travis sonrió, malicioso.

Inhaló un poco de humo y lo exhaló al costado de Emily. Esta se apartó de inmediato, moviendo las manos con la intención de esparcirlo para otra parte.

- ¡Lárgate!

- Algún día compartirás uno conmigo.

- Eres un imbécil. – le gritó. Por fin podía dejar salir su verdadero carácter con Travis al frente. Con él solo había sido inocente cuando lo vio por primera vez. Pero no ahora. No cuando fumaba en su jodida cara y encima le hacía cabrear de esa manera.

- ¿Quieres que te diga algo? He venido aquí porque estuve pensando en ti en los últimos días.

- Cállate ¿vale? Estás dici…

- La verdad. Te advierto que ni siquiera a mí me gusta.

- Entonces lárgate.

Sus manos empujaron a Travis con fuerza hacia la salida y poco después cerraron la puerta tras él.
¡Maldición! ¿A qué había venido? Había tardado mucho en dejar de pensar en él desde que lo había visto. Además ________________ le había hablado más de él, lo que significaba en su vida y por qué se había ido. Supo entonces que tal vez Travis estaba enamorado de _______________ y que… que esas malditas fantasías que ella había creado sola… no serían más que eso, fantasías que jamás se cumplirían… ¿o se equivocaba?

+++

Buscó la moto en medio del aparcamiento. Estaba bastante cabreado. ¿Qué coño había llegado a hacer en la casa de la mojigata amiga de ______________? Encima con esa actitud tenía bastante claro que no le gustaba en lo absoluto. ¿Qué creía? ¿Qué podía conseguir sexo de una noche por ir a verla? Mierda. Todo tenía que salirle mal en estos últimos días.
Tiró el cigarrillo al suelo. Sus ojos no podía divisar su Harley Davidson. Su única amiga que de verdad estaba en las buenas y en las malas. La había puesto en venta en una tienda de automotores hace unos años, debido a que tenía que viajar a diferentes partes por Tentation. Pero la moto tenía fama de ser suya. De ser la preciosa e intocable moto de Maslow. Nadie la había comprado por ese motivo y por lo mismo, hoy podía conducirla de nuevo.

Sin embargo esa noche no podía encontrarla. Estaba seguro que la había dejado en una esquina junto a una camioneta Toyota roja bastante antigua.

La calle estaba desolada. Y algo en él le hacía deducir que la desaparición de su moto se debía a eso, que algo no anda bien. Apretó los puños y caminó hasta la camioneta roja que seguía ubicada en el mismo lugar. A medida que iba avanzando, sus pasos se hacían más ruidosos y la paranoia le perseguía haciéndole imaginar cosas que empezaban a atemorizarle. Pero joder… que era Travis Maslow, nada podía atemorizarlo.

Dándose fuerza a mismo, llegó a la camioneta. Lo siguiente que sus ojos pudieron ver fue como tres hombres aparecían tras ella, cada uno posicionado con una Glock apuntándole. Pero no tuvo tiempo a si quiera moverse o decir palabra alguna, un saco de lona negra le cubrió el cuerpo entero hasta los pies. Intentó moverse. Intentó con todas sus fuerzas escuchar algo. Intentó, aunque su jodido ego se lo negaba, pedir ayuda… pero era demasiado tarde. Lo siguiente que pudo sentir fue como unas llantas se movían rápido. El sonido de un motor. Dos personas hablando en murmullos. La música de un auto. Y la campanada de las doce de la noche. 

sábado, 29 de junio de 2013

Capítulo 80


Me acomodo la cazadora de cuero viejo. Es una de mis favoritas y probablemente no la usaría en otras ocaciones más que en esta. Mirándome al espejo, me peino el cabello con los dedos con el objetido de que luzca aceptable. Al mismo tiempo repaso en mi cabeza la lista de cosas que debo hacer y que deben estar hechas. Pero es difícil. Es que jamás he organizo algo como esto en toda mi vida. No voy a negarlo, estoy ligeramente nervioso y me sudan las manos como a un niño pequeño antes de navidad. Tengo a ___________ en la mente, intentando decifrar la reacción que tendrá cuando sepa que he reservado una mesa para nosotros en una restaurant con música en vivo. Y verdaderamente me he lucido. El lugar es caro y la mesa está prácticamente alejada de las demás. Algo que para ser honestos, también me conviene. 

También me he asegurado de dejar a Elisabeth en casa de Emily esta noche. Las dos se llevan bastante bien, así que no tuve problema. 

Sin embargo, aunque creo tenerlo todo planeado, me siento como un estúpido adolescente nervioso. Como si fuera una primera cita. Como si fuera la primera vez que voy a tenerla a solas, cuando sé perfectamente que es todo lo contrario. Que si de momentos a solas se trata, nosotros ya tenemos bastante experiencia. 
Los minutos pasan y está a punto de llegar al departamento después de trabajar unas horas en la cafetería. 

¿Cómo es que tengo que decírselo? Estos detalles siempre suelen ser uno de los más difíciles. Al menos para un hombre como yo, que no pasaba de follar hace unos años. Sin embargo con Marie aprendí mucho. Tuve varias citas con ella. Pero nunca experimenté este jodido revolcón que estoy sintiendo en el estómago en este momento. Nunca tuve tantas ganas de pasar tiempo a solas con alguien como con __________________. 

Y hablando de tiempo a solas… creo que ambos lo necesitamos…

Escucho la llave girar en la cerradura del departamento. Mi corazón late rápido y ruge tanto como el motor de una motocicleta. Mierda, de verdad estoy nervioso. 

Cierra la puerta principal y escucho sus pasos acercarse a la habitación. Trago saliva y me alejo del espejo para poder esperarla con la mejor pinta posible. He hecho un gran trabajo, sinceramente. 
______________ abre la puerta, de inmediato la siento colocar sus ojos sobre mí. Sobre toda mi anatomía. Está mirándome y sé que se pregunta qué me traigo en las manos. Conozco su mirada. Empieza sonriendo lentamente, hasta formar una gran sonrisa en los labios que me hace poner aún nervioso. 

- ¿Hay algo que quieras decirme?

¿Cómo demonios lo sabe?

- Mnh… tal vez. – le digo y bajo la mirada de inmediato. Mis ojos se clavan en el piso, pero puedo reconocer que __________ está sonriendo. 

- Que guapo estás. – cierra la puerta de nuestra habitación y puedo escucharla acercarse a mí. - ¿Dónde está Elisabeth? – pregunta calmada. 

- La he dejado en casa de Emily.

- Oh… ¿por qué? – subo la mirada y la encuentro enarcando una ceja. Está preciosa. Hasta para irse a esa cafetería está preciosa. Trae unos jeans pegados al cuerpo y una camiseta escarlata con los dos primeros botones desabrochados. 

Respiro hondo. Vamos, concéntrate.

- Pensé que sería buena idea.

_______________ frunce el ceño, todavía con una sonrisa en los labios. Sé que no entiende nada y el hecho me reconforta, quiero que todo salga bien. Así que me acercó a ella a pasos lentos. Muy lentos. Cada centímetro va desapareciendo y su proximidad hace que quiera perder los papeles. Hace que me sienta en el paraíso del que estoy acostumbrado. 

______________ va alargando su sonrisa a medida que me voy a acercando. Es tan sublime. Por fin estiro los brazos y toco sus caderas, empujándola para que quede junto a mí. Nuestros cuerpo se juntan. Toco. Acaricio. Me deleito varios segundos donde me gustaría tanto ser la palma de mi mano. Hundo mi rostro en su cabello, embriagándome con el olor de este. Sin embargo, mis labios buscan su piel muy desesperadamente. Y al así hacerlo, le beso la boca lento. Abriendo lento. Mordiendo lento. Sintiendo lento. _________________ enreda sus dedos entre mi cabello y en un acto de demostración, lo jala y lo despeina a su gusto. Toda mi faena se ha ido al agua gracias a las manos de la chica para la cual quiero lucir bien. Así que… todo bien. La verdad no me importa. Toda las ganas que he tenido de verla por la mañana y por la tarde se vuelven una sola. Estoy desesperado. Ardiendo. Gimiendo por dentro. ________________ tiene un poder tan grande sobre mí… y aunque podría completar este beso y terminarlo en nuestro lugar favorito, necesito concentrarme. 

- Oye… - le susurro en medio de nuestros alientos. ________________ abre los ojos. – es que tengo que decirte algo. – acaricio su espalda. Subiendo y bajando.

- ¿De qué se trata? – frunce el ceño.

- Llevé a Elisabeth a casa de Emily porque… tú y yo tenemos una cita. – me quedo callado y la veo abrir los labios lentamente. Su rostro cambia de color, al igual que sus ojos. Está emocionada. 

¿Por qué a las mujeres les gustan tanto este tipo de cosas?

- ¿Una cita? – me pregunta ilusionada.

