sábado, 24 de agosto de 2013

Capítulo 91

Sus ojos brillaron ante la imagen. Un brillo lleno de furia y muchísima venganza. Movió las manos dentro de la caja y palpó con los dedos el gatillo de un arma. Al cogerla, se quedó observándola por un buen tiempo, mirando a través de ella lo que otros no podían ver. Lo que solo ella conocía: su otra faceta. Su jodido lado oscuro. El silencio se apoderó de la habitación y sus pensamientos gobernaban su mente, dándole ideas, hablándole fuerte, llenándola de valor. 

De pronto, el sonido de la puerta de madera resonó entre sus oídos, obligándola a soltar el arma por la sorpresa.

Su pecho empezó a subir y bajar, a medida que su respiración se aceleraba en conjunto con sus latidos. Era siempre la misma rutina cuando escuchaba o veía algo para lo que no estaba preparada. Su estado de paranoia había aumentado desde que sabía lo de Elisabeth, y quién sabe tal vez jamás podría superar el hecho de que una mafia estuvo persiguiéndola en una época de su vida. Y quien sabe, tal vez esto no acabaría nunca.

Volvieron a tocar la puerta. Dos toques suaves y pausados. ______________ relajó el cuerpo, sacudiéndose de las tensiones y alucinaciones que ella misma imaginaba en su cabeza. Aunque estaba segura que quien se encontraba tras de esa puerta no era nadie relacionado con Tentation, no abriría sin un arma sobre el hombro. Así que lo hizo, recogió el arma que había caído ante sus pies por la sorpresa y la colocó sobre su hombro. Contó tres en su cabeza con los ojos cerrados y abrió la puerta.

-          Dios mío, Emily. - ______________ relajó los hombros, soltando aire. El semblante asustado de su mejor amiga le aliviaba de cierta forma. Y la morena abrió los ojos, mirando perpleja a una ____________ que sostenía con firmeza una Glock. – me has asustado.

-          Tú me has asustado a mí, joder. – sostuvo Emily. Tenía una mochila en la espalda y vestía una polera ancha de color verde que le daba hasta los muslos, junto a unos jeans rasgados en la rodilla. - ¿qué ha pasado aquí? – dijo fijándose en el interior del departamento. Su mandíbula calló al suelo al notar todo los restos de la planificación de Justin para el robo en el banco de Francia. Y era inteligente. Y había visto esto en muchas películas. Y su intuición nunca fallaba.
Se adentró al departamento, sin dejar de mirar las fotos y planos que adornaban las paredes del departamento. ____________ cerró la puerta.

-          No tengo tiempo ahora, Emily. - __________ guardó la Glock en la caja donde la había encontrado. – solo he querido que vengas aquí porque estás más segura conmigo que en New York.

Emily frunció el ceño. Sus ojos se centraron en su mejor amiga. Otra mujer. Definitivamente otra mujer. No era la _______ Peterson que conocía y admiraba. Ahora solo veía a una mujer ida y sus ojos solo demostraban un porcentaje de los destruida que estaba internamente.

-          ¿Le has dicho a la policía sobre…

-          No.  - ___________ se volteó a mirarle. – te he dicho que yo me encargaré de eso.

-          Tú no puedes con todo esto, _________.

-          Por supuesto que puedo.

-          ¿Desde cuando manejas armas?

____________ mostró una media sonrisa. Era la primera vez en tantas horas que sonreía un poco.

-          Te sorprendería saberlo. – ladeó la cabeza, dirigiéndose a la habitación donde todavía estaban sus cosas. Regresó después de unos minutos con una chaqueta de cuero. La chaqueta de Justin. Cogió el arma y la guardó hábilmente dentro de sus pantalones.

-          ¿A dónde vas? – Emily alzó la voz.

-          ¡Mierda! – gritó __________, totalmente desesperada, perdiendo el equilibrio. - ¡¿Qué no te das cuenta?! ¡Mi hija está secuestrada! ¿Qué mierda piensas que voy a hacer? – alzó los brazos. Su voz se entrecortó en las últimas palabras, dándole indicios de lo que vendría. - ¿A dónde mierda piensas que voy a ir? – abrió los ojos, llenándose de inmundas ganas de llorar que apretaron duro su garganta. Su pecho subía y bajaba, mientras la mirada de Emily también se llenaba de lágrimas. Mientras Emily empezaba a tal vez estar un poco en los zapatos de ____________.

Un silencio grande se abrió entre las dos, haciendo que el ambiente se tense un poco más.
Y ninguna de las dos parecía querer hablar… hasta que un sollozo fuerte salió de la garganta de ___________, que pronto pasó a desvanecerse sobre el sofá más grande.

Y lloró. Lloró duro. Sin ninguna maldita restricción  Sin prohibirse a ella misma llorar. Sin ser tan dura consigo misma. Simplemente lloró. Lloró como si no hubiera otro día, otras personas, o  algo más importante. Lloró porque esa era la única solución de ahogar sus malditos problemas y porque solo así se olvidaría del mundo por unos segundos.

Emily la arropó en sus brazos, sentándose sobre el sofá. No podía evitar llorar ante la imagen. Verla llorar y escucharla al mismo tiempo, dolía muchísimo. Pero una de las dos necesitaba ser fuerte en ese momento. Así que aunque su corazón se lo pidiera y hubiera un gran nudo en su garganta a punto de desvanecerse, no lloraría. Pasó a acariciarle el cabello a ___________, de arriba hacia abajo, sobando su espalda y sus hombros. Y aquello describía muy bien los siguientes minutos, donde solo reinaron los sollozos de _____________. Hasta pasar a calmarse. Hasta pasar a un silencio que duró mucho más.