- Sí. Tú. Yo. Comida. Música. Y algunas cosas más que no puedo decirte. – alzo los hombros y me fijo en su reacción. _____________ suelta un gemido de felicidad y alza sus brazos para acomodarlos en mis hombros. Se cuelga de mí, colocándose de puntillas. Mi cuerpo se tensa. Me estoy riendo y no sé por qué. Su risa me hace reír a mí también, es contagiosa, es preciosa. Podría escucharla todos los días y estaría bien. Le abrazo la cintura, mientras ella hace lo mismo con mi cuello. 

- Por Dios… - dice de repente. Deja de abrazarme y veo su rostro preocupado. 

- ¿Qué sucede?

- Tengo que cambiarme. 

Oh. Debí suponerlo.

- Sí… cla… - se pone de puntillas una vez más y alcanza mis labios con los suyos. Me besa bastante suave, pero hay cierto nivel de calentura en sus labios. ¿O tan solo soy yo? 

- Dame unos minutos. – sonríe y coloca ambas manos sobre mi pecho, empujándome hasta la salida.
Inocentemente, de verdad espero unos minutos sentado sobre el sofá de la sala. Pero sucede que espero más o menos una media hora a que ______________ termine de arreglarse. Mujeres… mujeres… mujeres… 

Mientras espero, puedo escuchar el sonido de sus tacones dentro de la habitación. Me la imagino arreglándose frente al espejo. Luciendo preciosa. Maquillándose. Peinándose. Cambiándose. Haciéndose ese no sé qué que tanto me pone. Tiene una habilidad alucinante para hacerme perder la cabeza con solo verla. Es entonces en ese momento donde me doy cuenta que amo todos sus detalles. Cuando se pone esos vestidos cortos. Cuando está en pijama. Ropa interior. O lo que lleve puesto. Cada pequeña cosa me hace desearla muchísimo. Me hace quererla más. Sus gustos. Sus preocupaciones. Sus miedos. Todo en ella me gusta tanto. Y aunque a veces se me hace tan difícil aceptarlo, sé que ella ama todas mis lados también. 

Segundos después, la puerta de nuestra habitación se abre. Me pongo de pie y abro los ojos todavía más al verla salir caminando con unos zapatos de taco ancho color marrón, pantalones a la cadera del mismo color y una camiseta blanca que se he amarrado en el espalda y que deja ver su deliciosa piel. Tiene el cabello suelto, las ondas suaves caen por sus hombros y está maquillada ligeramente. Y es que ni siquiera le hace falta. Su escote llama mis ojos y no puedo evitar mirárselo. Y no me detengo, miro cada parte de su cuerpo. Está radiante. Y no la he hecho falta ningún vestido caro o algo brillante para llamar la atención. 

Maldición, ¿podríamos dejar la cita para otro día?

- Ya está. – me dice satisfecha. 

- Sí…

- ¿Si qué? – ríe y se me acerca. Sus tacones resuenan en el piso. 

- Nada es que… no sé que decir. 

- ¿Y eso es bueno o malo? 

Nos miramos. Maldición ______________, detente…

- Bueno. – murmuro y mi lengua moja mis labios, mirando los de ___________. – bastante bueno. – digo una vez más. Doblando el sentido. Ahora yo soy quién da unos pasos, la tengo lo suficientemente cerca, y aunque piensa que voy a tocarla, no lo hago. – estás preciosa. – murmuro y le acomodo el cabello tras la espalda. La veo sonreír. – y verte así me hace pensar cosas muy malas. – sonrío al terminar de hablarle. _____________ me empuja suavemente y yo finjo estar adolorido. Cojo sus muñecas antes de que ella pueda alejarse de mí y nuestros cuerpo vuelven a estar juntos. Piel con piel. Mirándonos. – será una gran cita, lo prometo.


**


El lugar está lleno. Las meses alrededor son ocupadas por varias parejas. El ambiente es bueno y la música le acompaña. Un tío de probablemente dos años más que yo, está cantando un cover de “She will be loved” de Maroon five sobre el escenario, junto a otro que toca la guitarra. 

________________ está frente a mí, mirando al tío cantar y bastante embelesada por la habilidad que tiene este al hacerlo. Como dije, nuestra mesa está relativamente separada de las de los demás y el restaurant tiene la característica de tener las luces apagadas, dejando solamente un reflector potente hacia la dirección del escenario, que también da luz a las demás mesas. 

Sus piernas tocan las mías bajo la mesa. Sonrío al sentirlas y vuelvo a mirarla. Sus ojos brillan y está cantando “she will be loved” en voz baja. Claro, se trata de una de las canciones de su banda favorita. Sus dedos juegan con la mesa, haciendo un sonido acorde con la música. 

A continuación, un camarero aparece con una 
bandeja llena de chupitos.

- Cortesía de la casa. – nos sonríe y deja los vasos pequeños sobre la mesa. Uno del lado de _____________ y otro en mi lado. Noto, sin embargo, una sonrisa tímida cuando le entrega el vaso a ________________. Pero ella no lo nota. ¿O solo soy yo quién está siendo demasiado paranoico? 

El camarero desaparece. 

- Te estaba mirando. – le digo levantando la voz para que pueda escucharme. Al mismo tiempo encojo los hombros, como si no quisiera darle importance. 
___________ pone los ojos en blanco y coge el vaso de chupito entre sus manos.

- ¿Y si mejor brindamos? – enarca una ceja. 
Joder, sí, tiene razón, tengo que dejarlo pasar.
Ladeo la cabeza y cojo mi vaso para estirarlo hacia el de ella y poder chocarlo. _____________ sonríe y al chocar su vaso con el mío, lo vuelve hacia ella y se lo toma de una sola pasada. 

- ¿En serio? – abro más los ojos. Está tragando y al terminar, me sonríe satisfecha.

- ¿En serio qué? 

- Esto. – muevo mi bebida de un lado para otro. 

- Hace tiempo que no salía a lugares como estos. – me dice, mirando a su alrededor con un toque de nostalgia. Entonces puedo entender a que se refiere. El pensamiento me estremece y recuerdo sus palabras al decirme que había pasado los dos últimos años de su vida huyendo de Tentation. 

Levanto el vaso y tomo la bebida rápido, al igual que ella. 

- Vamos a hacerlo todos los días desde hoy, entonces. 

- ¿Qué? – me pregunta riendo. 

Alzo un brazo, en busca de un camarero, y le hago una señal pidiéndole que me traiega una ronda de chupitos más. El tipo asiente y va en la búsqueda.

- ¿Más? – pregunta ____________. Pero está sonriendo, por lo que puedo notar que no está incomoda.

- ¿Miedo, Peterson?

- ¿De qué? – enarca una ceja.

- De emborracharte conmigo. – me inclino sobre la mesa, para poder hablarle más de cerca. – te advierto, no será mi culpa sino recuerdas después lo que hice contigo.

Abre la boca, sorprendida y divertida a la vez. El camarero llega y nos vuelve a servir los tragos de la misma forma que antes. ______________ coge el suyo antes de que yo haga lo mismo.

- ¿Segura?

Asiente y yo hago lo mismo. Al mismo tiempo, los dos alzamos los vasos y tomamos de nuestros tragos. Se me hace fácil pasar, así que acabo primero, dejando el vaso sobre la mesa y haciendo una mueca de disgusto. Está un tanto fuerte.

________________ termina, deja el vaso y me mira con expresión divertida.

- ¿Otro? – pregunto enarcando una ceja.

- ¿Me estás retando?

- Sí, tal vez.

La música se acaba. Y a continuaón, aparecen más hombres sobre el escenario, haciendo que este se llene. Uno toca la batería, otro el bajo, la guitarra eléctrica y el piano. Todos se juntas en una armonía perfecta. 

- Pide otra ronda más, entonces. – acepta y cambia la posición de sus piernas bajo la mesa. El roce me estremece, al punto de llegar a excitarme.

Niego con la cabeza. Sé que no va a detenerse. Que podríamos tomar toda la noche, pero no va a darse por vencida.

Alzo un brazo y el mismo camarero atiende mi señal sobre otra ronda más de chupitos. Pero esta vez me mira extrañado, como si le sorprendiera que tomaramos tanto. A saber. 

- Que bonito será verte en un estado crítico. – sonrío.

- O a ti, en todo caso.

- ¿Qué me harás si termino emborrachándome primero? – pregunto y paso a fijarme en sus labios relucientes. Quiero comérselos. Comérselos ahora.

- ¿Qué crees? - enarca una ceja, divertida, pero el acto me coge desprevenido. 

- ¿Vas a violarme?

_____________ rie fuerte, haciéndose para atrás.

- Puede ser. – dice riendo. 

- Porque yo sí lo haría.

El camarero coloca por tercera vez nuestra nueva ronda de chupitos. Repetimos el proceso y una vez más, termino primero el trago y ______________ hace lo mismo. Tengo que admitir que este tercer trago cargado de alcohol me ha afectado un poco. Pero conozco mi organismo, no voy a emborracharm al menos hasta una novena o décima ronda de chupitos. Pero con ella… sucede exactamente lo contrario.
La banda empieza a tocar sobre el escenario. Es una canción de las nuevas que están tocando en la radio últimamente, llamada: “Midnight Starlight”. 