-          Justin está en la cárcel  – susurró ___________, sobándose la nariz. Emily abrió los ojos, demostrando la sorpresa interior que estaba experimentando. Pero no quiso comentar al respecto. Sabía que _________ pasaría a contarle todo por ella misma. – y todo por mi maldita culpa. – su mandíbula tembló al recordarlo. Al recordar su jodida sonrisa. Su voz. Su mirada. Todo se volvió uno solo, ayudándola a llorar de nuevo. – Y todo ha sucedido por mi maldita culpa… joder… - se sobó la nariz de nuevo, tapándose el rostro. – Elisabeth, Justin, Travis… - su voz empezó a quebrarse. – esto no tenía que pasar.

-          Hey, nena. Ya está ¿sí? No vas a seguir echándote la culpa por todo esto, cariño.
-          No entiendes nada… - _____________ negó con la cabeza. – soy la única que puede hacer algo por todo esto… pero… - volvió a detenerse al notar que su voz había perdido fuerza. Al igual que ella. Entonces solo se preguntaba: ¿Hasta cuando tendría que seguir luchando? – siento que ya no puedo más. – admitió por fin, sabiendo que esa era justamente la explicación de todo lo que pasaba. Sin Justin y sin Elisabeth, sentía que ya nada valía la pena. Que todo había perdido el color, el sentido y el buen camino de las cosas.

-          Por Dios ____________... – Emily la miró directamente a los ojos. Su actitud cambiaba por completo cuando de reprender a alguien se trataba. Por algo era Emily Prescot. – Tú no eres así ¿vale? Te he visto pasar por tantas cosas y esto no va a destruirte. Esto no va a hacer que seas diferentes ¿lo entiendes? Si dices ser la única que puede arreglar todo esto, ve y patéales el maldito trasero a todos esos gilipollas. Que sepan quién eres tú y por qué estás aquí. Que sepan que se han metido con la hija de puta equivocada.

La última frase hizo que ________ soltara una risita, todavía con lágrimas en los ojos.
-          Yo confío en ti. Por algo he tomado un jodido vuelo a Paris sin que tú me hayas dicho el por qué.

____________ asintió, limpiándose la nariz.

-          Te odio por tener razón siempre. - ____________ alzó los hombros, sonriendo ante su mejor amiga. Una sonrisa pequeña, pero de las largas. Se acercó y abrazó a Emily por los hombros, susurrando en su oído cuanto la quería. Al separarse, se puso de pie, limpiando las últimas lágrimas que había derramado y recogiendo del suelo el arma que se había escapado de sus pantalones. – no me esperes. Llegaré tarde.

-          Me debes muchas explicaciones ¿lo sabes?

-          Sí… - __________ soltó aire.  – prometo contarte todo alguna vez. Es una larga historia.
Emily sonrió, divisando a _________ abrir la puerta del departamento, con una pinta de chica mala. Como nunca antes la había visto jamás.

-          Pareces una jodida mafiosa. – se burló.

Y eso, solo hizo que ___________ sonriera un poco más.




En general, aquel departamento emanaba lúgubres recuerdos que solo Justin podría narrar. Mientras Emily inspeccionaba con cuidado el lugar, su mente volvía a divagar entre sus conclusiones. Había tanto que no sabía. Y el hecho de que Justin estuviera en la cárcel sin explicación alguna, ya era mucha información. Desde que lo vio por primera vez en el departamento de ___________ hace ya varios años, había visto en él algo que  incluso a ella le llamó la atención: el misterio en su mirada. Como si ocultara algo. Mágicamente, __________ parecía tener la misma mirada ahora. Y ahora que lo pensaba… Travis también.

El pensamiento hizo que su piel se erizara. Y toda su concentración se esfumó al escuchar una melodía suave proviniente de uno de los cuartos de aquel departamento.  Parecía más bien el sonido de un celular. Trató de buscar el objeto, guiándose por el sonido y terminó entrando a la habitación en la que ___________ había entrado a cambiarse. La melodía repititiva, se oía cada vez más fuerte, lo que solo significaba que estaba cerca de encontrar el móvil.
La habitación estaba un tanto desordenada, pero quitando algunas sábanas, pudo encontrar el móvil de __________ enterrado en ellas. En la pantalla aparecía un número desconocido y se lo pensó dos veces si era una buena idea contestar aquella llamada.


 


Justin volvió a marcar el número.

-          Vamos, joder. – se quejó. Sus nervios aumentaron de un momento a otro, en la espera de que _________ por fin contestara. Pero no lo hacía, y aquello solo le hacía imaginar que algo había podido pasar con ella. Y aquello sería lo último que podría soportar.

Cerró los ojos con fuerza, mientras el sonido de la contestadora volvía a llenar sus pensamientos. Golpeó fuerte la pared, pidiendo con todas sus malditas fuerzas que ____________ estuviera bien. Necesitaba saberlo. Necesitaba escuchar su voz. Necesitaba decirle que en unas horas, participaría en un operativo policial con el fin de atrapar a Tentation. Y que hacía todo esto por ella. Y que, joder, la amaba muchísimo. Y que si aquel operativo fallaba, si él no podía hacerlo todo, si él no salía vivo de esto… al menos tendría la certeza de escuchar su voz por última vez.

-          Nena… por favor… - rogó contra el teléfono. Y rogó más, por ella, por Elisabeth. Y aunque las cosas no salieran bien, solo quería saber que ellas lo estuvieran.

Segundos después, alguien contestó el móvil.

-          ¿Hola? – contestaron en la otra línea. Justin abrió los ojos y todos sus sentidos se concentraron en aquella voz.

-          ¿___________? – preguntó él, asegurándose.

-          Ella no está… ¿con quién estoy hablando?

Justin frunció el ceño. Su cerebro empezó a recordar aquella voz que ciertamente se le hacía conocida.

-          Emily, ¿Dónde está __________? – le preguntó yendo al punto, identificando su voz sin mucho esfuerzo.

-          ¿Qué? ¿Justin? Pero tú…

-          Necesito saber donde está, por favor. – exigió Justin. Su voz denotaba desesperación.
Y ella se tomó un tiempo para procesar toda la información. Ahora más que nunca, definitivamente no entendía nada.

-          Por favor… ¿Dónde está __________?

Emily tomó una bocanada de aire. Escuchar la voz de Justin de esa manera le destruía de cierta forma. Porque él… él todavía no sabía nada…

-          Elisabeth ha sido secuestrada, Justin. – soltó sin pensárselo mucho. Y supo entonces que para él las cosas solo habían empeorado. Y no se equivocaba.

Solo se quedó callado. Solo intentó entender… 

Solo necesitaba unos segundos para poder hablar, porque dentro de él todo ardía en ira. Todo ardía en dolor. Y no podría contenerse a partir de ahora. Porque cuando prometió ante todos los oficiales de Francia que se comportaría, no sabía sobre esto, no sabía que Tentation también pasaría a meterse con Elisabeth. Con una niña que no tenía por qué intervenir en su pasado y que sin embargo, también era parte de todo esto.


Y ahora más que nunca sabía una cosa, iba a destruirlos uno por uno. 


**
Si leíste, dale click al botón "Twittear" ¡muchas gracias! :)

miércoles, 21 de agosto de 2013

Capítulo 90

La respiración de Emily se escuchaba entrecortada y solo aquel sonido podía acompasarse con los latidos de su corazón. Su móvil empezó a vibrar una vez más en el bolsillo trasero de su pantalón. Lo sacó rápido y verificó que se tratase de ________________. 

- ¿Dónde estás? – preguntó ______________ en la otra línea. Su voz era dura y decidida. 

- Acabo de llegar al hospital, iré por información. – respondió Emily, observando de un lado para otro los carteles que se esparcían por todo el pasillo del hospital. Leyó en voz baja hasta encontrar a una enfermera que sostenía una tabla metálica en sus manos. - ____________ ¿estás ahí?

Y esa era una muy buena pregunta, contando con cada sentimiento que sentía ____________ en ese momento. Sus pies habían dejado de tocar tierra desde que la noticia sobre Elisabeth había llegado a sus oídos. En ese momento, dejó de pensar, de actuar, de tratar de buscar una solución y solo se dedicó a llorar largas horas, maldiciendo duramente el momento en el que había intercedido unirse a Tentation. Ahora mismo, seguía maldiciendo en su cabeza, pero poco a poco había llegado a entender que como siempre, las lágrimas nunca le devolverían a su hija ni resolverían absolutamente nada. Sabía que la única solución, ahora que no contaba más con la ayuda de Justin, era buscar a su hija por sí sola y aguantar hasta el último abuso que Tentation obviamente tendría sobre ella.

- Sí. – respondió ____________, volviendo a la tierra. Sin darse cuenta, una lágrima pesada había empezado a viajar por su mejilla. – haz lo que te pedí ¿vale? Cuando sepas como está, llámame.

Emily guardó silencio. Parte de todo este lío también la entrometía a ella. Desde hace horas había empezado a armar rompecabezas en su mente, con piezas que de pronto había encontrado en el camino y que le daban un resultado bastante inesperado.

- ¿Qué está pasando? – preguntó Emily, afligida. Su voz estuvo a punto de quebrarse al recordar el momento en el que hombres tatuados y llenos de músculos habían irrumpido en su departamento para llevarse a Elisabeth. Tenía cada escena guardada en su memoria y necesitaba saber el por qué… de dantas cosas. – necesito saber qué está pasando ____________.

- Joder, no es el momento ¿vale? Necesito buscar a Elisabeth y necesito saber cómo está Travis.

- ¿Por qué necesitas a Travis? ¿Por qué mierda está en coma? ¿Por qué mierda se han llevado a Elisabeth y por qué estás en Paris? ¿Me has mentido? ¿Dónde está Justin?

- ¡No es el maldito momento para contártelo! – gritó ____________, apretando el móvil con las manos. Sus lágrimas salpicaron al sentirse exaltada por sus palabras. Cada pregunta que Emily había formulado, resumía cada uno de sus problemas. – ve por Travis, dime como está y te lo explicaré todo cuando vuelva a verte. Por favor Emily, te necesito, no habrán más favores después de este. – rogó contra el teléfono.

Sin embargo a Emily aún le quedaba una duda. Y no sabía con exactitud si aquello sonaría egoísta o no. Al fin y al cabo, todos estaríamos formulando la misma pregunta si de Tentation se trataba.

- ¿Me harán daño? – preguntó envuelta en miedo y desesperación. Su mente volvió a nublarse de recuerdos negros en los que ella solo gritaba y observaba sin poder hacer nada como Elisabeth desaparecía por el pasillo del edificio. Y vaya, cuanto dolía recordar saber que no había podido hacer nada contra eso.