Varias parejas han dejado sus mesas para ponerse de pie y bailar entre la oscuridad y al ritmo de esa balada que es realmente buena. 

___________________ abre los labios al escuchar el comienzo de la canción. Pone ambas manos sobre la boca, cubriéndosela, y a los pocos segundos está puesta de pie a mi lado, jalándome las manos para que hago lo mismo. 

- Vamos a bailar. – me ruega jalándome los dedos. En su mirada puedo captar cierta chispa de alcohol. Joder Justin, esto es tu culpa. ¿Ahora qué coño harás? Solo he bailado una sola vez con ella en ese pub de hace más de dos o tres años. Pero fue diferente, había muchísima gente y casi nadie podía notarnos. – ven… - me ruega una vez más. Parece una niña pequeña.

Miro a ambos lados y suelto un respiro. Mierda…

Me pongo de pie y ________________ me guia hasta donde las demás parejas se encuentran. Ninguna de ellas se asombra de vernos ahí con ellas, así que eso me hace sentir un poco mejor. Sin embargo se siente extraño, no tengo idea de cómo moverme, pero el ambiente me ayuda a imitar algunos pasos y solo me dedico a seguir el ritmo de la música. 

________________ se coloca de espaldas junto a mí, pegando su cuerpo al mío en esa posición. Mis brazos arropan su cintura y mi rostro queda hundido en su hombro izquierdo. Busco su cuello y lo beso al encontrarlo libre y solo para mí. ______________ sonríe.

- No sé bailar. – advierto. 

- Yo tampoco. – sonríe y rodea mi cuello con el brazo izquierdo, para poder acariciar mi nuca. – solo muévete conmigo. – susurra. Asiento. Dentro en mi interior algo se ha encendido. Tenerla tan cerca nunca ha sido algo que me mantenga quieto. Así que presiono su cuerpo contra el mío un poco más con el objetivo de que pueda sentirme en toda mi totalidad. Mojo mis labios y al poder tener su cuerpo bastante unido al mío, empiezo a moverme lentamente de un lado para otro siguiendo, según mi coordinación, el ritmo de la música. 

Damos unos cuantos pasos, pero no dejamos de movernos unidos. Movernos suave. Lento. Acorde. Siento que lo estoy haciendo bien, pero estoy mucho más concentrado en el hecho de que su cuerpo está en contacto con el mío. Me pone. Me pone cada movimiento suyo contra mi tenso y debilitado cuerpo. Me pone el roce de pieles. La temperatura que transmite la suya. 

- Creo que ganaste. – me susurra riendo. 

Lentamente, separo su cuerpo del mío y hago que se voltee. Mis manos vuelven a posicionarse en su cintura. Justo ahí, en esos centímetros donde su piel está descubierta y puedo tocarla. 

_____________ me rodea con el cuello con ambos brazos, meciéndose frente a mí. 

- Eso equivale a muchas cosas.

Ella sonríe.

- ¿Qué vas a hacer conmigo ahora que me has embriagado?

- ¿Yo? – pregunto inocentemente. ___________ asiente y baja sus brazos de mi cuello, para poder colocar sus manos sobre mi pecho. Bajo la mirada para observala, me gusta tanto cuando hace eso. 

- ¿Vas a violarme? – pregunta riendo. 

- No me des ideas.

- Puedes hacerlo.

- _________________, enserio, no me des ideas porque soy capaz de hacértelo aquí mismo. – la atraigo hacia mí y nuestras narices chocan. Deja caer sus párpados, chocando también su frente contra la mía. Nuestros alientos se unen, desesperados al igual que nosostros. Estiro los labios y la beso. 
______________ abre los suyos de inmediato, atrapando mi aliento y ubicando mi lengua con habilidad. Una de las cosas de las que puedo estar seguro es que el alcohol te vuelve más desesperado y aventado en cierto tipo de cosas. Pero no me molesta, al contrario, quisiera que lo hiciera siempre.

- Quiero morderte. – susurra y vuelve a besarme rudo, salvaje, mordiéndome el labio inferior y estirándolo para poder chupar.

¿Por qué no la he emborracho antes?

Me muerde fuerte una vez más. 

- Dios nena… - susurro. Joder, me está deborando como si nunca nos hubieramos besado antes. Me está excitando mucho más, maldita sea. - _____________. – digo su nombre y ella se me separa. – vaya, que bueno puede ser el acohol a veces.

- Lo siento es que…

- No te disculpes, podemos terminar esto en otra parte.

Me mira y vuelve a abrazarme por el cuello. 

- Tengo muchas ganas de ti. – me confieza. Y por Dios, es la confesión más sensual que he escuchado en toda la noche.

- También tengo ganas de ti 
__________________. De toda tú. – la beso despacio, pero dentro de mí algo quiere que siga con la misma agresividad con la cual me besó hace segundos. La deseo muchísimo.

- ¿Me quieres? – pregunta de repente.
Dios… ¿va en serio?

- Sí ________________. Mucho. – se ríe y oculta su rostro en mi cuello. – me gusta saber que eres mía, que te tengo…

- A mí también. – sube la mirada. – te amo, Justin. 
Escucharla decirlo me estremece. No hay nada que pueda describir como se siente cuando me lo dice. Es sorprende. Es único. Es excitante. Es maravilloso. Sin embargo jamás pensé que podría llegar a sentir lo mismo por alguien. 

- También te amo, ________________ Peterson. 

miércoles, 26 de junio de 2013

Capítulo 79 (Parte 2)

Sus traviesos dedos se estiraron, acariciando más de la cuenta. Es que verdaderamente no conocía límites cuando sus dedos se perdían en el tacto más delicioso de todos. Amaba tocarla. Tocarla de todas formas. 
Su dedo índice y medio fueron a parar al borde de la prenda inferior de _________________. Esta hundió su cabeza en el hombro izquierdo de Justin. 
Aferrándose, también abrazó el cuello de este haciendo los brazos hacia atrás. Le susurró algo que Justin no pudo escuchar, pero soltó una sonrisa al verla retorcerse bajo el movimiento de sus dedos sobre su vientre y pronto, también moviéndose sobre su pubis recién depilado.

- Vaya, se siente muy bien. – susurró él contra su oído. ________________ cerró los ojos, tratando de aliviar su libido. Aunque con él nunca se sabía. - ¿te has depilado para mí? – le preguntó con una sonrisa perversa.

_________________ abrió los ojos de inmediato. Por Dios… ¿qué clase de pregunta era esa?

- ¿Por qué me preguntas esas cosas? – le cuestionó ella ahora. Tragó saliva y sus mejillas no dudaron en ruborizarse. De pronto se sentía pequeña, indefensa y a la vez bastante avergonzada.

- Solo curiosidad. – farfulló Justin. – no deberías sentir vergüenza conmigo, que he tocado cada parte de tu cuerpo. – susurro contra su oído, haciéndola temblar, cerrar los ojos y hundirse en el eco de sus palabras. - ¿o sí?

Ella negó con la cabeza. Una vez más, su cuerpo entró en calor al sentirlo acariciándole el Pubis con la yema de los dedos. Una sensación adormecedora que le hacía aturdir y simplemente la elevaba en una burbuja en forma de placer. No podía controlarse. No podía decir que no ante tremenda proposición. Además… ¿por qué se avergonzaba? Justin no acertaba en muchas cosas, pero esa noche estaba diciendo una que probablemente ________________ debía aceptar hace mucho. No tenía por qué avergonzarse con el hombre con el cual tenía una hija de dos años. Con el cual había pasado tantas e innumerables cosas. Y al cual, y sin presumir, también conocía cada centímetro de su cuerpo. Era cuestión de aliviar su pudor. Vamos…

- Tócame. – susurró ella, perdida en sus pensamientos anteriores. Sí. Lo deseaba muchísimo.
Justin mojó sus labios con toda la lengua. Soltó un suspiro aliviador que pronto se convirtió en un gemido desesperado. Desesperado por tocarla. Se mordió un labio mientras sus dedos hacían un bulto bastante grande entre la ropa interior de _____________ y el sexo de ella. Moviéndolos, su dedo índice llegó al punto débil de su inquieta chica.

- Díctame lo que tengo hacer. – le dijo pegándose a su oído. Hablándole tan cerca que ______________ sintió que moriría. Asintió a los pocos segundos, bastante aturdida por lo que Justin iba a practicarle.
Sus ojos se cerraron automáticamente y elevó las caderas de la misma forma para recibir con mejor atención los dedos de Justin dentro de ella. Gimió suave al principio sintiendo, sin perderse de nada, como Justin movía su dedo índice dentro de su húmedo sexo. Sus cinco sentidos estaban puestos en cada toque. En cada movimiento. En cada entrada y salida. En cada sobe. En cada roce que deleitaba sus expectativas. Dios… era demasiado bueno. Al mismo tiempo, parte de sus sentidos también estaban alertas en otra persona. Algo en ella había cambiado desde que Elisabeth había nacido, y era que estaba pendiente de ella todo el tiempo. Como ahora… que deseaba tanto gritar y sabía muy bien que si lo hacía, despertaría a su recién dormida hija.

Así que se mordió interiormente la boca. “Vamos, sí podía con esto” pensó cinco segundos antes de que Justin introdujera un segundo dedo en su interior. El bulto entre su ropa interior se hizo más grande ahora que movía ambos dentro del sexo de ________________. Y le satisfacía muchísimo la escena. Justin bajó la mirada y observó atentamente cada movimiento que él mismo daba y la reacción de _______________ al recibirlo. Joder. Demasiado bueno. Su erección crecía descomunalmente al ser también partícipe de cada arqueada que ella daba y al hacerlo, chocaba el culo contra su miembro. Verla era el máximo deleite que cualquier hombre podría pedir o incluso merecer. Verla derretirse era su talón de Aquiles o la Kriptonita para un hombre de acero. Era su máxima debilidad. La cúspide de todos y cada uno de sus deseos.

- No sigas… - murmuró ella, haciendo que Justin volviera al mundo real. Aquello que ____________ había dicho no era exactamente lo que tenía planeado escuchar.

- ¿Por qué?

- Voy a gritar… - le advirtió en susurros. Y a pesar de su corta advertencia, sabía muy bien que este no se detendría. Así que pasó a morderse de nuevo para calmar sus ansias de gritar.

Incrustó sus dientes en el interior de su boca, pero cada vez se hacía más insoportable no poder expresarse como quería.

- Dije que me dictaras como debía hacerlo. – le ordenó él una vez más. – no que me dijeras que parase.

_______________ arqueó la espalda, correspondiendo a sus toques una vez más.

- Pero voy a…

- No tienes escusas Peterson. – le dijo en un tono autoritario. Como si estuviera reprendiéndola por algo. – vamos, dime que tengo que hacer.

Ella soltó un suspiro. Su mente estaba nublada. Dios… era demasiado… tanto que no la dejaba pensar. Sus dedos eran magia pura. Magia moviéndose dentro de ella.

- ¿Así está bien? – preguntó él con un hilo de voz, contra su oído. A ______________ se le erizó la piel al sentir cerca.

- Sí…

- ¿Debo cambiar algo? – volvió a cuestionarle.

- No, joder… solo sigue. – gruñó una _____________ desesperada que lo hizo sonreír maliciosamente.

- Eso es, esa es la ___________ que conozco.
La _______________ que él había creado… una que ya no tenía miedo en sentirse deseada o desear más de lo que sus estándares le autorizaban. Una que rompía las reglas y amaba hacerle el amor a todas horas, como él a ella. Como un complemento. Su complemento. Su otra mitad.

- Uno más. – pidió con la voz entrecortada. El pedido llegó de inmediato hacia el cerebro de Justin, que introdujo un dedo más en ella.

_______________ volvió a arquear el cuerpo. Maldita sea. Esto era increíble. Gimió fuerte y atrapó el cuello de Justin, apretándolo contra ella.

- Me encanta verte así, _________________. – farfulló él con los dientes apretados y con la mirada dura observando toda esa maravillosa escena que ________________ le ofrecía. – joder, estoy tan duro. – dijo para sí mismo. Ella gimió ante sus palabras, apretándole el cuello y estirando los labios para poder alcanzar su piel. Beso su barbilla con desesperación. Gimiendo y gruñendo contra él. – te quiero tanto. – le recitó, tocando con su otra mano la pierna desnuda de su chica. – quiero hacerte el amor… - susurró ahora. - ¿puedo? – preguntó inocente.

Ella asintió contra su cuello. Pronto notó como los dedos de Justin se detenían y subían paso a paso sobre su vientre hasta llegar a su estómago. Haciéndole cosquillas. Devolviéndola al mundo real.

- Puedes. – le respondió acostándose a su costado.

Justin se relamió los labios. Tenía los dedos húmedos y deseaba tanto poder probárselos… pero la cordura había desaparecido al escuchar a ________________ recitar un perfecto “Puedes” que lo estaba elevando muchísimo. Así que se puso sobre ella, apoyándose en sus brazos para no aplastarla. Su mirada se perdió en ella. Mirando desde arriba, todo se veía mejor y podía divisarla en su ángulo favorito. Sus ojos brillaban bastante y mordía su labio inferior tal cual una niña pequeña haciendo travesuras. Y vaya… sí que era una niña, y ni que decir sobre las travesuras. Se rio para sus adentro todavía motivado por sus ojos. Pero pronto fue a parar sobre sus senos, fijándose en ese bonito conjunto que se había puesto gracias a su amiga Emily a la cual pronto agradecería. Que sabia podía ser la gente aconsejando…

- ¿Qué estás mirando? - ___________ enarcó una ceja.

- A ti.

Ella le sonrió, bajando la mirada y elevando sus brazos para tocarle ambos hombros. Segundos después, sus manos tocaban la ancha espalda de Justin.

- ¿Vas a hacerme el amor o tengo que esperar a que termines de mirarme?

- Que insistente. Me gustas.

- Ya lo sabía.

- ¿No se supone que el creído soy yo?

- Déjame robarte el papel por unos segundos.

- Los que tú quieras, preciosa.


________________ soltó una risita.

- Ven… - le llamó ahora, acariciándole la espalda. Él accedió, acercándose suavemente, mientras su mirada iba volviendo cada vez más oscura e iba perdiéndose en el eco de sus palabras. – bésame, mi amor.

Tragó saliva y miró su rostro de arriba hacia abajo antes de poder besarla. Sus ojos cambiaron de matiz y todos sus músculos se tensaron al poder tocar sus labios con los suyos. Los abrió con cuidado, dejando pasar su lengua con delicadeza dentro de la boca de _________________. Esta le correspondió, mientras sus dedos se pasaban deleitándose sobre la espalda ancha y gruesa de Justin. Lo apretó contra ella, moviendo su boca al mismo ritmo que él. Apretando. Chupando. Acariciando. Mordiendo. Esto era tan malditamente bueno…

De pronto _________________ se detuvo, abriendo los ojos y separándose de la boca de Justin.

- ¿Qué sucede? - preguntó él, un tanto preocupado.

Ella se quedó todavía callada, bastante expectante. En ese momento, el llanto de una niña se escuchó desde la habitación siguiente.

Como dije, siempre tenía los cinco sentidos puestos en su hija.

- Es Elisabeth. – le dijo y de inmediato se escabulló para poder ponerse de pie. Corrió hasta el otro extremo de la cama para llegar a la mesita de noche y coger la camiseta ancha que Justin se había quitado hace unos minutos. Levantó ambos brazos y meneó el cuerpo para que la tela se acoplara a su anatomía, aunque verdaderamente le quedaba bastante ancha. Y de pronto ya no estaba. Había desaparecido de la habitación en menos de un minuto.

Y él se quedó estirado sobre la cama.

_______________ nunca dejaría de sorprenderle. Pero… joder… tenía que ser sincero. Estaba bastante excitado. Con muchísimas ganas de estar con ella. De abrazarla. De tocarla. De juguetear un buen rato. De hablarle. Ahora mismo tenía una erección considerable en sus pantalones que no sabía cómo desaparecer. Bajó la mirada y observó el bulto. Mierda… tenía que acostumbrarse a esto, se repitió una vez más. Podía lograrlo. Es que jamás se vio metido en este tipo de situaciones, en donde el llanto de un bebe diera por terminada su momento junto a su chica.

Se pasó las manos por la cara y soltó aire a medida que iba apaciguándose. Seguramente Eli se dormiría de nuevo y ellos podrían volver a intentarlo…

Segundos después, escuchó a ________________ caminar en dirección a su habitación. Pero no la vio aparecer sola. Traía en brazos a Elisabeth, que tenía los ojos pequeños de haber llorado con ganas hace minutos y también por recibir la luz después de dormir en oscuridad. Su cabello estaba alborotado y en la mano derecha traía una manta rosada. Miró a Justin de inmediato, y él la miró a ella.

- Tiene miedo. - _______________ hizo puchero y Eli se escabulló en su cuello, abrazándole. – ha estado viendo esas caricaturas de monstruos o cosas así.
Justin tragó saliva.

- Que duerma con nosotros. – dijo sin pensárselo.
O tal vez sí lo había pensado… estaba eligiendo a su… a su hija en vez de poder pasar un buen momento con ________________.

- ¿En serio? – los ojos de esta brillaron.

- Sí. – volvió a afirmar. Quitó las sábanas que cubrían su lado. ________________ dio varios hacia él, acercándosele. – ven aquí. – le dijo estirando los brazos y recibiendo a Elisabeth que de inmediato intercedió a estar junto a él. Justin la acomodó a su lado, subiendo las sábanas hacia ambos y tapándola hasta el cuello y él hasta su estómago. Y ella se movió para estar pegada a él. Dentro de su razonamiento no podía caber la idea de que con Justin se sentía tan segura. Desde que lo conocía, le fascinaba que la mantuviera en brazos, cargándola o haciéndola jugar, volar, reírse. Quizá todavía no podía entender por qué sentía esa química tan tierna. Quizá todavía no podía asimilar que era gracias a que se trataba de su padre. Pero para ser honestos, ambos solo necesitaban tiempo para reconocerse.