- No, por Dios… no te pasará nada. – farfulló ___________, sobándose la nariz y dejando caer algunas lágrimas. – haz lo que te he pedido, por favor.

Emily asintió, sintiendo con detenimiento cada palabra que su mejor amiga iba diciéndole. Deseaba tanto poder estar en sus zapatos para al menos poder sentir un poco de su desesperación, pero sabía que había muchas cosas que no le había contado, por lo que jamás podría entenderle del todo. Por ahora solo podía contribuir. Colgó la llamada y guardó el móvil en el bolsillo trasero de sus jeans. Trató de recomponerse, limpiando sus lágrimas y sobándose la nariz. Como si nada hubiera pasado y caminó en dirección a la enfermera que había visto hace minutos.

- Hola, ¿usted podría darme información sobre un paciente al que he venido a visitar? – preguntó una Emily Precott totalmente renovada. Hasta parecía realmente ella.

- Sí, claro, solo necesito verificar el nombre. – respondió la enfermera, extendiendo los folios que traía en los brazos.

- Uhm… Travis Maslow. – pronunciar su hombre hizo que otra vez las ganas de llorar se acumularan en su garganta. No sabía qué demonios tenía con ese hombre que parecía que lo conocía de toda la vida. Se contuvo y miró fijamente a la enfermera, mientras esta buscaba en la papeles que puestos en su tabla metálica. Pasó una hoja, después otra y así hasta llegar a la última. La enfermera frunció el ceño, hundiendo el rostro, y repitió el proceso, buscando otra vez el nombre de Travis en cada una de las hojas. Después de unos minutos, como si estuviera viendo un fantasma, se detuvo.

- ¿Es usted pariente del paciente Maslow?

- Soy solo una amiga.

- Oh… - la enfermera empalideció. – uhm… es… la primera vez que sucede algo así en este centro. – dijo, totalmente sofocada. – no sabemos cómo ha pasado, tenemos muchísima seguridad en cada una de las salidas de este lugar y… mnh… el paciente no está. – bajó la mirada, acariciando sus dedos contra los folios. – creemos que probablemente él… se haya fugado de aquí.

Emily abrió los ojos.

- ¿Se… qué?

- Él despertó. Mágicamente recobró el habla y podía moverse excelentemente bien, pero tenía ciertos hematomas y necesitábamos internarlo por unos días más. Se lo dijimos, pero el paciente no parecía estar a gusto con lo que escuchaba. En todo momento estuvo quejándose, amenazando con que se iría de aquí sin autorización… así que…

- Mierda. – se quejó Emily. La enfermera se quedó callada. Había pasado de estar pálida a estar completamente ruborizada de vergüenza.

- Lo sentimos. De verdad.

Emily se dio vuelta, sin saber que decir. No sabía si estaba cabreada porque el jodido hospital había dejado que Travis se fugara sin permiso, o porque no había logrado verlo como tanto, en el fondo, quería. Corrió fuera del hospital, buscando con los dedos el móvil. Al tenerlo en la mano, esperó unos minutos para poder procesar la información poco a poco, mientras afuera caía la lluvia fuerte. Y joder, ¿esto podía estar peor? Su preocupación por Travis era inmensa y el hecho le molesta bastante. ¿Dónde podría estar?

- ¿Cómo está Travis? – preguntó ______________ contra el teléfono.

- Travis ha despertado del coma y… el… él no está. – Emily cerró los ojos, recostando su espalda en la pared de ladrillos del hospital. Poco a poco fue cayendo, hasta tocar el trasero con el piso.
__________________ enmudeció. Su mente empezó a volar y de pronto… de pronto algo le dijo que ella ya esperaba que su mejor amigo se hubiera ido de ahí, en caso que despertara. Su preocupación disminuyó, al saber dónde podría estar Travis en ese momento. Conociéndolo tan bien como lo conocía, podía deducir que volvería a verlo muy pronto. Más de lo que imaginaba. Así que su plan, para recuperar a su hija, podría resultar con éxito después de todo. Planeando en su cabeza, solo le quedaba algo por hacer.

- No quiero que preguntes, ni me digas que no, solo ve y coge el primer vuelo a Paris. Te quiero aquí a primera hora.

**

El oficial Vee retrocedió unos pasos. Adelante, se extendía una multitud de oficiales de todos los estados de Paris, dispuestos a escuchar la versión que Justin les venía a exponer. Aunque a decir verdad, ninguno parecía lo suficientemente convencido. ¿Qué podían esperar de un tipo que estaba lleno de tatuajes y que había sido capturado después de escapar de un robo? Algo era seguro, había un plan bajo esa manga tan astuta. Y sí que lo había. 

- Si han hecho bien su tarea, es probable que todos aquí sepan mi nombre. Pero se los diré de todos modos. Soy Justin Bieber. Fui arrestado por delito de robo. Sin embargo estoy aquí porque afuera existe una mafia mucho más grande de lo que ustedes podrían imaginarse y yo estoy dispuesto a todo con el fin de atraparlos. 

Unos murmullos claros se escucharon en todo el gentío. Segundos después, un oficial alzó la voz. 

- ¿Cómo esperas que te creamos, hijo? – preguntó aquel hombre de avanzada edad. Tenía una expresión divertida en la cara, como si nada de lo que Justin hubiera dicho, había sido creíble. 

Los músculos de Justin se tensaron. Muchísimo esfuerzo estaba haciendo por estar parado frente a un número grande de gilipollas. Necesitaba mantener el control por el resto que le quedaba en aquella conferencia. 