_________________ apagó las luces de la habitación, haciendo que Elisabeth susurrara un: “Mami…”, bastante asustada por no poder divisar nada y por no tenerla con ella.

- Aquí estoy. – le avisó su madre, que pronto también se acomodó a su lado. Eli quedó entre los dos. – duerme, mi amor. – le dijo besándole la frente. Atrajo las sábanas y se tapó de la misma forma.

- ¿No hay un beso para mí? – preguntó Justin. Dentro de él se sintió como un niño. Y probablemente muchas veces se comportaba como tal.

________________ sonrió.

- Sí. – le dijo y se inclinó para poder besarle una mejilla. Trató de divisar su rostro, que estaba iluminado por la luz que entraba a medias desde la ventana, se agachó y estiró los labios. Cuando esperaba tocar su piel, fue con sus labios con los que se encontró. – hey. – le dijo separándosele de inmediato, con una sonrisa inquieta.

Él relamió sus labios. Arriba y abajo, muy lentamente.

- Ya duerme. – le dijo ella, acomodándose en el otro extremo.

- Tenemos un asunto pendiente, gatita.

- Lo resolveremos mañana. – respondió ___________, acurrucándose.

Justin sonrió. Segundos después notó la respiración de Elisabeth contra su brazo derecho. Un impulso dentro de él se encendió, llevándolo a quitar suavemente el brazo de ahí y abrazar a Elisabeth, con cuidado y sin despertarla. Ambas pieles hicieron contacto. Él abrió un poco más los ojos al sentirla más cerca y notar que su brazo derecho le quedaba grande. Podía rodearla con todo él. Era tan pequeña. Pequeña y preciosa. Asimilar que le pertenecía no había sido una faena dura. Es más, cada día se sentía más cercano a ella y muchas veces hasta le proporcionaba celos o molestias que Elisabeth hiciera cosas que no debía. Propio de un padre como él. Celoso y demasiado protector.

Parte de esos días que había experimentado viviendo con ella y con ______________, le habían hecho entender definitivamente que acostumbrarse a esta nueva vida no iba a ser tan malo. Podía hacerlo. Y en realidad, deseaba hacerlo hasta el último minuto.
Horas después ambos cayeron dormidos.

El pecho de Justin subía y bajaba suavemente envuelto en un sueño profundo. Todavía tenía a Elisabeth abrazada con el brazo derecho y graciosamente ella también había intercedido a posicionar su brazo sobre su padre. Lástima que ninguno de los dos podía notarlo por lo dormidos que se encontraban. Era tan digno de una fotografía.
________________ los observaba desde el otro extremo de la cama. Sus ojos estaban humedecidos, pero se había prometido no llorar más. ¿Por qué hacerlo? Era ahora donde su vida estaba empezando a tomar mucho más sentido y donde todas las cosas por las que había luchado por fin estaban saliendo a la luz. Definitivamente había valido la pena esperar tanto por este momento. Por tenerlos a los dos junto a ella. No había otra cosa que anhelara más que lo que estaba viviendo. Y nadie podría quitársela.

Por ahora… sus días de lucha habían terminado, se dedicaría a descansar y disfrutar de lo que le estaba tocando experimentar. De Justin. De Elisabeth. Su vida. Empezar a preocuparse por ella un poco más. Darse un tiempo. Vivir… sí… eso exactamente, vivir.

jueves, 20 de junio de 2013

Capítulo 79 (parte 1)

Marie se ha ido a Madrid por un buen tiempo y de ella no se sabe mucho desde que se fue. Lo mismo sucede con Travis, que al colgar la llamada no dejó ningún rastro en el que ____________________ pudiera tener al menos una sospecha de donde se encontraba. 

Una semana después, las cosas parecían haber mejorado. Había llegado la calma. Por fin… había llegado la calma. 

- Se ha dormido. – Justin soltó un suspiro. Cansancio era lo que se sentía después de intentar hacer dormir a una niña que lo que menos quería era cerrar los ojos. Pero finalmente lo había logrado.
Ambos habían acomodado el cuarto de Eli en el cuarto de invitados que Justin tenía junto a su habitación. Era cercano, por lo que __________________ no había tenido ningún problema en dejar a su hija dormir ahí. Sin embargo, aún tenía problemas por las noches. En los dos días que llevaban durmiendo ahí, había tenido que levantarse en medio de la madrugada para calmar sus llantos. Y es que siempre habían acostumbrado dormir juntas.

Sí… tres días juntos… por lo pronto, Justin había insistió en que _________________ y Elisabeth se mudasen con él por el tema de Tentation y los problemas que ella tenía con esa mafia. Además de querer tenerlas con él… sobre todo por eso.

- Tu hija no se duerme tan rápido ¿Qué le has dado?

- ¿Tan rápido? He pasado contándole cosas y meciéndola para que duerma, nena. – se sentó sobre el borde de la cama y ya que el calor le consumía, se quitó la camiseta blanca de dormir, para después dejarla tendida sobre la mesita de noche de su lado. - ¿no te incomoda que duerma así, no? – bromeó al mirarla boquiabierta.

_____________ recobró la compostura y se acomodó en la cama. Curiosamente estaba cubierta de pies a cabeza.

- ¿Estás cansado?

- Un poco. – él sacó las sábanas y se metió bajo ellas. - ¿por qué? – preguntó al tenerla al lado.

- Quiero enseñarte algo. – respondió ella en un hilo de voz. Justin frunció el ceño sin entender y esperó gratamente ansioso. Se puso de costado, apoyando su cabeza en una mano. – pero no te rías ¿vale?

- Depende.

- ¡En serio!

- Vale, vale. – dijo riéndose anticipadamente. Pero al ver la mirada fría de _________________ se le pasó de inmediato.

Ella soltó aire y cogió el borde de las sábanas para sacárselas de encima del cuerpo. Poco a poco, iba descubriendo su anatomía envuelta en lencería fina de color negro. Oh… mierda…

- ¿Qué? – ella hundió los hombros.

- ¿Por qué…

- Primero, ¿te gusta?

Por Dios, esa pregunta debía ser ilegal.

Al no escucharlo responder, optó por tomarlo como un “sí”.

- Qué bueno que te guste. – sonrió al verlo ahora a él con la boca semi-abierta y mirando su bonito encaje negro que cubría sus senos. Estaba bastante… bastante sexy. Ese hilo dental cubría su feminidad lo suficientemente poco como para abrir paso a la nada sana imaginación de Justin. Este tragó saliva y respiró entrecortado. Era demasiado poderosa. - ¿Justin?
- Te queda muy bien.

- Gracias, voy a quitármelo.

- ¡¿Qué?! – preguntó él alarmado.

- Vas a despertar a Eli…

- Es que…¿Qué? ¿solo te lo has puesto para enseñármelo y dejarme con las ganas?
Ella no pudo evitar ruborizarse.

- ¿Con las ganas de qué? – preguntó fingiendo inocencia.

- Sabes muy bien de qué, nena.

- Pero has dicho que estabas cansado.

- No para ti.

- Oh… - murmuró ella. Su fingida inocencia se vio convertida en una mujer bastante decidida. Una mujer con muchísimas ganas de él. Se terminó de quitar las sábanas de encima del cuerpo y caminó de rodillas hasta ubicarse sobre el estómago de Justin. Este alzó la mirada. Su cuerpo se tensó al pasar sus ojos por ambos senos y por esas piernas que tenía a ambos lados y que podía tocar. Y a la misma vez, una erección se formó dentro de sus pantalones al sentir el sexo de _____________________, envuelto en ese hilo, chocar contra su estómago. – así que no estás cansado para mí…

- Nunca. – alzó la mirada y pudo notar que __________________ lo miraba con la misma intensidad. - ¿por qué traes esto puesto?

- ¿No te gusta?

- Dios, me encanta, me encantas. – colocó ambas manos tras la espalda desnuda de ___________________ y la atrajo hacia él para poder tener su rostro junto al de ella. – que no se te olvide, me fascinas.

Sus labios se movieron sobre los de ___________________, comiéndosela suave y disfrutando del momento. Amaba tenerla con él después de tanto tiempo. Amaba cada segundo que empezaba a vivir con ella en una nueva vida.

- A Emily se le ocurrió que tal vez te podría gustar que me vista de esta manera. – puso los ojos en blanco. – ya la conoces.

- Tu amiga es muy sabia.

- Al parecer sí. – ambos se miraron y él aprovechó en acomodarle un mechón de cabello que empezaba a caerse.

- ¿Y qué piensas hacer con esto?

- Lo que tú quieras.

- Vaya, eso me excita mucho.

- Justin… - susurró ella en forma de reprensión. Se ruborizó de inmediato y trató de mirar a otra parte.

- Pensé que ya lo sabías, pero parece que todavía no lo tienes muy claro. – le acarició una mejilla y puso el mechón de cabello tras su oreja. Se inclinó un poco y clavó sus dientes en ella, haciéndola gemir suave. – Me. Pones. Muchísimo. – le dijo contra su oído. – y sé que yo también. – agregó, mordiéndose un labio.