- Voy a ser claro. Directo, sobre todo. – Justin se aclaró la garganta, mirando directamente a los ojos del oficial que había intervenido. - Fui parte de Tentation hace mucho tiempo. Sin embargo tomé la decisión correcta y salí de ahí antes de que pudiera acabar conmigo. Y… - se detuvo un momento, analizando cada momento. Cada golpe bajo que Tentation le había dado en donde más le dolía. – fue un error pensar que ellos me dejarían en paz, porque en vez de eso… jugaron sucio conmigo, quitándomelo todo. Pasaron de meterse conmigo, a meterse con mi mejor amigo y con… con mi novia. – hundió los ojos en el suelo. Dominado por su ímpetu. – así que no creo que quieran volver a formularme la misma pregunta, porque no voy a darles ningún detalle de mi jodida vida privada. 

El oficial Vee se adelantó unos pasos hacia Justin, cogiéndolo del brazo y empujándolo hacia él. Justin intentó soltarse con brutalidad, pero sus manos permanecían esposadas. 

- Contrólate. – le susurró autoritario. 

Justin agitó el brazo como pudo, soltándose de Vee. 

- ¿Qué sabes de ellos? – preguntó esta vez una mujer. Iba correctamente peinada y no parecía mayor de veinticinco. Tenía aire autosuficiente, casi igual que Justin. 

- Como dije, conozco cada ciudad a la que ellos interceden. El lugar. El tiempo. Las personas. Todo lo que necesitarían saber. Conmigo no les hará falta ningún estúpido plan, porque yo ya tengo uno. 
Y por último, un hombre que rozaba los treinta y sin ningún cabello, levantó la voz, casi chocando con las últimas palabras de Justin. 

- ¿Cuál es tu plan? – preguntó, ladeando la cabeza.

Justin guardó silencio. Y su mente trasmitió cada una de las escenas que le había tocado pasar. Y pensó en ______________. En cada amenaza que había recibido. Y pensó en ella, antes de conocerla, tan inocente y sin ningún problema más que ahorrar para poder pagar la mensualidad de su departamento. Como cualquier persona normal. Sin embargo, ahora su vida y la vida su hija, pendía de un hilo gracias al infierno Tentation. Así que solo podía pensar una cosa… 

- Quiero destruirlos. 


***
Si leíste, dale click al botón "Twitter" ¡muchas gracias <3

domingo, 18 de agosto de 2013

Capítulo 89 {Prólogo - Tentation4}


Paris. Madrugada del mismo día.


El oficial Vee frunció el ceño, observando a Justin tras las ventanas polarizadas. El chico había estado callado desde que le habían dictado sentencia por diez años. Desde entonces solo se había dedicado a mirar hacia el horizonte, sin si siquiera permitirse girar a otro lado. Pero su aspecto lo decía todo. Cabisbajo, pero con una mente brillante. Callado, pero tramando algo por dentro. Con solo fijarse en su pinta de tío malo sabía que las cosas no serían fáciles de tratar. No con Justin Bieber.

Relajó los hombros y empujó la puerta de la sala de intervenciones, haciendo que Justin subiera la mirada hacia él. El oficial tembló por dentro. Los ojos marrones de Justin emanaban venganza, odio… y todo al mismo tiempo.

- Me han dicho que querías hablar. – Vee arrastró la butaca hacia atrás para poder sentarse en ella, justo en frente de Justin. Encima de ambos, una luz blanca y sofocante alumbraba ambas caras. – deberías saber que una conversación no va a salvarte de la condena.

Justin se tensó. Sus músculos se retenían por sí solos para no moler a golpes a aquel oficial. Sabía que solo ganaría más problemas y la condena se ampliaría a más años por noquear a un hijo de puta. Así que no. Tenía algo más importante que decir antes de que sus impulsos se volvieran aún más dominantes.

- ¿Vas a hablar? – preguntó el oficial Vee.

Un silencio sepulcral se abrió entre los dos. Solo podía escucharse la respiración tranquila de Justin y un plan maquinándose en su cabeza. Vee perdió la pasiencia e hizo un gesto con la boca al notar que Justin no tenía intensiones de hablar, se puso de pie y caminó hasta la puerta.

- Pertenecía a una mafia. – las palabras de Justin salieron al mismo tiempo que Vee colocó sus manos en el pomo de la puerta. – pero creo que eso ustedes ya lo sabían.

- ¿Una mafia? – el oficial frunció el ceño.

Retrocedió y caminó hacia Justin una vez más.

- Exacto. – levantó la mirada, observando a Vee despectivo. – personas como yo, solo nacemos en un lugar con personas que jamás queremos volver a recordar. Y yo crecí justo ahí, envuelto en mierda, robos y dinero.

- ¿A qué te refi…

- Estoy hablando. – interrumpió Justin, con la voz en alto. El oficial tensó los músculos. – he crecido rodeado de tantas cosas, que si tan solo escucharas una saldrías corriendo de aquí. Crecí en una mafia, crecí con mis padres envueltos en juegos sucios que pronto yo también aprendí a jugar. Y por lo tanto, tal vez sí merezca estar encerrado aquí por un buen tiempo. Pero hay algo, que todos ustedes aquí deberían saber. – ambos volvieron a quedarse callados. - ¿quiere saberlo? - Justin ladeó la cabeza.

El oficial asintió silenciosamente.