- Creído. – ella se separó y pasó ambas manos por el pecho desnudo de Justin, de arriba hacia abajo.

- Dime, ¿me equivoco? Si te has vestido así es porque querías causar algo en mí y definitivamente lo has logrado.

“Y vistiéndote de cualquiera manera, también lo lograrías…”

Ella terminó de frotar sus manos sobre el pecho de Justin y se acomodó como pudo sobre el cuerpo de este. Quedando acostada sobre él, boca arriba. Su bonito culo rozó la poderosa erección de Justin, todavía atrapada en los pantalones. Y este bajó la mirada, bastante expectante. Tensó la mandíbula y colocó ambas manos sobre el vientre plano de _____________________.

De pronto recordó un dato curioso que ella le había comentado hace unos días…

- Así que… dos años sin sexo ¿eh? – susurró contra su oído. – vamos a ver qué puedo hacer al respecto.

Capítulo 78

“Y lo intentamos, oh… cuanto lloramos. Nos hemos perdido, el amor ha muerto. Y lo intentamos, no lo podemos negar… y la magia que teníamos, ahora es una tragedia”You lost me/ Christina Aguilera. 

Tiene las maletas listas y los pasajes de avión esperando sobre la mesa. Pero sabe muy bien, como la canción se lo está diciendo, que él no va a llegar. Que lo han perdido todo. Que lo ha perdido todo. Que el amor se ha ido y que nada de lo que han vivido juntos ha valido la pena.

Sabe también, que está con ella. Lo sabe porque lo conoce y porque supo desde el primer momento en el que lo vio, que iba a ser difícil quitarle a esa mujer de la cabeza. Y ese día podía comprobarlo perfectamente. Justo como Christina Aguilera cantaba, habían perdido la batalla para siempre.
Se desahogaba escuchando música, pues el vuelo no salía hasta mañana a primera hora. Y cuanto deseaba irse de una jodida vez y no verle nunca más, sin embargo, también deseaba verle volver y poder encararle cada cosa que sentía en ese momento. ¿Era necesario? No lo sabía, pero parte de ella se lo ordenaba. Además… había tomado mucho… mucho más de lo que ella acostumbraba. Se embriaga con uno o dos vasitos de vodka con limón. Y esta vez se había acabado la botella entera.

Las llaves giraron en la cerradura. “Justin”, pensó, así que se acomodó en la cama, limpiándose las lágrimas y tratando de parecer normal. Desactivó el ipod y detuvo la canción, en espera de que Justin apareciera.

Pronto pudo escuchar como este entraba a la habitación y se detenía justo en frente de ella.
Al verla tapa de pies a cabeza, no quiso tocarla. Tragó saliva y observó las maletas de su ropa listas en conjunto con la de ella. Esto iba a ser muy difícil de tratar, pero tenía que contárselo. Recordaba además las palabras que ella misma le había dicho cuando habían discutido, que además de su novia, también era su amiga. Una amiga tenía que saber entender esto…

+++

El móvil de ____________________ sonó sobre la encimera de la cocina. Emily también volteó, que cocinaba un par de huevos revueltos en la sartén.

- Dios, ¿Dónde estás? - ________________ contestó el móvil.

- ¿Te importa saberlo? – respondió un Travis grosero y un tanto ebrio.

- Me importa muchísimo, ¿Dónde estás?

- Perdona por llamarte a esta hora, supuse que necesitabas bastante tiempo para pasar con Justin.

- Estás borracho.

- No me jodas _____________________. Eso a ti no te importa.

Emily se giró de nuevo, podía reconocer la voz del mismo hombre que había visto hace unas horas en el despacho de su casa, ahora hablar en la otra línea con ___________________.

- Estoy muy preocupada por ti. – insistió ella, colocándose de pie y dejando la butaca roja vacía. Antes de irse le dedicó una mirada de disculpa a Emily, que asintió pero no pudo evitar ponerse alerta al saber que ________________ hablaba con el tío más bueno que había visto jamás. – en serio lo estoy, por favor dime dónde estás.

- Conozco New York muy bien guapa. No me hace falta que una chica venga a recogerme.

- Con tonterías ahora no Travis, sabes porque preocupo.

- ¿Tentation? Oh nena… A mí Tentation me tiene sin cuidado. Que se jodan. Ningún hijo de puta le convendría meterse conmigo. – tomó de su décima cerveza y dejó la lata vacía sobre la mesa.

________________ soltó un suspiro.

- Deja de tomar, por favor.

- ¿Te preocupas por mí?

- Sabes que sí, maldita sea.

- No lo hagas más, no te necesito.

Ella se quedó callada.

- Estás jodiendo mi vida, _____________________. – susurró él, cerrando los ojos con fuerza y enterrándose en la madera maciza de la mesa. – no puedo creer que todavía no te hayas dado cuenta que estoy enamorado de ti.

+++

Marie se destapó completamente. Su rostro delató que había estado llorando.

- Por fin llegas. – le dijo sarcástica y ladeó la cabeza.

- ¿Estás tomando?

- ¿Qué te importa? - levantó los hombros y se sentó sobre el borde de la cama, intentando recobrar el control. – al menos yo no te escondo nada.

- Yo tampoco.

Ella sonrió bastante herida.

- Entonces dime dónde has estado.

- Primero quiero que entres y te des una ducha, estás muy mal.

- Déjame en paz. – levantó ambos brazos al sentir que Justin trataba de tocarla. – respóndeme primero. ¿Me has engañado de nuevo, verdad?

Sus ojos verdes chocaron con los marrones de Justin por varios segundos en los que no recibió ninguna respuesta de parte de él. Así que se puso de pie, tambaleándose al principio.

- Voy a ir a buscar a esa ramera. – dijo envolviéndose en lágrimas una vez más. Justin también se puso de pie, cogiéndola para que no lograra tocar el piso. – voy a buscarla y te juro que va a escucharme.

- Cálmate por favor. – le rogó él, arropándola una vez más entre su pecho. Le preocupaba sobremanera verla de esa forma.

De pronto no la escuchó hablar más, simplemente escuchó sus sollozos fuertes contra su pecho. El alcohol le había hecho volverse todavía más sensible.

- Marie, perdóname por favor… - susurró, acariciándole la espalda. – maldita sea, eres preciosa, cualquier hombre estaría agradecido por tenerte. Soy yo quien simplemente no puede, pero te juro que daría mi vida por demostrarte que me siempre fuiste importante para mí. – Marie sollozó una vez más con fuerza. Sí, podía sentir con exactitud el momento del adiós cada vez más cerca de ambos. Podía sentir…que esto había sido todo. – preciosa, no te merezco, no te merecí nunca.

+++

- Estás diciendo tonterías.

- Jamás me he enamorado de ninguna mujer.
Porque… ¿Quién coño quiere enamorarse de alguien si al final vas a terminar así? – frunció el ceño y pidió con la mano otra cerveza a la camarera que estaba en una esquina. – cuando te vi, te tuve muchísima ganas, no voy a negarlo. Pero luego supe que Justin estaba detrás de ti y dije… no voy a meterme con la chica de uno de mis mejores amigos. – se quedó callado y ________________ también lo hizo, sin saber cómo reaccionar. – pero luego volví a verte en Paris y mierda… me gustaste todavía más… ¿lo comprendes? Me encantas…

- Basta por favor, no sabes lo que dices, estás ebrio y…

- He querido decirte esto desde hace tanto. Pero ¡mierda! Siempre estaba Justin primero en todos tus jodidos planes que nunca tuve tiempo para decírtelo. – gritó y recibió la cerveza. – te lo he dado todo y ni siquiera eso fue suficiente.

- No digas eso. – de pronto sintió tener un nudo grande en la garganta. Uno que ni siquiera le permitía respirar. Sus palabras se habían acumulado y se habían vuelto unas infinitas ganas por llorar. No podía creer lo que le decía.

- Te quiero tanto…

- Eres muy importante para mí, Travis, por favor…

- Lo siento _________________. De verdad, juro que esto me está jodiendo más a mí que a ti, porque dejarte es la peor tortura. – se detuvo y pensó… pensó detenidamente en cada momento que ambos habían pasado juntos. – ya lo tienes a él ¿para qué me necesitarías a mí? – enarcó una ceja. Era la frase más dura que había dicho jamás.

- Porque te quiero, porque te necesito conmigo. Elisabeth también te necesita. No puedes solo irte y desaparecer Travis, por favor, también te quiero… te lo juro que sí.

- No como yo quisiera. Pero está bien, Peterson, está bien. Tengo que entender que no eres para mí. – abrió la lata de cerveza con los dedos y tomó rápido, ingiriendo sus propias lágrimas. Él no podía llorar por nadie. Por nada ni por nadie.

- No te vayas. – rogó ella una vez más. Podía jurar que se encontraba en lágrimas.

- Ya no me necesitas.

Y colgó, apagando el móvil y desapareciéndolo en la oscuridad de sus bolsillos de la cazadora. Pidió otra cerveza y otra más, minutos después. Solo deseaba perderse y olvidarle por un tiempo. Tal vez como Marie, que también deseaba perderse y olvidar a Justin para siempre. Aunque todavía, les costaría a ambos asimilar todo lo que había sucedido.