- Diez años se pasan rápido. – Justin mostró los dientes, plácidamente victorioso. – y lo que he aprendido durante tanto tiempo no se irá de mi cabeza, pase el tiempo que pase.

- ¿Me estás amenazando? – el oficial frunció el ceño. Aunque pretendría aparentar valentía, por dentro solo quería salir de esa habitación y aumentar los años que Justin pasaría en un calabozo.

- Tengo habilidades, oficial Vee. He organizado robos desde que mi padre me dijo que sería la única manera de caerle bien. Así que… ¿por qué no decirlo? Podría robar un banco, estando aquí sentado.
Vee empalideceó. En todos sus años sirviendo a la seguridad de Paris había presenciado algo parecido.

- Escucha Bieber, ¿por qué no guardas silencio y…

- No he terminado de hablar oficial. – interrumpió Justin, con voz firme. – voy a decirle solamente un par de cosas que debería tener en cuenta ¿vale?... si yo puedo hacer todas esas cosas por mi cuenta, ¿se imagina de lo que será capaz de hacer una mafia completa?

- Cállate la maldita boca.

- Están cometiendo muchos errores oficial. Yo aquí, aunque me estristezca decirlo, soy el bueno ahora. Sin embargo estoy encerrado, mientras afuera hay una mafia entera que podría destrozar todo este maldito país y el país que quisiera. ¿No le gustaría evitar eso?

- ¿Por qué tendría que creerte?

- Lo repito, soy el bueno de la historia.

El oficial guardó silencio. Retrocedió unos pasos y sintió como su mente empezaba a parecer convencida por las palabras de Justin. O era un gran hijo de puta con el arte de engañar, o estaba diciendo la verdad quién saber por qué.

- Conozco cada ciudad en la que ellos están instalados, cada país al que interceden y cada banco al que robarán. Soy yo el único que podría ayudarles a atraparlos y que toda esta mierda acabe de una vez por todas.

Por dentro, pensaba tanto en ______________. Había prometido volver a verla, y no era algo a lo que fuera ajeno. Deseaba tanto verla a ella y a Elisabeth, pero antes también moría por acabar con Tentation con sus propias manos.

- Soy yo el único que puede hacer que acabe. – la mirada de Justin se enterró en el suelo. Sabía también, que todo esto acabaría con sus padres y que probablemente estarían encerrados en prisión de por vida. Pero…¿Cuántas cosas había tenido que soportar por una mafia? La muerte de Ryan, el abandono de ______________, las amenazas, cada recuerdo… lo único que parecía justo ahora era lo que estaba haciendo. Necesitaba ponerle un punto final a Tentation ahora mismo antes de que pudiera tocar fondo. – estoy dispuesto a todo, pero a cambio quiero algo.

El oficial esperó en silencio, expectante, realmente convencido ahora de cada palabra que Justin recitaba.

- A cambio, quiero mi libertad.



**
¡Bienvenidos a esta cuarta y última parte de Tentation!
Si has leído,  da click a este botón ->  ¡Muchas gracias! :) 

miércoles, 14 de agosto de 2013

Introducción




El cielo o el infierno. Dos cosas muy distintas y paralelas a la vez. Sin embargo, él no creía ni en lo uno ni en lo otro. Siempre fue de esos hombres que creían fielmente en que todo lo obrado en la tierra, se pagaba aquí… en la tierra. Con diferentes maneras de pagar por cada segundo perdido. Él lo sabía, y lo comprendía tan bien que no podía negarse a sufrir la condena más grande de su vida. Porque pertenecer a una mafia por tanto tiempo nunca había sido digno de ninguna persona que pudiera tener las puertas abiertas al cielo. Y él, también lo sabía. Sabía que todo ese infierno estaba impregnado en sus venas de por vida. Que cada cosa realiza, serviría como pruebas para el día en el que dijera adiós. Y aunque la vida lo había hecho cambiar, intercediendo personas en su camino ayudándolo a ver la vida de otra forma… siempre quedaría un retazo de su pasado, viviendo en su corazón y en sus recuerdos. Rigiéndonos a eso, siempre sería un Tentation. Rigiéndonos a eso, todos los que alguna vez habían rozado el peligro con cada latido del corazón, serían para siempre parte de esto. Sin embargo, en algún capítulo de su vida, tendría que cerrar por siempre esta historia. Y el momento había llegado, presentándose ante sus narices y gritándole fuerte que por fin pusiera el punto final. Que por fin dijera el adiós a esta historia, que obviamente jamás olvidaría. Ni él, ni tú, ni yo.


Bienvenidos a esta última temporada. 
17 de agosto, 2013



Si has leído, da click en el botón Twitter :)

jueves, 1 de agosto de 2013

Tentation4

Embedded image permalink

Tentation4

20 capítulos. Última temporada. 
Cada vez más cerca del final definitivo. 
¿Estás listo para decir adiós?

Estreno: 17 de Agosto del 2013. 

Capítulo 88 {Epílogo}


-       Hola preciosa.

La escucho llorar en la otra línea. Su respiración acelerada me hace temblar, me hace desvanecerme por dentro… y darme cuenta que también estoy envuelto en lágrimas por el solo hecho de escuchar su voz, tal vez por última vez.