Capítulo 77

Emily cargó a Eli en sus brazos al escuchar la puerta sonar por tercera vez. La pequeña subió la mirada mirándola bastante fascinada y a la vez cómoda por su presencia. A decir verdad, habían resultado bastante compatibles y tanto ninguna como la otra tenían problema en pasar tiempo juntas. 

Miró por el rabillo del ojo y sin poder captar mucho, abrió la puerta. 

Y sus ojos también se abrieron lo suficiente como para delatar su impresión. Pero ni siquiera ella misma se daba cuenta de lo que hacía. Era incapaz de reaccionar ante lo que sus ojos registraban.

- ¿Aquí se queda _______________ Peterson? – preguntó Travis. Traía dos cajas grandes sobre los brazos, así que tuvo que ladear la cabeza para poder mirar a Emily.

Esta tragó saliva y acomodó a Elisabeth sobre ella, que reaccionó estirando los brazos al reconocer a Travis.

- Sí. – logró pronunciar ella. La garganta se le secó y lo siguiente que pudo ver fue a ese Dios griego que había llegado a las puertas de su casa, dejar las cajas en el suelo y robarse a Elisabeth de sus brazos.
Tardó un poco en volver al mundo real. Pero es que el mundo real también tenía al mismo hombre que sus fantasías. Por Dios, era guapísimo. Sus músculos estaban tensos por sostener a Elisabeth con él. Se fijó en su espalda ancha, sus gruesos pómulos, en su piel, en su boca, en sus tatuajes, en sus ojos, en la manera en la que jugaba tan a gusto con Eli…

- ¿Y tú quién eres? – ahora fue él quien la inspeccionó sin disimulo alguno, por supuesto.

- Emily… Emily Prescot. – respondió ella, acomodándose los shorts de pijama que traían osos de colores. – soy amiga de _________________.

- Mnh. – respondió él un tanto desinteresado.

- ¿Y tú? – Emily enarcó una ceja, colocándose ambas manos sobre las caderas.

- Que te responda ella. – se estiró y le entregó a Elisabeth en sus brazos otra vez. Poco después, tenía de nuevo las cajas que había traído sobre los brazos. - ___________________ me ha pedido que deje esto en tu casa.

Emily se quedó pensativa.

- Creo que debería llamarla antes para…

- No lo pienses tanto, nena. – frunció el ceño y hundió los hombros. – soy de los buenos.

Sus ojos azules la miraron. Se sentía bastante seguro de lo que hacía como casi siempre y digamos que parte de esa seguridad también le proporcionaba un aire sexy. Y ahora, más que nunca deseaba serlo. Deseaba que ella lo viera de esa forma.

- Pasa. – le dijo ella, rindiéndose. Se hizo para atrás y con una mano abrió un poco más la puerta. Travis se movió hacia dentro, rozando de casualidad su hombro con el de ella. Emily se quedó petrificada, joder… ¿Cómo es que tenía un poder tan grande sobre ella? Había sido una corriente jamás experimentada. Esperó a que Travis siguiera caminando, y al así hacerlo, enmudeció al notar su olor en medio del ambiente. Tenía una fragancia bastante varonil y perturbadora. Su respiración se entrecortó al saber que estaba detrás de ella posicionando las cajas sobre el suelo. Cerró la puerta e intentó relajarse.

- Bonito departamento. – dijo él bastante tranquilo. Dejó ambas cajas sobre el suelo y tomó asiento frescamente sobre uno de los muebles del departamento.

- Gracias. – ahora ella fue quién se volteó. - ¿te vas a quedar mucho tiempo?

Él hundió el rostro.

- ¿Por qué?

- Quería tomar una ducha. – tragó saliva.

- Hazlo. – él se puso de pie, quitándole a Eli una vez más de los brazos. Y esta vez no pudo evitar mirarle la boca al acercársele. Tenía que reconocer que la amiga de ______________ estaba realmente buena. Tenía un corte bastante gracioso y unos ojos verdes que le erizaban la piel. No sabía porque se estaba fijando en su mirada, solo sabía que sus ojos habían sido lo primero que le había llamado la atención. – yo me encargo de ella. – dijo volteándose y distrayéndose con Elisabeth
Emily asintió una vez más aturdida e intimidada. Al poder estar de nuevo con los cincos sentidos puestos, caminó en dirección a su habitación.

Y él la miraba desde atrás. Sus ojos recorrieron cada centímetro de ella, asimilándolo y guardándolo en su memoria. Sí, era realmente guapa y estaba más buena de lo que había pensado en un principio. El pijama de osos le hacía dulce, pero esas piernas delataban lo madura que ya era. Bastante mujer. Bastante provocativa. Bastante ardiente. Y su cabello que caía sobre ambos hombros, y sus ojos… verdes encendidos. Y ese bonito cu.lo que estaba observando en ese momento…

Solo el ruido de la puerta de la habitación de Emily cerrarse, pudo devolverlo al mundo real y a pensar un poco más con la cabeza.

- Está bastante buena. – le dijo a Eli, que sonreía sin motivo alguno frente a sus ojos. - ¿la conoces? – Eli asintió, cogiendo el ritmo de sus palabras y entendiendo algunas. Sus coletas castañas se movieron en el aire al asentir. – y bueno tú, ¿me has extrañado, verdad? – hundió sus labios en el cuello de Elisabeth, haciéndole cosquillas y llevándola a reírse a carcajadas. Cuanto le hacía recordar a __________________ cuando reía de esa manera. La imagen se asemejaba bastante. Y verdaderamente… lo llenaba muchísimo poder recordarla…

Se quedó jugando con Eli un buen rato, mientras escuchaba bastante inquieto el sonido del agua caer. Sonrió una vez más al acordarse de Emily y su actitud tímida ante él. Así se comportaban casi todas las mujeres al verle, era algo tan mecánico. La única mujer que no había reaccionado así al conocerle era _____________________. Una razón más de porque le ponía y le gustaba tanto. Pero ese día, sin saber por qué, pensó en Emily como algo atractivo. Le había inquietado bastante su inocencia reflejada en cada mirada que le había dado. Su pureza. La forma en la que se quedaba quieta por su proximidad. Entonces… ¿también le iban las inocentes? Frunció el ceño y negó el mismo con la cabeza al formularse esa pregunta. ¿En qué coño estaba pensando?

De pronto el sonido de la puerta del departamento retumbó en sus oídos. Fue hasta ella, con Eli en brazos y la abrió rápido.

__________________ estaba parada frente a él. A diferencia de las otras veces que la había visto, hoy notaba en ella una felicidad absoluta. Una que nadie podría quitarle.

- Por fin apareces. – le reprendió él.

- Como ves estoy muy bien. – respondió _________________, sonriendo ampliamente al ver a su hija en brazos de Travis. - ¿me la das? – estiró ambos brazos y cogió a Eli, arropándola. La pequeña no tuvo ningún problema en movilizarse.

- Empezaba a preocuparme.

- No tienes por qué. – le brindó un beso en la mejilla a Elisabeth.

- ¿Dónde has estado?

Ella se quedó callada.

- Elisabeth tiene alguien a quién conocer. – una sonrisa más le adornó el rostro al terminar esa frase. Él se quedó petrificado al escucharla y sus nervios aumentaron más al ver la silueta de un hombre tras ella.

La silueta de Justin.


Narra Justin: 

Me quedo callado, observando a los lejos como ___________________ habla con Travis con una tranquilidad absoluta. Ambos me miran y yo finjo estar sosegado desde el ángulo en el que estoy viendo todo. 

No quiero hablar, ni quiero reaccionar de una manera equivocado ahora cuando las cosas están mejor que nunca. Pero juro, que sino fuera por ella, estaría arruinando este momento como tantas veces lo he hecho.

Mi mente se nubla al bajar la mirada y fijarme en la niña que trae Travis cargada en los brazos. Y no solo mi mente, sino todo mi interior. Todo en mí se vuelve vulnerable y mis ojos ahora solo se fijan en ella. La observo detenidamente, analizándola. Es tan pequeña… tan bonita, de verdad lo es… su inocencia conmueve todo dentro de mí. Y de pronto soy yo quien se siente pequeño. Quien se siente debilitado por todo lo significa esa pequeña niña para mí. Frunzo el ceño, aturdido. Muy aturdido. Muy debilitado. ¿Cómo alguien que ni siquiera conozco puede ponerme así? Es tan poderosa.

Travis estira los brazos y se la entrega a ______________________. Puedo notar celos en todo el semblante de él. Está bastante cabreado y dudo varios segundos en si debo intervenir o no. Pero recuerdo brevemente las palabras de ______________ en mi cabeza: “Déjame esto a mí” y respiro, tragándome todos los impulsos. Además solo están hablando… yo a él tengo que decirle muchas cosas, pero no siento que este sea el mejor momento.
Entonces lo veo endurecer la mandíbula y mirarme. No dudo ni un segundo en devolverle la mirada. Puedo percibir perfectamente lo jodido que está. Y lo siento mucho Travis, de verdad lo siento, este no es un tema personal, pero ella es mi chica. Ambas son mías. Y aunque intento aplacar la mirada, la suya es bastante helada. La suya es bastante directa. No baja la guardia y supongo que está sintiendo lo mismo que yo sentí hace dos años atrás. Que se lo están quitando todo sin motivo alguno. Aunque juro, que nunca planeé que podría vengarme, no es algo que hubiera querido hacer. Simplemente llegó.
_____________________ continúa hablándole.