-       Voy a sacarte de ahí. – susurra y solloza fuerte contra el teléfono. Quiero decirle muchas cosas… demasiadas que no podría resurmir en cinco malditos minutos, pero en cambio solo me quedo callado y firme, acurrucándome en el teléfono. Acurrucándome en su voz. En su recuerdo. Joder… Peterson, cuanto te quiero.
-       No vas a hacer nada. – trago saliva. - ¿sabes qué vas a hacer? Vas a cuidar de Elisabeth por mí. – mi voz se quiebra al pronunciar el nombre de mi hija en el teléfono. – vas a decirle que la voy a extrañar muchísimo, y que cuando vuelva voy a jugar con ella todos los malditos días de mi vida ¿lo entiendes?... joder… - cierro los ojos, dejando escapar algunas lágrimas saladas que me interrumpen la vista. – no quiero que tenga ningún novio ¿vale? Nadie  va a estar con mi chica mientras yo esté aquí.
_________________ solloza contra el teléfono y dentro de mí también quiero hacerlo. También quiero llorar, pero sé que ella lo preferiría de otra forma…

-       Voy a estar bien. – susurro.
-       ¡No! – grita y su voz me destroza. - ¡Prometiste que esto no volvería a pasar! ¡Que no volveríamos a separarnos! – suelto aire y golpeo la pared de al frente con el puño derecho, firme y duro. Y lo hago de nuevo. Y una vez más. Escuchando cada jodida palabra que _____________ pronuncia. – Mierda… - susurra. - ¡no puedo hacer esto sin ti!

Ni yo puedo hacer esto sin ti…
Respira contra el teléfono al mismo tiempo que yo. Y a la misma vez nos quedamos callados. Tranquilos…

-       Escúchame… - le suplico. – no iba a permitir que estuvieras encerrada en una de estas asquerosas celdas. – cierro los ojos y me inclino sobre la pared. – ya te he ocaciones suficientes problemas ¿no lo crees? Y está bien ___________, por favor entiéndelo, voy a estar bien… este lugar no me atemoriza.
-       Pero… te necesitamos.

Su voz choca contra mi cuerpo.

-       Quiero que te vayas de New York con Elisabeth. Déjalo todo ¿vale? Has una nueva vida, olvídate de Tentation, de mí… - solloza una vez más, fuerte y reprime su llanto tratando de hablar, pero le interrumpo. – lo harás por mí ¿sí? Vas a hacerlo por mí, porque te amo y porque quiero que formes una nueva vida con alguien más que no sea este hijo de puta tan problemático. – me detengo. Sé que si sigo hablando, terminaré diciéndole que en realidad no deseo que ningún otro tipo se atreva a acercarse a ella… o tocarla… que es solo mía, y que ahora más que nunca me gustaría ser muy egoísta. – te amo… - sonrío. No sé por qué, pero sonrío. – esto no es tan malo… ¿sabes? Podría ser peor.

También sonríe. Puedo sentirlo. Pero también puedo percibir sus lágrimas cubriendo ambas mejillas. Nos quedamos callados una vez más y observo que el oficial empieza asomarse tras de mí, en la espera de que termine de hablar por teléfono. Me entran ganas de golpearle. Joder, es que él… ni nadie podría entenderlo.

______________ se aclara la garganta.

-       Y… - se queda callada por unos segundos, recobrando la fuerza. - ¿Cuánto tiempo tengo que esperar por ti?

Vuelvo a sonreír, negando con la cabeza y acariciando el telefono con mis mejillas, sintiendo en mí la sensación que sus labios producen cuando están en los míos.

-       ¿Volveré a verte? – pregunta en susurros. Su voz está quebrada.

Cierro los ojos, mi frente toca la pared fría y dura. Estamos tan lejos. Después de tantas cosas, lo estamos… y en mi cabeza no hay algo que duela más que pensar en la manera en la que todo ha terminado, pero todavía más… la manera en la que todo comenzó.

-
“- ¿A dónde te llevo? –
“- No lo sé… no tengo donde ir. –“
“- Eso es malo…
“- Muy malo ¿Sabes? Hoy todo se ha vuelto una mier.da.
- ¿Cómo te llamas?
- _____________ Peterson. 
- Justin Bieber”…

-
Tal vez las cosas siempre estuvieron escritas así para nosotros, gatita.

-       Es una promesa.

+++


Mientras observaba por última vez el paisaje de Paris por los ventanales del departamento, el móvil empezó a sonarle de repente. Lo atrajo hacia ella y observó el nombre que aparecía en la pantalla: “Emily Prescot”. Una lluvia de presentimientos entró en su cuerpo al leer el nombre de su mejor amiga en el celular. ¿Por qué habría llamado? ¿Había pasado algo con su hija? O joder,… quizá solo estaba volviéndose más sensible, ahora que se sentía desprotegida por estar sin Justin y por saber que no lo tendría consigo por un largo tiempo.

La idea le hizo encoger su corazón.
Respiró hondo y apretó el botón verde.

-       Hola nena. – saludó _______________ por el teléfono. Su voz todavía estaba bastante debilitada. Bastante dolida. Estaba asimilándolo todo poco a poco, y cada vez dolía más.
-       _________________... por favor… perdóname. – balbuceó Emily en la otra línea. Sollozó fuerte e intentó hablar, pero las palabras se cruzaban y se mezclaban unas con otras.
-       ¿Qué sucede? - _____________ abrió los ojos. Su corazón había empezado a latir con fuerza.
-       Perdóname… yo… Elisabeth… ella… - volvió a quedarse callada, sabiendo que lo siguiente que le diría a __________ sería lo último que ella podría soportar. –  unos hombres… - balbuceó. – y una mujer, una rubia… ellos han venido aquí y…
-       Emily, ¿Dónde está Elisabeth? – preguntó _________, desesperada. - ¿Dónde mierda está Elisabeth?