- Por favor, solo has esto por mí. – le suplica. Por fin puedo escuchar claramente las palabras que ella le está diciendo. – no vas a dejar de verla Travis, Elisabeth también te quiere.

Frunzo el ceño. No puedo evitar sentirme celoso por lo que le dice.

- Olvídalo. – farfulla él y sin dejar de mirarme, camina hasta mi dirección, con bastantes ganas de desquitarse conmigo. Pero mágicamente, cambia el rumbo y se encima hasta las escaleras del edifico, desapareciendo minutos después.

Ahora mismo el silencio gobierna entre los tres… sí… los tres.

___________________ me mira. Suelta un suspiro y nuestras miradas se encuentran sin decirnos nada. Una mirada llena de aliento, una mirada de alivio. Está bastante herida por haber discutido con Travis y solo en este momento puedo razonar y darme cuenta de lo que significa para ella. Me lo ha explicado bastantes veces, pero nunca sé entender hasta verlo. Lo quiere como un amigo y la idea me reconforta.

- Ven. – me llama en un hilo de voz. Yo asiento, pero mi cuerpo no se mueve. Me he quedado aturdido en el mismo lugar y mirándoles a los dos.

Lentamente me acerco. Y cada paso que va desapareciendo, hace la distancia más satisfactoria. Y de pronto ya no hay nada… ningún centímetro… estoy frente a ___________________, que carga en brazos a una niña muy… muy parecida a ella pero también a mí.

Mi garganta se seca. El pensamiento hace que se me erice la piel. Dios… esa niña tiene mis ojos. Nunca he visto algo tan igual. Está acurrucada en el cuello de _________________, como si tuviera miedo de hablarme. Y pensándolo bien, yo también estaría así si fuera un niño.

Me quedo sin poder hacer nada y ella también.

- Mi amor. – le llama ______________________. Intenta ponerla de mejor humor y sacarla de entre su cuello. – hay alguien aquí que quiere conocerte, preciosa.

“Preciosa”… y vaya que lo es.

- Eso es. – le anima, ahora que se ha inclinado y se ha atrevido a mirarme. Está bastante avergonzada. Tímida. Dios… y yo también lo estoy, joder. - ¿quieres cargarla? – me pregunta. Abro más los ojos ahora que puedo reaccionar.

- No sé… yo… no sé si ella quiera que…

- Vamos, cárgala. – me sonríe. Su sonrisa me alivia. Asiento y estiro los brazos hacia Elisabeth. Mágicamente ella se deja. Y la sostengo, hago un pequeño esfuerzo por tensar mis brazos y la acurruco entre ellos. Es liviana. Y su olor es encantador. Es dulce. Bastante dulce. Su cabello toca mi rostro y lo acaricia. La veo de cerca, se parece a ____________________ lo suficiente como para recordarla en cada mueca que hace. Se le parece tanto que me hace soñar.

Y ella nos mira desde su ángulo, sé que está a punto de llorar y es muy probable que yo también. Juro no saber lo que siento, solo estoy dejando pasar el momento y disfrutándolo como debí haberlo hecho desde hace dos años.

Elisabeth me mira. Sus ojos tocan los míos y nuestras miradas se abrazan. Vaya… sí, en realidad es preciosa, es guapísima. Se me eriza la piel al sentir sus manitos tocar mis brazos gruesos. Se detiene pasando los dedos sobre uno de mis tatuajes en el brazo izquierdo. Se queda bastante maravillada al verlos, y los toca más, buscándoles forma y tratando de entenderlos. Algo dentro de mí se forma en un impulso, queriendo explicarle porque me hice esos tatuajes hace años. Y quiero decírselo todo. Parte de mí se enternece por tenerla conmigo. Es adorable. Es preciosa. Supongo que al mirarme como lo está haciendo, es su forma de aceptar a su jodido y problemático padre. No sé exactamente si yo también lo estoy haciendo, solo sé que tenerla en mis brazos me hace sentir en un paraíso extenso y sin ninguna preocupación a mi lado. Que tenerla es más o menos así como navidad para un niño. Que sentirla aquí, aquí conmigo… me hace sentir demasiado afortunado, tanto que pongo en duda si de verdad lo merezco.
_____________________ solloza y yo subo la mirada, me acerco a ella a pasos lentos con Elisabeth conmigo haciendo que deje de sollozar.

- Es preciosa. – digo y me acerco hasta sus labios para poder besárselos. ___________________ me acaricia la nuca con los dedos de su mano, mientras mi boca se come la suya suavemente.

Y al soltarla, siento que Elisabeth me mira de nuevo. No sé cómo interpretar su mirada… pero es como si tratara de transmitirme alguna molestia y oh… claro… es que acabo de besar a su madre en los labios. Me reprendo a mí mismo. Tengo que acostumbrarme a esto.

- Voy a dejarlos solos ¿sí? necesito decirle algunas cosas a Emily.

Elisabeth estira los brazos en dirección a su madre cuando la siente alejarse y un sollozo agudo sale de ella.

- Dame un minuto, mi amor.

Vuelve a decirle tranquilizándola.

Escucharle llamarle así me provoca celos… celos estúpidos, pero básicamente celos. Pronto se me pasan cuando __________________ se me acerca y vuelve a besarme en la boca.

- Ya vuelvo. – nos dice a los dos, pero especialmente a ella, que ha recobrado el control pero todavía sigue indispuesta a quedarse sola conmigo.
_________________ abre la puerta del departamento y entra echándonos una última mirada. Después de eso, desaparece completamente y puedo escuchar sus pasos desapareciendo cada segundos más. Se ha ido. Y en cambio me he quedado yo junto a una niña de dos años que me mira a los ojos, como si tratara de entender porque nos parecemos tanto.

- Hola. – le saludo. Ha nacido de mí y es que…
sinceramente no sé qué otra cosa decirle. Ella parece entenderme, pero ladea la cabeza y finalmente baja la mirada para distraerse con mis tatuajes. - ¿te gustan? – le pregunto enarcando una ceja. Sin embargo algo dentro de mí se enciende y me hace pensar que jamás le dejaría hacerse uno. No sé por qué, solo lo pienso. Elisabeth asiente con la cabeza y su cabello se mueve, enredado en dos coletas. El hecho de que haya asentido me hace sonreír. Bajo también la mirada y la observo una vez más con detenimiento. - ¿Cuál te gusta más? – pregunto entusiasmado.

Sus pequeños dedos bajan hasta la altura del búho que me tatué a los dieciocho.

- Es un búho. – le digo y al subir la mirada, mi nariz toca su frente y su cabello. Huele bien. Huele demasiado bien. Mojo mis labios y no soy muy consciente de lo que voy a hacer en ese momento. Pero el hecho de sentirla lo suficientemente cerca me hace estirar los labios y besar su frente.

Ella espera a que me despegue y al saber que he terminado de besarla, me vuelve a mirar directamente a los ojos. Y lo recalco, es preciosa. Se le parece tanto…

- Te pareces muchísimo a tu mamá. – digo y ella hace una mueca con la boca. - ¿lo sabías? – la meso entre mis brazos y ella suelta una sonrisa pequeña. Oh… así funciona esto... la meso en mis brazos con más velocidad y ella termina por reír fuerte y sostenerse de mi cuello. – tranquila. – susurro teniéndola cerca una vez más. Mi mano derecha toca su pequeña espalda y la abrazo suavemente.
Sonríe todavía sosteniéndose de mi cuello. Una risa pequeña y aguda que me hace sonreír a mí también. No lo estoy haciendo tan mal después de todo. Pero supongo que no es el mejor momento para decirle que soy… que soy su padre. Que nos hemos separado dos años y que he tenido que superar millones de cosas para poder estar aquí con ella. No lo entendería, y es mejor así, supongo que dentro de mí el antiguo Justin también piensa que es mejor así.

Segundos después, su mano derecha toca mi mejilla del mismo lado. La siento abrir sus dedos y acariciarme suave. Me quedo quieto. Esto no me ha pasado nunca. Nunca he visto a una niña ni he llegado tan lejos con una. Tiene que ser por algo… sí… definitivamente no he sido el único que ha sentido tanta química entre los dos.

Sin embargo, solo hay una cosa que pido esta noche, ojalá en algún momento me llegues a querer tanto como has querido a ________________ durante los dos últimos años. Lamento no poder haber estado contigo, créeme, hubiera dado mi vida por verte crecer o al menos saber que existías. Eso ya te lo explicaré luego, por ahora, solo deseo que me quieras tanto como quieres a __________________. Por ese lado, no dudes en que yo voy a quererte de la misma manera, mi amor.