Emily se quedó sin aliento, aturdida negó con la cabeza, llenándose de lágrimas una vez más.

-       Se la han llevado.

***
Si has leído, da click en el botón Twittear! Muchas gracias :) 


Capítulo 87


Narra Justin

 “¿Has visto el historial? Es una jodida mina de oro”… “Diez años”… “Le vendrían bien quince, es un tío listo, tiene que aprender”

Bajó la mirada. Sus manos estaban atadas con esposas de metal que le marcaban la piel. Endureció los pómulos, mientras sus oídos eran testidos de la conversación de dos oficiales que discutían fuera de la habitación en la que él se encontraba. Su mente nublada no podía permitirle pensar, solo había espacio en ese momento para la única escena que había reservado y que juraba… la tendría presente hasta el último maldito día en el que permaneciera encerrado en esa jodida prisión. Solo podía pensar en lo que acaba de perder… en ella… en _______________, en Elisabeth. Y los ojos se le llenaban de lágrimas. Dentro de sí podía torturarse solo. “De esta manera terminan los hijos de puta como tú, Justin Bieber” cerró los ojos y una lágrima salada, hirviente y llena de ira tocó su mejilla derecha… lo había perdido todo.

Un oficial de estatura media y con el cabello pintado por la edad, entró a la habitación con unos folios amarillos en la mano. Jaló una butaca, sin quitarle los ojos de encima a Justin, y se sentó sobre ella.

-       ¿Quieres leer? – tiró los folios sobre la mesa metálica. – es tu bonito historial. – negó con la cabeza y miró despectivo los papeles. – estás en problemas, Justin Bieber.

Vaya… ¿esa era una novedad para él?

-       Vas a tener que contarnos exactamente lo que pasó en el banco. – le dijo, mirándole… le sorprendía lo callado que se encontraba. Tan ido. Como si su mente estuviera en otra parte.  - ¿te lo tengo que pedir dos veces?
-       ¿Qué quieres saber? – Justin subió la mirada. Sus ojos marrones habían tomado un color más oscuro, al igual que sus facciones. Era otro. Un Justin prácticamente sin vida. El oficial se aclaró la garganta.
-       Primero háblame de la chica. – pidió el tipo, entrelazando las manos sobre sus piernas. – la que hemos encontrado contigo en el blinda…
-       No tiene nada que ver. – balbuceó Justin. Rápido. Frío.
El oficial ladeó la cabeza.
-       Que tú lo digas no significa que ella no esté metida en todo esto.
-       ¡No tiene nada que ver! – gritó Justin. Su pecho subía y bajaba con rapidez, mientras sus ojos se encargaban de trasmitir toda esa maldita frustración con la que se encontraba. – la he obligado a venir conmigo ¿es qué acaso los oficiales de Francia se han vuelto todos unos imbéciles? – dijo todavía con el mismo tono de voz. – que les diga a donde pertenece, ni siquiera es de aquí. Que se largue, lejos, y consíganle un maldito sicólogo para que se olvide de todo esto. – bajó la voz, las lágrimas volvían a convertirse en un nudo grande que no le permitía hablar sin que su voz se quebrara. – y que se olvide de mí.

El oficial permaneció mirándolo. Pocos segundos después se atrevió a estirar el brazo y coger los folios, los trajó para sí mismos… sabiendo que Justin le miraba.
-       ¿Sabes que vas a estar aquí por mucho tiempo? – preguntó negando con la cabeza.
-       Digamos que hace mucho estaba esperando esto.
Mintió y observó como el oficial se colocaba de pie frente a él, golpeando su historial con las manos una y otra vez, y caminando hasta la puerta de la habitación.

-       ¿Puedo hacer algo antes de pudrirme aquí? – susurró Justin, bajando la mirada y enterrándola en el suelo. - ¿tengo derecho al menos de hablar con un abogado?
El oficial afirmó con la cabeza.
-       Un abogado no va a salvarte de esto.

Justin sonrío.
-       No es su maldito problema.
Se puso de pie, saliendo de la habitación con el oficial y siguiéndolo hasta que este terminó ubicándolo en una celda metálica pintada de negro. Lo hizo entrar y lo encerró dentro.
-       Cinco minutos.
Y desapareció.
El jodido vacío volvía a formarse de nuevo. Estaba solo y solo entonces podía darse cuenta de la gravedad de las cosas. Cuando la policía los había rodeado en aquella calle de Paris, había fingido no conocer a ________________ para que esta pudiera huir. Todavía podía recordar su rostro lleno de lágrimas, besándole las manos y prometiéndole que volvería por él, que lo sacaría de la prisión… sea como sea. Y la idea le hacía sonreír, aunque lloraba, sonreía por recordarla junto a él… maldición, las cosas habían cambiado tanto desde que ambos se habían conocido. Mientras ayer todavía podían hacer el amor, hoy estaban tan lejos… tan lejos de poder volver a verse. ¿Por qué las cosas tenían que ser tan difíciles? Debía hacer algo antes de que los días empezaran a contarse a partir de ahora, en el que pasaría encerrado en una celda pensando en su chica. Pensando en lo muy hijo de puta que había sido en la vida, pero que antes de poder tocar el infierno… había saboreado el paraíso gracias a una persona.

Marcó el número en teléfono puesto en la pared.
Esperó unos segundos. Dos. Tres… Cuatro…

-       ¿Justin?

***
Si leíste dale click al botón "Twittear" ¡muchas gracias!